×

Utilizziamo i cookies per contribuire a migliorare LingQ. Visitando il sito, acconsenti alla nostra politica dei cookie.

image

Español con Juan, Querer es poder (3)

Querer es poder (3)

Había descubierto que nadie nace sabiéndolo todo. Que las cosas que no se saben hacer, se aprenden.

Esto, que quizás ahora puede parecer obvio, en aquella época, cuando yo era niño, no era tan obvio. Al menos entre la gente que me rodeaba. Algunos de mis amigos del barrio, mi familia y mucha gente que me conocía en general tenían la mentalidad de que si uno no sabía hacer algo era porque era un incapaz, un inúti, poco hábil, poco inteligente…

Descubrir que si no se me daba bien algo podía aprender a hacerlo ,me salvó en cierto modo la vida.

Cuando alguien me decía que yo no servía para algo, en mi interior sentía que sí era capaz, que si me lo proponía terminaría por hacerlo bien.

De hecho, no hice caso a nadie y me matriculé en la carrera de Psicología, que era la carrera que yo quería estudiar.

¿Qué pensáis qué pasó? Pues que, aunque al principio lo pasé fatal porque no tenía una buena base de matemáticas, me puse a estudiar en serio y acabé aprobando todas las asignaturas de matemáticas que había en la carrera. Al final, yo era de los mejores, de los estudiantes que sacaban mejores notas en matemáticas en la universidad.

Y esa fue una lección que me sirvió para el resto de mi vida. Lo que no sabes hacer, lo aprendes.

Yo estaba lanzado, como se dice. Me vine arriba. Esta es una expresión muy actual del español coloquial: venirse arriba. Venirse arriba se refiere a lo que pasa cuando alguien tiene un pequeño éxito en algo y entonces piensa que es el mejor, que lo hace todo bien, y se lanza a hacer cosas cada vez más grandes, mejores y más importantes…

Entendéis, ¿no? Eso es venirse arriba. Tener un pequeño éxito y a partir de ahí creerse que uno es muy importante, el mejor. A veces, o a menudo, de forma exagerada. Es una ilusión. Entendéis, ¿no? Eso es venirse arriba. Tener mucha confianza en uno mismo. A veces de forma exagerada.

Y a mí me pasó un poco eso. Me vine arriba.

Fue en aquella época, mientras estudiaba psicología en la universidad, que empecé a interesarme también por el ajedrez. Yo era muy malo jugando al ajedrez. Siempre perdía. Y me decía, “¿pero por qué no puedo ganar yo nunca al ajedrez?”

Tenía esa espina clavada. Las rosas tienen espinas, ¿no? Si vas a coger una rosa y te clavas una espina en un dedo, la espina te hace daño, ¿verdad? Una espina es algo pequeñito, que no se ve, que nadie ve, pero tú sientes el dolor y… bueno, una espina puede llegar a doler mucho, ¿no?

Pues eso, para mí perder siempre al ajedrez era como tener una espina clavada.

Yo siempre perdía, nunca ganaba.

Y quería sacarme esa espina. Cuando te clavas una espina y te duele, lo que tienes que hacer para que no te duela es sacártela, sacarte la espina, ¿no?

Y yo quería sacarme esa espina, la espina del ajedrez.

Entonces, decidí que se había terminado, que si quería, yo también podía aprender a jugar al ajedrez.

Y eso hice. Me compré un libro de ajedrez que se llamaba ¿cómo jugar al ajedrez? y aprendí a jugar bien.

Me pasaba horas y horas practicando jugadas y estrategias yo solo. Me acostumbré a resolver problemas de ajedrez que venían en la sección de pasatiempos del periódico… Y al final, ¿sabéis qué pasó? Al final conseguí ganar al ajedrez a mis amigos. La gente se quedó flipando conmigo. Le gané incluso al chico que jugaba mejor de todos mis amigos, el que solía ganar siempre.

No me convertí en campeón de ajedrez, por supuesto que no, pero el hecho de ser capaz de ganar de vez en cuando, el hecho de no perder siempre y ser considerado el más malo de todos, ya era suficiente para hacerme sentir muy bien conmigo mismo y con una gran autoestima.

En fin, que, como decía antes, comprender que si no sabía hacer algo, si no se me daba bien hacer algo, podía simplemente aprender a hacerlo, fue un descubrimiento que me cambió la vida totalmente.

Tal vez algunos de vosotros estaréis pensando que lo que digo es bastante obvio, pero yo he conocido muchas personas que dejaron de estudiar de niños porque estaban convencidos de que ellos no servían para estudiar; o gente que no estudiaba inglés porque era muy difícil; o que tenían miedo a adaptarse a las nuevas tecnologías y se negaban a aprender a usar un ordenador. Personas que se resignan a hacer un trabajo que odian, con un jefe o unos compañeros que no soportan, porque piensan que para ellos es imposible encontrar otro empleo…

O personas que se resignan a convivir en pareja con alguien que los trata mal y que no se separan o no se divorcian porque tienen miedo, les falta confianza en sí mismos y creen que ellos, solos, no son nada, son muy poca cosa y no podrían sobrevivir…

En fin, yo creo que estas situaciones son ejemplos de personas que piensan que no se puede cambiar, que no se puede aprender, que no se puede mejorar, que no se puede crecer.

Supongo que estas personas tienen baja autoestima, fundamentalmente. Les falta confianza en sí mismos. Tal vez piensan que no son lo bastante inteligentes, que son torpes, que no saben hacer nada…

Y esa baja autoestima viene, creo, de la infancia, de la forma en que hemos estado educados, de nuestra experiencia en la escuela, de cómo nos han tratado nuestros padres, nuestros amigos en el colegio, los profesores…

Me imagino que alguien les hizo creer, de pequeños, que ellos no servían, que no eran lo bastante inteligentes quizás, que eran incapaces o inútiles…

Que no valía la pena que se esforzaran, que ellos no eran lo bastante inteligentes o lo bastante capaces de hacer algo…

Y si te convencen de pequeño, de niño o de niña, de que tú no eres capaz de hacer algo, te lo crees y esa creencia te dura toda la vida.

Bueno, de hecho, yo mismo, todavía, a pesar de todo, a pesar de que yo he aprendido a hacer muchas cosas por mi cuenta, todavía cuando me encuentro delante de una tarea nueva, me pongo muy nervioso y me siento muy inseguro. Pienso que no voy a ser capaz de realizarla, de llevarla a cabo. Es como si dentro de mí todavía escuchara una voz que me dice al oído: tú no eres capaz, tú no puedes hacerlo, tú eres muy torpe, tú no sabes, tú no puedes…

Y después de tantos años, todavía tengo que luchar contra esa voz interior que me dice que no soy capaz de hacer ciertas cosas.

En fin, que, como decía al principio, cada uno de nosotros somos hijos de nuestro padre y de nuestra madre. O sea, que somos el resultado de la educación que nos dieron nuestros padres y también de las experiencias que tuvimos en la escuela, con los amigos del barrio…

Y pienso que deberíamos prestar más atención, creo, a la autoestima de los niños. Creo que es fundamental que los niños y las niñas reciban mensajes positivos por parte de los padres y de los profesores cuando son pequeños, cuando están creciendo y su personalidad todavía se está formando. Cambiar de mayor es mucho más difícil.

Obviamente, no todos podemos llegar a ser Einstein o Beethoven o Gabriel García Márquez o Rembrant o Rafael Nadal…

Todos tenemos nuestras limitaciones. Yo no estoy diciendo que haya que creerse que uno puede llegar a ser un genio y que todos podemos hacer lo que queramos sin ningún tipo de límites.

No, no es eso.

Pero sí que creo que tener una buena autoestima es fundamental para tener una buena salud mental y para aprender habilidades nuevas, para no quedarse atrás, para no quedarse obsoleto. Y también para afrontar los problemas que podemos encontrar en la vida.

Yo ahora, por ejemplo, a mis cuarenta y dieciocho años, aquí estoy, aprendiendo a hacer vídeos en YouTube, manejando las redes sociales como un adolescente y publicando un podcast para aprender español…

No está mal, ¿no? Si tienes en cuenta que cuando yo era joven la tecnología más moderna era el comediscos y las cassettes…

Supongo que muchos de vosotros no sabréis de qué estoy hablando, ¿no? ¿Nadie se acuerda del comediscos? Bueno, en el blog, junto a la transcripción de este episodio voy a poner una fotografía de un comediscos para recordaros qué era.

Id a nuestro blog, a nuestra página web (1001 reasons to learn spanish) y encontraréis la transcripción de este episodio y la foto del comediscos. ¿De acuerdo?

Y eso, yo vengo de una época en la que la tecnología más avanzada, la tecnología puntera, digamos, era el comediscos. Y aquí estoy, aquí estoy yo, a mis cuarenta y dieciocho años, con un canal de YouTube, haciendo un podcast…

Como se dice en español: querer es poder.

No siempre, ¿eh? No siempre es así. No siempre que uno quiere, puede, pero… pero muchas veces, sí. Yo intento siempre pensar así: querer es poder. Si se quiere hacer algo, se puede. Quien quiere, puede.

Me parece un buen dicho para terminar el podcast de hoy: querer es poder.

Y ese es mi mensaje final. Que nadie se quede atrás, que nadie se resigne, que nadie diga “de aquí no paso, ya estoy cansado, ya no puedo más…”

¡Ni hablar! Hay que seguir adelante, hay que seguir viviendo, hay que seguir aprendiendo… Hasta el final. Vivir es aprender. Aprender es vivir.

Chicos, no me enrollo más. Ya basta por hoy. Nos vemos, no, nos vemos, nos escuchamos, nos escuchamos la próxima semana aquí, en Español Con Juan.

¡Hasta pronto!

Learn languages from TV shows, movies, news, articles and more! Try LingQ for FREE