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NPR Radio Ambulante, Yo nena (2)

Yo nena (2)

Empezó a entristecerse Elías también, porque acá había una criatura que estaba pidiendo auxilio a gritos y… y nos afectó a todos, a todos como familia.

CASASSUS: Y nadie sabía cómo ayudarlo. Todo fue llanto y crisis hasta que Manuel pudo empezar a hablar, cuando tenía 20 meses. Fue ahí cuando agarró a su mamá de la mano, la llevó hasta la reja, señaló a la vecinita de enfrente y le dijo esa frase que ya escuchamos.

MANSILLA: “A... a... a... Yo, nena. Yo, princesa”.

CASASSUS: Y es que a pesar de que en ese momento Gabriela no le dio importancia, el tema se volvió recurrente. Se lo decía varias veces.

Antes de los tres años, Manuel empezó a vestirse solo. Cuando nacieron los mellizos, Gabriela y Guillermo habían pintado la pieza de celeste y casi toda su ropa también era azul o celeste. Así que Manuel se las arregló para encontrar otros colores en el closet de su mamá. Allí buscaba desesperadamente camisetas y faldas.

MANSILLA: Se estaba poniendo mis remeras para simular que tenía vestido. Se ponía a bailar frente al televisor —viendo la Bella y la Bestia— y bailaba como Bella en la película y a veces le pedía a su hermano Elías que bailara con ella como el príncipe.

CASASSUS: Parecía obsesionado con la ropa. Una vez le pidió una falda a Gabriela —o pollera, como decimos en Argentina— y ella se la prestó.

MANSILLA: Recuerdo que se la até con una colita del pelo y no se la quiso sacar más. Quería dormir con esa pollera y cada vez que se le ponía venía se asomaba y me decía que era una nena, que era una princesa.

CASASSUS: También estaba obsesionado con el pelo. Se ponía el trapo de piso que Gabriela acababa de usar para limpiar la casa en la cabeza para simular que tenía pelo largo. Los juguetes también eran un tema.

MANSILLA: Teníamos meses de haberle regalado juguetes que nunca usó. Que, al contrario, que le regalabas un camión y se ponía a llorar. Tenía crisis. Jugaba con unos peluches que tenía nada más.

CASASSUS: Entonces, Gabriela —una mamá preocupada por el bienestar de su hijo— comenzó a sacar sus conclusiones.

MANSILLA: Tenía un varón sumamente afeminado que me manifestaba querer tener ropa del género opuesto. Solamente creí que podía llegar a ser gay.

CASASSUS: A Gabriela le parecía desconcertante pero accedía a lo que le pidiera Manuel. Lo hacía por su hijo. Para Guillermo, la idea de que uno de sus hijos fuera gay era inaceptable.

MANSILLA: Su papá no quería un hijo puto tampoco, ¿no? La violencia que ejercía ya con la presencia, ¿viste? el machismo puro y la sensibilidad extrema que tenía Manuel en ese momento, que buscaba la aceptación de su papá todo el tiempo. Todo el tiempo.

CASASSUS: Gabriela decidió consultar con una psicóloga para entender por qué su hijo quería ser una nena. Esta psicóloga tenía un punto de vista muy claro al respecto: intentó corregir y reafirmar la masculinidad de Manuel.

MANSILLA: Que me prohibió que viera películas de Disney. Que me dijo que todo lo que estuviera a su alcance que fuera de niña, ¿no?, de lo que esta cultura se presenta para el género femenino, se lo quitará.

CASASSUS: Incluso le pidió a Gabriela que le pusiera llave a su habitación, para que Manuel ya no tuviera acceso a su ropa.

Hoy Gabriela siente que haber acatado el tratamiento que le propusieron fue lo más difícil que tuvo que hacer como mamá. Ella intentaba cumplir pensando que hacían lo mejor para su hijo, pero a Gabriela se le partía el alma. Cuando veía que Manuel se había escabullido para ponerse una remera de su mamá —siguiendo el consejo de la psicóloga— tenía que quitársela.

MANSILLA: Yo sentía que en lugar de sacarle la remera, le arrancaba la piel. Era muy doloroso ver cómo esta criatura sufría por una remera.

CASASSUS: Un domingo por la noche sonó el teléfono en la casa de Gabriela. Era el 2010 y los mellizos tenían tres años. La que llamaba era su hermana Silvia. Le dijo que prendiera la tele y pusiera el canal del National Geographic. Que lo pusiera ya mismo. Que estaban dando un documental. Que lo mirara. Que más tarde hablaban. Gabriela y Guillermo encendieron el televisor.

MANSILLA: Manuel y Elías dormían. Nos pusimos a mirar el documental y ahí había una niña que tenía 8 años, que decía…

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

JOSIE ROMERO: Hi, my name is Josie. My birthday is April sixteen. I'm a girl and I have a penis. MANSILLA: Me llamo Josie Romero. Tengo ocho años. Soy una niña y tengo pene. Y hablaba la mamá. Hablaba el papá. Mostraban a la niña. Contaban todo esto que le estaba sucediendo. Y era como si estuvieran contando lo que nos pasaba a nosotros acá en mi casa. La disconformidad constante, el llanto, la angustia, el vestirse con… con ropas del género opuesto y todo lo que venía haciendo Manuel. Era una niña transgénero.

CASASSUS: Era la primera vez que Gabriela escuchaba esa palabra.

MANSILLA: La sensación era como de caer en un precipicio, ¿viste? El vacío, en el estómago. El darte cuenta de que la palabra transgénero era lo que nos había hecho falta en toda esta historia. Entonces poder entender o vislumbrar o decir, bueno, quizás es esto lo que le está pasando.

CASASSUS: Guillermo se echó a llorar y salió a fumar. Gabriela, por su parte, sintió alivio: lo que le pasaba a su hijo tal vez tenía un nombre. Pero también sintió culpa. Recordaba el tratamiento que le había recomendado la psicóloga —lo de prohibirle películas de Disney, colores femeninos, la ropa— y si su hijo era transgénero —esta palabra y concepto tan nuevo para ella— lo que le había hecho le parecía cruel.

MANSILLA: Y yo necesité ir a pedirle perdón, porque no la había entendido. Le acaricié su pelito. Cuando la vi dormir, estaba dormidita, me senté en su cama y le pedí perdón porque realmente yo la había escuchado pero no había entendido que era lo que me había querido decir cuando me dijo: “Yo nena, yo princesa". Y le prometí que ahí iba a hacer todo lo posible, si ella quería ser una princesa, yo la iba a ayudar a ser la princesa más hermosa de todo el mundo.

CASASSUS: Lo que más quería Gabriela en el mundo era ayudar a Manuel pero no sabía cómo. Estaba realmente perdida. Ahora tenía algunas cosas claras, eso sí, que su hijo Manuel...

MANSILLA: No era un varón, que no era gay, que no estaba enfermo. Nada de eso. O sea, era una niña trans. Por lo menos ya sabía de qué agarrarme.

CASASSUS: Lo primero que hizo fue entrar a Google y buscar información en internet, pero solo encontraba casos de Estados Unidos. No había nada sobre “niños trans” en Argentina. Imprimió lo que consiguió y fue subrayando aquellas cosas que se enumeraban en los artículos y que también le pasaban a Manuel. Fue a la psicóloga con toda esta información y, para su sorpresa, la psicóloga negó todo. Le dijo que eso era mentira, que las niñas transgénero no existían. Además...

MANSILLA: Hizo hincapié en qué me pasaba a mí como mamá. Qué pasaba en mi casa que… que mi hijo varón decía que era una nena. Me responsabilizó de absolutamente todo. No entendió. No sabía.

CASASSUS: Empezó a buscar otros psicólogos y médicos para llevar a Manuel y todos sostenían lo mismo. Gabriela otra vez sentía la frustración de no encontrar una respuesta o a alguien que la ayudara a manejar la situación.

Mientras buscaba ayuda las cosas en su familia seguían complicándose. Especialmente con su pareja.

Se acuerda muy bien de un día específico. Era el 31 de julio de 2011, los mellizos acababan de cumplir 4 años y fue con ellos y con Guillermo a la casa de una amiga que acababa de tener una niña. La bebé tenía una muñeca con pelito de lana color rosa y sin saber cómo, Manuel se metió en la cuna de la bebé.

MANSILLA: Y apareció delante de todos nosotros con la muñeca en la mano, diciendo que quería una muñeca. Y eso llevó a que el progenitor estallara en violencia, le arrancara la muñeca delante de toda la gente. Se sintió avergonzado por lo que su hijo estaba haciendo.

CASASSUS: Guillermo, furioso, los dejó en la casa y se fue a trabajar. Y Gabriela se acuerda perfecto que esa noche estaba cocinando cuando Manuel aparece en la cocina con una camiseta roja que le había sacado del closet a Gabriela y muy decidido le volvió a decir:

MANSILLA: “Yo soy una nena”. Y me acuerdo que le dije: “No, no, vos sos un varón. Pará. Dame un momentito”, porque había sido un día de mucha violencia para mí.

CASASSUS: Gabriela solo tenía la idea de la transgeneridad por un documental. Estaba buscando especialistas que la ayudaran a navegar esto. No había encontrado a nadie y todavía no estaba segura de qué pasaba con Manuel. Pero esa noche hubo algo que la sorprendió.

MANSILLA: Me dijo: “Soy una nena y me llamo Luana”. Y ahí dejé de hacer todo, viste, porque se me congeló hasta el pensamiento. Y dije: “¿Qué?”. “Soy una nena. Me llamo Luana y si vos no me decís Luana, mamá, no te voy a responder”. Y ni siquiera sabía ni de dónde había sacado el nombre, pero evidentemente hasta ya tenía pensado un nombre y ya no quería que le dijera Manuel. Y se plantó con cuatro años para decirme que se había elegido su propio nombre.

CASASSUS: Gabriela no supo qué decir.

MANSILLA: Lo primero que atiné, viste, lo que atina cualquier adulto cuando no tiene respuesta: “Andá a tu cuarto. Después hablamos”.

CASASSUS: Al día siguiente a Gabriela, cuando lo llamó, le salió decirle Manuel.

MANSILLA: Y no me respondía. Entonces al primer: “Manuel, Manuel, Manuel”, intenté con: “Luana” y se dio vuelta y me dijo: "Sí, mamá". CASASSUS: Desde que Manuel dijo que se llamaba Luana, su mamá, su tía Silvia y su abuela María Esther, empezaron a acostumbrarse de a poco y a intentar nombrarla por el nombre que había elegido. Le decían Lulú, Lu y Luana. Y con esto —con solo esto, lo del nombre— la situación en casa comenzó a cambiar.

MANSILLA: Y ahí es donde Luana comenzó a dormir. Ahí es donde dejó de tener pesadillas. Ahí es donde empezó a bajarle la tristeza.

ALARCÓN: Pero era recién el comienzo de un largo camino. Después de la pausa, Luana entra al jardín infantil con el nombre que ella misma había escogido.

Ya volvemos.

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