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Esp - VisualPolitik, ¿JAQUE MATE al PODER del PETRÓLEO? - VisualPolitik

¿JAQUE MATE al PODER del PETRÓLEO? - VisualPolitik

A ver, si os pregunto por una energía limpia que puede llegar a marcar el futuro: ¿Cuál

sería vuestra primera opción? ¿Qué es lo primero que se os viene a la cabeza?

Salvo que hayáis visto ya el título de este vídeo, es posible que la mayoría hayais

pensado en molinos y placas solares. Sin embargo, en esta ocasión, aquí en VisualPolitik os

vamos a hablar de algo muy pero que muy diferente. De un tipo de energía que apenas ha entrado

en nuestras vidas pero que muchos analistas piensan que puede provocar toda una nueva

revolución:

Estoy hablando del hidrógeno.

Y sí, lo sé, lo sé, ¿No es acaso el hidrógeno el elemento más abundante en el universo?

Pues sí, la cuestión es que en la tierra no lo es tanto.

(Apenas el 0,000055 por ciento del aire atmosférico es hidrógeno, y la mayor parte del que hay

en nuestro planeta forma parte, integrado junto a otras moléculas, del agua y de otros

hidrocarburos.

Por ejemplo, cómo todos sabéis el agua es H2O, dos moléculas de hidrógeno por una

de oxígeno. De esta forma, para poder hablar estrictamente de hidrógeno y utilizarlo para

generar energía útil, tenemos que separar esas moléculas del oxígeno.)

O dicho de otra forma: para poder utilizarlo en nuestro planeta necesitamos “fabricar”

hidrógeno. Un proceso que se puede conseguir de varias formas. Lo veremos en un momento

pero ya os adelanto que una de las claves es precisamente que esa no va a ser la única

forma de conseguirlo.

Pero, no nos adelantemos. Queridos amigos y amigas, ¿Cómo podemos aprovechar el hidrógeno

para obtener energía? ¿Qué ventajas tiene? ¿Realmente tiene futuro?

Pues bien, en este vídeo vamos a responder a estas preguntas. Vamos a conocer un poquito

mejor un elemento que algunos científicos consideran que puede ser la solución a casi

todos los problemas y retos energéticos y climáticos a los que nos enfrentamos.

¿Quieres conocer con nosotros la que puede ser toda una nueva revolución? Pues… Arranquemos.

(¿EL COMBUSTIBLE DEFINITIVO?)

Puede que para la inmensa mayoría de nosotros este tema lo pillemos con cierta distancia,

pero lo cierto es que el hidrógeno se utiliza en la industria desde hace bastantes años.

De hecho, en la actualidad se producen alrededor de 70 millones de toneladas cada año, una

cifra que se ha triplicado desde 1975 y que en nuestros días está creciendo a toda velocidad.

Y muchos os preguntaréis… vale, ¿pero para qué usa exactamente la industria el

hidrógeno? Pues bien, la respuesta está sobre todo en la industria metalúrgica, en

refinerías o en la industria electrónica, además de para la fabricación de fertilizantes

y de amoniaco, entre otras cosas.

Esos son hoy por hoy sus principales usos pero, amigos, el hidrógeno tiene otro uso

que puede llegar a marcar la diferencia: la obtención de energía eléctrica.

Y aquí es donde tenemos que hablar, sobre todo, de la pila de combustible de hidrógeno,

conocidas también como pilas de hidrógeno.

(Estas pilas son algo parecido a una batería, pero en lugar de recargarse con electricidad

como ocurre con las de iones de litio -las que usan los coches eléctricos actuales-

se las recarga con un combustible, en este caso el hidrógeno.

Es decir, esta tecnología permite obtener energía eléctrica para lo que queramos y

además también nos permite almacenarla, cómo veremos después.

El caso es que de esta forma, las pilas de hidrógeno nos permitirían utilizar un coche

con cero emisiones y recargarlo en una hidrogenera para hacer otros 400 kilómetros en cuestión

de minutos. Simplemente tendríamos que repostar hidrógeno, normalmente en estado líquido,

como si se tratara de gasolina, diésel o GLP.)

Ahora bien, si antes os hemos contado que apenas hay hidrógeno puro disponible en la

Tierra y que hay que, entre comillas, fabricarlo, nos surgen unas cuantas preguntas:

¿Es caro de producir? ¿Puede llegar a generalizarse su uso? ¿Cómo de contaminante es ese proceso?

Pues bien, depende.

Veréis, podemos diferenciar tres “tipos” de hidrógeno en función de cómo se produzca:

el gris, el azul y el verde.

Y no, no es que haya hidrógenos de distintos colores, sino que simplemente hay varias materias

primas, varios métodos que podemos utilizar para hacernos con él.

Empecemos con el gris.

Seguro que los más avispados ya habéis caído en que normalmente el término “gris”

no evoca algo demasiado bueno ni demasiado limpio.

Y tenéis toda la razón, porque el hidrógeno gris es el que se produce, simple y llanamente,

quemando carbón.

¿Un momento? ¿Quemando carbón? ¿Pero no estábamos hablando de una energía limpia?

Pues sí, y paradójicamente esto es lo que se está haciendo hoy en día, aunque no tanto

con la idea de que ese hidrógeno se use para una movilidad sostenible, sino por ejemplo

para su uso industrial.

Hablamos de un método que resulta bastante barato. Su coste medio es de apenas 1 dólar

por kilo de hidrógenos. Ahora bien, ¿Cómo funciona exactamente este proceso? Pues..

Fijaos.

(Se puede conseguir hidrógeno a partir del carbón mediante un proceso que se llama gasificación

del carbón, que no os vamos a entrar en explicaros, pero que da como resultado gas de síntesis,

un compuesto que tiene hidrógeno, el cual luego se extrae de dicho gas.

Pues bien, la cuestión es que hay dos formas de librarse de los gases contaminantes de

este proceso: el método tradicional de liberarlo por una chimenea, contamine lo que contamine,

o inyectarlo y almacenarlo en un depósito subterráneo.

Qué es por ejemplo lo se está investigando en el valle de Latrobe, en Australia, que

es un país riquísimo en carbón. Evidentemente si hablamos de energía limpia este sería

el método por el que apostar.

Sin embargo, el problema principal de ese método sería el coste de almacenar todos

esos gases en depósitos bajo tierra y también sus posibles implicaciones y riesgos ambientales,

como, por ejemplo posibles fugas a los acuíferos o la posibilidad de que termine provocando

movimientos sísmicos, tal y como pasó en España con el Proyecto Castor.)

Luego, queridos amigos, está el hidrógeno azul. Y la pregunta es, ¿De dónde pensáis

que viene ese nombre?

Pues pensad en lo que sucede cuando quemas gas natural. Exacto, sale una llama azul.

Pues del gas natural es precisamente de dónde viene el hidrógeno azul.

Y está a día de hoy parece la alternativa más razonable, porque creedme cuando os digo

que hay tanto gas natural en el mundo que no se sabe ni qué hacer con él.

De hecho, en muchas ocasiones, los países productores de petróleo se ven forzados a

quemarlo en lugar de aprovecharlo cuando se encuentran con bolsas de gas natural mientras

tratan de extraer petróleo.

Y no penséis que os estoy hablando de alguna que otra república bananera.

La quema de gas natural es una práctica relativamente frecuente, incluso en lugares como Texas.

(Los productores de petróleo están calcinando miles de millones de dólares. Se están quemando

grandes cantidades de gas natural para dar paso a la producción de petróleo. A menos

que se cambien los incentivos, la práctica dañina se volverá aún más común en los

EE. UU. WSJ)

Según las estimaciones del Banco Mundial, en 2018, por ejemplo, se quemaron en todo

el mundo por no saber que hacer con él, 5,1 billones de pies cúbicos de gas natural,

el equivalente al consumo combinado de Francia, Alemania y Bélgica.

De locos.

Pues bien, el hidrógeno en este caso se conseguiría mediante lo que se conoce como “el reformado

con vapor del gas natural”, un proceso que tampoco os vamos a explicar porque ni somos

expertos en química ni es nuestra misión, pero que digamos aprovecha el metano del gas,

que tiene hidrógeno, para romper moléculas y hacernos así con los elementos que nos

interesan.

Hoy por hoy, esta forma de producir hidrógeno es la más utilizada en el mundo. Tanto es

así que el 6% de todo el gas natural que se consume en el planeta se destina a producir

hidrógeno.

Pero de nuevo y a pesar de que el gas es muchísimo más limpio que el carbón, el problema son

las emisiones contaminantes.

Actualmente ni más ni menos que el 95% del hidrógeno a nivel mundial se produce con

combustibles fósiles, y concretamente el 75% de produce con gas natural, lo que implica

que cada año se emiten 830 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera como

consecuencia de este proceso.

El equivalente a todas las emisiones anuales de una potencia industrial cómo Alemania.

Pero, un momento. Vamos a ver, Entonces, ¿No se supone que estábamos hablando de energías

limpias?

Vale, sí, el gas natural es mucho menos contaminante que el carbón pero si el hidrógeno depende

de él… No se, no parece una gran alternativa, al menos no mucho mejor que las que ya conocemos,

¿No?

Pues queridos amigos, justo aquí llegamos al quid de la cuestión. Si recordáis bien,

no había dos, sino tres tipos de hidrógeno. El tercero era el verde, el hidrógeno verde.

Y es exactamente ese hidrógeno verde el que muchos analistas, expertos y científicos

consideran que puede ser el principal ingrediente de una nueva revolución energética.

Atentos.

(¿REALIDAD O ILUSIÓN?)

Cuando escuchamos oir hablar de los revolucionarios coches de pila de hidrógeno desarrollados

por empresas como Hyundai, Honda o Toyota, seguro que se nos viene a la cabeza un nuevo

tipo de coche. Un coche que no contamina y que se puede repostar completamente en apenas

4 minutos.

De hecho, tanto Hyundai con su modelo Nexo, cómo Toyota con su Mirai, que son a día

de hoy, los dos coches de hidrógeno que se comercializan para el público general, lo

que venden es que son vehículos completamente limpios que lo único que expulsan por el

tubo de escape es agua.

Y técnicamente es cierto, los vehículos son limpios, pero la cuestión es que el hidrógeno

utilizado para moverlos no tiene por qué serlo.

De momento, la única opción para solucionar este pequeño inconveniente pasa por el conocido

como hidrógeno verde, que es el que se obtiene utilizando energías renovables.

(Con la electricidad producida por las energías renovables y mediante un proceso conocido

como electrólisis, se utilizaría esa electricidad limpia para romper la molécula del agua,

que cómo todos sabéis es H2O, y conseguir así el hidrógeno.

El problema es que de momento este proceso es carísimo, por la enorme cantidad de electricidad

que se necesita. De hecho, si para producir un kilo de hidrógeno con carbón se necesitaba

1 dólar, para producirlo con renovables se necesitan entre 3 y 7,5 dólares.

Una diferencia muy importante.)

Y sí, os lo hemos contado en VisualPolitik, el coste de las energías renovables cada

día es más reducido y la evolución tecnológica puede llegar a conseguir que el hidrógeno

verde sea competitivo, pero hoy por hoy no lo es.

Y es justo aquí donde surgen las mayores dudas. ¿Realmente puede ser el hidrógeno

el combustible del futuro?

Claro que para responder a esta pregunta quizás debamos hacernos antes otra pregunta, ¿Para

qué queremos exactamente este combustible? ¿Qué queremos hacer con él? ¿Para qué

nos puede servir?

Quizás el hidrógeno sea el futuro para unas cosas, y no para otras.

Por ejemplo, pensemos en un coche personal. Apostar por un vehículo de hidrógeno nos

costaría por lo menos unos 60.000 dólares, mientras que podemos encontrar coches eléctricos

similares por la mitad de precio.

Y de momento la única diferencia apreciable es el tiempo de recarga, que los además los

fabricantes de coches eléctricos han anunciado se van a reducir sustanciamente durante los

próximos años. Entonces, ¿tiene sentido el coche de hidrógeno?

Si, vale, es seguro que los precios se reducirán a medida que la tecnología vaya madurando,

qué es exactamente lo que está ocurriendo con los propios coches eléctricos.

Pero si tenemos en cuenta todas las inversiones que las compañías y los gobiernos están

anunciando en favor del coche típicamente eléctrico, entonces muchos analistas apuestan

a que difícilmente un coche de hidrógeno va a poder abrirse paso.

Pero, ahora bien, incluso descartando esta posibilidad, miremos un poco más allá y

pensemos por ejemplo en los autobuses, los camiones o incluso, ¿por qué no? en los

grandes barcos mercantes.

Vale, todavía no existe un solo modelo de autobús o camión eléctrico para largos

recorridos que sea viable y se esté comercializando.

Pero, ¿y si el futuro del hidrógeno como combustible en el transporte estuviera precisamente

aquí? Pensadlo un momento… ¿Qué clase de batería necesita un camión o un autobús

para tener una autonomía decente?

En principio sería una batería enorme, que probablemente quitaría un montón de espacio

de carga y además aumentaría mucho su peso.

Seguro que todos habéis visto algún autobús urbano eléctrico con una especie de joroba

enorme encima o un techo super grueso, donde está la batería.

Algo así parece poco viable para los largos trayectos interurbanos, y aquí precisamente

el hidrógeno podría tener un buen campo de batalla.

Y es que echad un vistazo a este gráfico.

De todos los gases de efecto invernadero emitidos, el transporte terrestre supone el 11,9%. Y

de ese total, el 27% lo emiten los camiones y los autobuses, a pesar de que solo suponen

en torno a un 19% del total de vehículos registrados en el mundo.

Pero… ¿y si se logra adaptar la tecnología del coche de pila de hidrógeno a un camión

o a un autobús? ¿Y si todos los camiones y autobuses fueran de hidrógeno y pudiésemos

así eliminar de golpe y porrazo más de una cuarta parte de toda la contaminación causada

por transporte terrestre?

No me digáis que no suena interesante.

Y exactamente podríamos decir lo mismo para los grandes barcos mercantes o incluso los

aviones comerciales, que son uno de los mayores focos de emisiones de CO2 de todo el mundo.

(Airbus mira al futuro con aviones de hidrógeno. La empresa dijo que sus aviones de pasajeros

alimentados con hidrógeno podrían estar en servicio en 2035. BBC)

Claro que de momento todavía son planes en fase muy experimental.

Y ya se trate de coches, camiones, autobuses o incluso buques o aviones, hay hándicaps

comunes que pueden hacer que un posible uso generalizado de esta energía todavía sea

cosa de muchos, muchísimos años.

Porque amigos, hablamos de un tipo de energía que tiene muchas ventajas, sí, pero también

hoy por hoy muchos retos.

Atentos.

(UNA ENERGÍA… ¿DEMASIADO VERDE?)

Sea o no la alternativa energética del futuro, el hidrógeno como combustible tiene todavía

un largo camino por delante.

Y el principal problema no está en el coste de los coches de pila de hidrógeno, ni siquiera

tampoco en la contaminación que se genera produciéndolo.

El problema clave es que todavía no existe una economía de escala para esta tecnología.

No hay suficiente demanda de hidrógeno como para que producirlo en masa con energías

renovables, por ejemplo, sea económicamente viable.

Y desde luego tampoco hay suficiente demanda de coches de hidrógeno como para que sus

precios bajen. Bueno, es que evidentemente ni siquiera hay suficiente demanda como para

que haya sitios a los que puedas ir y repostar tu coche de pila de hidrógeno.

Por poneros un ejemplo, en Corea del Sur, que es el país del mundo donde más adelantada

está esta tecnología y donde más coches de hidrógeno se venden, durante el 2019 apenas

se vendieron 5.083 unidades.

El problema con el hidrógeno está, no sólo en los entre 70.000 y 100.000 dólares que

cuesta un Hyundai Nexo, sino en que, como os decíamos, apenas existe infraestructura

para repostar.

Y eso a pesar de los esfuerzos del gobierno coreano por crear una red de hidrogeneras

más o menos amplia. (310 hidrogeneras en Corea para 2022 - Hydrogen

Council)

Un objetivo que el gobierno surcoreano ha ampliado a 450 hidrogeneras para 2025. A base,

eso sí, de poner sobre muchísimo dinero público.

Con esto el país pretende alcanzar para 2025 las 200.000 unidades de coches de hidrógeno

circulando por sus calles. ¿Se está acaso Corea adelantando a la nueva revolución?

Pues el tiempo dirá, lo que está claro es que no es nada fácil lanzar una nueva tecnología

desde cero y hacerla calar en los consumidores, cuando apenas hay infraestructura preparada

y además producir hidrógeno limpio sigue siendo, a día de hoy, una opción cara.

Claro que, si la tecnología sigue mejorando y el coste de la electricidad limpia reduciéndose,

entonces podríamos estar ante vehículos, barcos y aviones limpios. Y eso, eso amigos,

sería toda una revolución.

(“Los vehículos eléctricos han estado ciertamente por delante del hidrógeno en

términos de desarrollo y adopción pero creo que el hidrógeno está poniéndose al día

gracias a los avances en los tanques almacenamiento de hidrógeno gaseoso a alta presión y el

hidrógeno producido por energías renovables.” - John Andrews, profesor en la RMIT University

en Melbourne.)

Ah, ¡y casi se me olvidaba!

Hay otra opción de mercado para el hidrógeno además de su uso como combustible que es

de lo más interesante.

¿Nunca os habéis preguntado cómo de grande sería el salto que daríamos en términos

energéticos si fuéramos capaces de almacenar la energía producida, por ejemplo, por los

aerogeneradores eólicos o los paneles solares y seguir así teniendo suministro eléctrico

cuándo no haya sol o viento?

Pues atentos porque una de las opciones que se manejan es que, en un futuro próximo podría

ser viable almacenar la energía renovable convirtiéndola en hidrógeno.

Luego ese hidrógeno podría ser utilizado para la industria, producir calor, o para

mover los propios coches, camiones, barcos o aviones.

Es decir, sería algo así como guardar el excedente de electricidad creando hidrógeno

que sí se puede almacenar y transportar dónde haga falta.

Queridos amigos, desde VisualPolitik no podemos deciros si esta tecnología tiene recorrido,

si algún día veremos nuestras calles llenas de vehículos de hidrógeno o un montón de

fábricas usándolo como fuente de energía principal.

Sin embargo, lo que sí podemos deciros es que la evolución tecnológica avanza rapida

y por caminos muy esperanzadores.

Pero llegados hasta aquí, ¿tu qué piensas? ¿Crees que el hidrógeno se puede convertir

en la fuente de energía del futuro? ¿Crees que el coche de pila de hidrógeno tiene posibilidades

para sustituir, junto con los eléctricos, a los combustibles fósiles? ¿O es quizás

una tecnología que terminará usándose solo para sectores muy concretos?

Como siempre, deja tus comentarios aquí abajo, y si te ha resultado interesante este vídeo,

no olvides suscribirte al canal para no perderte nada de lo que está por llegar.

Un saludo, y hasta la próxima.

¿JAQUE MATE al PODER del PETRÓLEO? - VisualPolitik TÖTUNG DER ÖLMACHT? - VisuellePolitik KILLING OIL POWER? - VisualPolitik ŽUDANTI NAFTOS GALIA? - VisualPolitik

A ver, si os pregunto por una energía limpia que puede llegar a marcar el futuro: ¿Cuál

sería vuestra primera opción? ¿Qué es lo primero que se os viene a la cabeza?

Salvo que hayáis visto ya el título de este vídeo, es posible que la mayoría hayais

pensado en molinos y placas solares. Sin embargo, en esta ocasión, aquí en VisualPolitik os

vamos a hablar de algo muy pero que muy diferente. De un tipo de energía que apenas ha entrado

en nuestras vidas pero que muchos analistas piensan que puede provocar toda una nueva

revolución:

Estoy hablando del hidrógeno.

Y sí, lo sé, lo sé, ¿No es acaso el hidrógeno el elemento más abundante en el universo?

Pues sí, la cuestión es que en la tierra no lo es tanto.

(Apenas el 0,000055 por ciento del aire atmosférico es hidrógeno, y la mayor parte del que hay

en nuestro planeta forma parte, integrado junto a otras moléculas, del agua y de otros

hidrocarburos.

Por ejemplo, cómo todos sabéis el agua es H2O, dos moléculas de hidrógeno por una

de oxígeno. De esta forma, para poder hablar estrictamente de hidrógeno y utilizarlo para

generar energía útil, tenemos que separar esas moléculas del oxígeno.)

O dicho de otra forma: para poder utilizarlo en nuestro planeta necesitamos “fabricar”

hidrógeno. Un proceso que se puede conseguir de varias formas. Lo veremos en un momento

pero ya os adelanto que una de las claves es precisamente que esa no va a ser la única

forma de conseguirlo.

Pero, no nos adelantemos. Queridos amigos y amigas, ¿Cómo podemos aprovechar el hidrógeno

para obtener energía? ¿Qué ventajas tiene? ¿Realmente tiene futuro?

Pues bien, en este vídeo vamos a responder a estas preguntas. Vamos a conocer un poquito

mejor un elemento que algunos científicos consideran que puede ser la solución a casi

todos los problemas y retos energéticos y climáticos a los que nos enfrentamos.

¿Quieres conocer con nosotros la que puede ser toda una nueva revolución? Pues… Arranquemos.

(¿EL COMBUSTIBLE DEFINITIVO?)

Puede que para la inmensa mayoría de nosotros este tema lo pillemos con cierta distancia,

pero lo cierto es que el hidrógeno se utiliza en la industria desde hace bastantes años.

De hecho, en la actualidad se producen alrededor de 70 millones de toneladas cada año, una

cifra que se ha triplicado desde 1975 y que en nuestros días está creciendo a toda velocidad.

Y muchos os preguntaréis… vale, ¿pero para qué usa exactamente la industria el

hidrógeno? Pues bien, la respuesta está sobre todo en la industria metalúrgica, en

refinerías o en la industria electrónica, además de para la fabricación de fertilizantes

y de amoniaco, entre otras cosas.

Esos son hoy por hoy sus principales usos pero, amigos, el hidrógeno tiene otro uso

que puede llegar a marcar la diferencia: la obtención de energía eléctrica.

Y aquí es donde tenemos que hablar, sobre todo, de la pila de combustible de hidrógeno,

conocidas también como pilas de hidrógeno.

(Estas pilas son algo parecido a una batería, pero en lugar de recargarse con electricidad

como ocurre con las de iones de litio -las que usan los coches eléctricos actuales-

se las recarga con un combustible, en este caso el hidrógeno.

Es decir, esta tecnología permite obtener energía eléctrica para lo que queramos y

además también nos permite almacenarla, cómo veremos después.

El caso es que de esta forma, las pilas de hidrógeno nos permitirían utilizar un coche

con cero emisiones y recargarlo en una hidrogenera para hacer otros 400 kilómetros en cuestión

de minutos. Simplemente tendríamos que repostar hidrógeno, normalmente en estado líquido,

como si se tratara de gasolina, diésel o GLP.)

Ahora bien, si antes os hemos contado que apenas hay hidrógeno puro disponible en la

Tierra y que hay que, entre comillas, fabricarlo, nos surgen unas cuantas preguntas:

¿Es caro de producir? ¿Puede llegar a generalizarse su uso? ¿Cómo de contaminante es ese proceso?

Pues bien, depende.

Veréis, podemos diferenciar tres “tipos” de hidrógeno en función de cómo se produzca:

el gris, el azul y el verde.

Y no, no es que haya hidrógenos de distintos colores, sino que simplemente hay varias materias

primas, varios métodos que podemos utilizar para hacernos con él.

Empecemos con el gris.

Seguro que los más avispados ya habéis caído en que normalmente el término “gris”

no evoca algo demasiado bueno ni demasiado limpio.

Y tenéis toda la razón, porque el hidrógeno gris es el que se produce, simple y llanamente,

quemando carbón.

¿Un momento? ¿Quemando carbón? ¿Pero no estábamos hablando de una energía limpia?

Pues sí, y paradójicamente esto es lo que se está haciendo hoy en día, aunque no tanto

con la idea de que ese hidrógeno se use para una movilidad sostenible, sino por ejemplo

para su uso industrial.

Hablamos de un método que resulta bastante barato. Su coste medio es de apenas 1 dólar

por kilo de hidrógenos. Ahora bien, ¿Cómo funciona exactamente este proceso? Pues..

Fijaos.

(Se puede conseguir hidrógeno a partir del carbón mediante un proceso que se llama gasificación

del carbón, que no os vamos a entrar en explicaros, pero que da como resultado gas de síntesis,

un compuesto que tiene hidrógeno, el cual luego se extrae de dicho gas.

Pues bien, la cuestión es que hay dos formas de librarse de los gases contaminantes de

este proceso: el método tradicional de liberarlo por una chimenea, contamine lo que contamine,

o inyectarlo y almacenarlo en un depósito subterráneo.

Qué es por ejemplo lo se está investigando en el valle de Latrobe, en Australia, que

es un país riquísimo en carbón. Evidentemente si hablamos de energía limpia este sería

el método por el que apostar.

Sin embargo, el problema principal de ese método sería el coste de almacenar todos

esos gases en depósitos bajo tierra y también sus posibles implicaciones y riesgos ambientales,

como, por ejemplo posibles fugas a los acuíferos o la posibilidad de que termine provocando

movimientos sísmicos, tal y como pasó en España con el Proyecto Castor.)

Luego, queridos amigos, está el hidrógeno azul. Y la pregunta es, ¿De dónde pensáis

que viene ese nombre?

Pues pensad en lo que sucede cuando quemas gas natural. Exacto, sale una llama azul.

Pues del gas natural es precisamente de dónde viene el hidrógeno azul.

Y está a día de hoy parece la alternativa más razonable, porque creedme cuando os digo

que hay tanto gas natural en el mundo que no se sabe ni qué hacer con él.

De hecho, en muchas ocasiones, los países productores de petróleo se ven forzados a

quemarlo en lugar de aprovecharlo cuando se encuentran con bolsas de gas natural mientras

tratan de extraer petróleo.

Y no penséis que os estoy hablando de alguna que otra república bananera.

La quema de gas natural es una práctica relativamente frecuente, incluso en lugares como Texas.

(Los productores de petróleo están calcinando miles de millones de dólares. Se están quemando

grandes cantidades de gas natural para dar paso a la producción de petróleo. A menos

que se cambien los incentivos, la práctica dañina se volverá aún más común en los

EE. UU. WSJ)

Según las estimaciones del Banco Mundial, en 2018, por ejemplo, se quemaron en todo

el mundo por no saber que hacer con él, 5,1 billones de pies cúbicos de gas natural,

el equivalente al consumo combinado de Francia, Alemania y Bélgica.

De locos.

Pues bien, el hidrógeno en este caso se conseguiría mediante lo que se conoce como “el reformado

con vapor del gas natural”, un proceso que tampoco os vamos a explicar porque ni somos

expertos en química ni es nuestra misión, pero que digamos aprovecha el metano del gas,

que tiene hidrógeno, para romper moléculas y hacernos así con los elementos que nos

interesan.

Hoy por hoy, esta forma de producir hidrógeno es la más utilizada en el mundo. Tanto es

así que el 6% de todo el gas natural que se consume en el planeta se destina a producir

hidrógeno.

Pero de nuevo y a pesar de que el gas es muchísimo más limpio que el carbón, el problema son

las emisiones contaminantes.

Actualmente ni más ni menos que el 95% del hidrógeno a nivel mundial se produce con

combustibles fósiles, y concretamente el 75% de produce con gas natural, lo que implica

que cada año se emiten 830 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera como

consecuencia de este proceso.

El equivalente a todas las emisiones anuales de una potencia industrial cómo Alemania.

Pero, un momento. Vamos a ver, Entonces, ¿No se supone que estábamos hablando de energías

limpias?

Vale, sí, el gas natural es mucho menos contaminante que el carbón pero si el hidrógeno depende

de él… No se, no parece una gran alternativa, al menos no mucho mejor que las que ya conocemos,

¿No?

Pues queridos amigos, justo aquí llegamos al quid de la cuestión. Si recordáis bien,

no había dos, sino tres tipos de hidrógeno. El tercero era el verde, el hidrógeno verde.

Y es exactamente ese hidrógeno verde el que muchos analistas, expertos y científicos

consideran que puede ser el principal ingrediente de una nueva revolución energética.

Atentos.

(¿REALIDAD O ILUSIÓN?)

Cuando escuchamos oir hablar de los revolucionarios coches de pila de hidrógeno desarrollados

por empresas como Hyundai, Honda o Toyota, seguro que se nos viene a la cabeza un nuevo

tipo de coche. Un coche que no contamina y que se puede repostar completamente en apenas

4 minutos.

De hecho, tanto Hyundai con su modelo Nexo, cómo Toyota con su Mirai, que son a día

de hoy, los dos coches de hidrógeno que se comercializan para el público general, lo

que venden es que son vehículos completamente limpios que lo único que expulsan por el

tubo de escape es agua.

Y técnicamente es cierto, los vehículos son limpios, pero la cuestión es que el hidrógeno

utilizado para moverlos no tiene por qué serlo.

De momento, la única opción para solucionar este pequeño inconveniente pasa por el conocido

como hidrógeno verde, que es el que se obtiene utilizando energías renovables.

(Con la electricidad producida por las energías renovables y mediante un proceso conocido

como electrólisis, se utilizaría esa electricidad limpia para romper la molécula del agua,

que cómo todos sabéis es H2O, y conseguir así el hidrógeno.

El problema es que de momento este proceso es carísimo, por la enorme cantidad de electricidad

que se necesita. De hecho, si para producir un kilo de hidrógeno con carbón se necesitaba

1 dólar, para producirlo con renovables se necesitan entre 3 y 7,5 dólares.

Una diferencia muy importante.)

Y sí, os lo hemos contado en VisualPolitik, el coste de las energías renovables cada

día es más reducido y la evolución tecnológica puede llegar a conseguir que el hidrógeno

verde sea competitivo, pero hoy por hoy no lo es.

Y es justo aquí donde surgen las mayores dudas. ¿Realmente puede ser el hidrógeno

el combustible del futuro?

Claro que para responder a esta pregunta quizás debamos hacernos antes otra pregunta, ¿Para

qué queremos exactamente este combustible? ¿Qué queremos hacer con él? ¿Para qué

nos puede servir?

Quizás el hidrógeno sea el futuro para unas cosas, y no para otras.

Por ejemplo, pensemos en un coche personal. Apostar por un vehículo de hidrógeno nos

costaría por lo menos unos 60.000 dólares, mientras que podemos encontrar coches eléctricos

similares por la mitad de precio.

Y de momento la única diferencia apreciable es el tiempo de recarga, que los además los

fabricantes de coches eléctricos han anunciado se van a reducir sustanciamente durante los

próximos años. Entonces, ¿tiene sentido el coche de hidrógeno?

Si, vale, es seguro que los precios se reducirán a medida que la tecnología vaya madurando,

qué es exactamente lo que está ocurriendo con los propios coches eléctricos.

Pero si tenemos en cuenta todas las inversiones que las compañías y los gobiernos están

anunciando en favor del coche típicamente eléctrico, entonces muchos analistas apuestan

a que difícilmente un coche de hidrógeno va a poder abrirse paso.

Pero, ahora bien, incluso descartando esta posibilidad, miremos un poco más allá y

pensemos por ejemplo en los autobuses, los camiones o incluso, ¿por qué no? en los

grandes barcos mercantes.

Vale, todavía no existe un solo modelo de autobús o camión eléctrico para largos

recorridos que sea viable y se esté comercializando.

Pero, ¿y si el futuro del hidrógeno como combustible en el transporte estuviera precisamente

aquí? Pensadlo un momento… ¿Qué clase de batería necesita un camión o un autobús

para tener una autonomía decente?

En principio sería una batería enorme, que probablemente quitaría un montón de espacio

de carga y además aumentaría mucho su peso.

Seguro que todos habéis visto algún autobús urbano eléctrico con una especie de joroba

enorme encima o un techo super grueso, donde está la batería.

Algo así parece poco viable para los largos trayectos interurbanos, y aquí precisamente

el hidrógeno podría tener un buen campo de batalla.

Y es que echad un vistazo a este gráfico.

De todos los gases de efecto invernadero emitidos, el transporte terrestre supone el 11,9%. Y

de ese total, el 27% lo emiten los camiones y los autobuses, a pesar de que solo suponen

en torno a un 19% del total de vehículos registrados en el mundo.

Pero… ¿y si se logra adaptar la tecnología del coche de pila de hidrógeno a un camión

o a un autobús? ¿Y si todos los camiones y autobuses fueran de hidrógeno y pudiésemos

así eliminar de golpe y porrazo más de una cuarta parte de toda la contaminación causada

por transporte terrestre?

No me digáis que no suena interesante.

Y exactamente podríamos decir lo mismo para los grandes barcos mercantes o incluso los

aviones comerciales, que son uno de los mayores focos de emisiones de CO2 de todo el mundo.

(Airbus mira al futuro con aviones de hidrógeno. La empresa dijo que sus aviones de pasajeros

alimentados con hidrógeno podrían estar en servicio en 2035. BBC)

Claro que de momento todavía son planes en fase muy experimental.

Y ya se trate de coches, camiones, autobuses o incluso buques o aviones, hay hándicaps

comunes que pueden hacer que un posible uso generalizado de esta energía todavía sea

cosa de muchos, muchísimos años.

Porque amigos, hablamos de un tipo de energía que tiene muchas ventajas, sí, pero también

hoy por hoy muchos retos.

Atentos.

(UNA ENERGÍA… ¿DEMASIADO VERDE?)

Sea o no la alternativa energética del futuro, el hidrógeno como combustible tiene todavía

un largo camino por delante.

Y el principal problema no está en el coste de los coches de pila de hidrógeno, ni siquiera

tampoco en la contaminación que se genera produciéndolo.

El problema clave es que todavía no existe una economía de escala para esta tecnología.

No hay suficiente demanda de hidrógeno como para que producirlo en masa con energías

renovables, por ejemplo, sea económicamente viable.

Y desde luego tampoco hay suficiente demanda de coches de hidrógeno como para que sus

precios bajen. Bueno, es que evidentemente ni siquiera hay suficiente demanda como para

que haya sitios a los que puedas ir y repostar tu coche de pila de hidrógeno.

Por poneros un ejemplo, en Corea del Sur, que es el país del mundo donde más adelantada

está esta tecnología y donde más coches de hidrógeno se venden, durante el 2019 apenas

se vendieron 5.083 unidades.

El problema con el hidrógeno está, no sólo en los entre 70.000 y 100.000 dólares que

cuesta un Hyundai Nexo, sino en que, como os decíamos, apenas existe infraestructura

para repostar.

Y eso a pesar de los esfuerzos del gobierno coreano por crear una red de hidrogeneras

más o menos amplia. (310 hidrogeneras en Corea para 2022 - Hydrogen

Council)

Un objetivo que el gobierno surcoreano ha ampliado a 450 hidrogeneras para 2025. A base,

eso sí, de poner sobre muchísimo dinero público.

Con esto el país pretende alcanzar para 2025 las 200.000 unidades de coches de hidrógeno

circulando por sus calles. ¿Se está acaso Corea adelantando a la nueva revolución?

Pues el tiempo dirá, lo que está claro es que no es nada fácil lanzar una nueva tecnología

desde cero y hacerla calar en los consumidores, cuando apenas hay infraestructura preparada

y además producir hidrógeno limpio sigue siendo, a día de hoy, una opción cara.

Claro que, si la tecnología sigue mejorando y el coste de la electricidad limpia reduciéndose,

entonces podríamos estar ante vehículos, barcos y aviones limpios. Y eso, eso amigos,

sería toda una revolución.

(“Los vehículos eléctricos han estado ciertamente por delante del hidrógeno en

términos de desarrollo y adopción pero creo que el hidrógeno está poniéndose al día

gracias a los avances en los tanques almacenamiento de hidrógeno gaseoso a alta presión y el

hidrógeno producido por energías renovables.” - John Andrews, profesor en la RMIT University

en Melbourne.)

Ah, ¡y casi se me olvidaba!

Hay otra opción de mercado para el hidrógeno además de su uso como combustible que es

de lo más interesante.

¿Nunca os habéis preguntado cómo de grande sería el salto que daríamos en términos

energéticos si fuéramos capaces de almacenar la energía producida, por ejemplo, por los

aerogeneradores eólicos o los paneles solares y seguir así teniendo suministro eléctrico

cuándo no haya sol o viento?

Pues atentos porque una de las opciones que se manejan es que, en un futuro próximo podría

ser viable almacenar la energía renovable convirtiéndola en hidrógeno.

Luego ese hidrógeno podría ser utilizado para la industria, producir calor, o para

mover los propios coches, camiones, barcos o aviones.

Es decir, sería algo así como guardar el excedente de electricidad creando hidrógeno

que sí se puede almacenar y transportar dónde haga falta.

Queridos amigos, desde VisualPolitik no podemos deciros si esta tecnología tiene recorrido,

si algún día veremos nuestras calles llenas de vehículos de hidrógeno o un montón de

fábricas usándolo como fuente de energía principal.

Sin embargo, lo que sí podemos deciros es que la evolución tecnológica avanza rapida

y por caminos muy esperanzadores.

Pero llegados hasta aquí, ¿tu qué piensas? ¿Crees que el hidrógeno se puede convertir

en la fuente de energía del futuro? ¿Crees que el coche de pila de hidrógeno tiene posibilidades

para sustituir, junto con los eléctricos, a los combustibles fósiles? ¿O es quizás

una tecnología que terminará usándose solo para sectores muy concretos?

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