Hasta encontrarlo (4)
Y entonces: “Bueno, en qué les puedo servir”, me pregunta. Entonces yo le dije: “Queremos asilo en el Ecuador”.
VARGAS: Se ocultaron en la embajada del Ecuador. No salían de ahí por miedo a ser capturados. El asunto no trascendió a los medios. Todo fue silencioso. Más o menos una semana después iban en un avión a su nuevo país.
Ana Lucrecia salió unos días después para México. Y la búsqueda de Marco Antonio se pausó por varios años: ya no podían ir a presionar a la policía, salir a las calles a buscarlo o buscar alguna información de su paradero. Todo eso se tenía que hacer desde Guatemala.
Emma y Ana Lucrecia empezaron desde cero en México. El partido les consiguió apartamentos. Ellas pagaban alquiler. Ambas tenían trabajos normales. Por primera vez en muchos años sintieron que vivían una vida como la de cualquier otra persona.
Pero no hablaban sobre lo que le había pasado a Emma y del secuestro de Marco Antonio. El dolor era muy grande. Solo una vez Emma le contó a Ana Lucrecia lo que había vivido en la base militar. Se lo dijo porque ella le estaba ayudando a aplicar a una beca que daba una ONG para irse a estudiar a Costa Rica. Era una beca que se daba por razones humanitarias a personas en riesgo, y tenía que entregar su historia de vida como justificación.
ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Emma me dijo: “Anótelo y ojalá que se le quede porque es la única vez que voy a hablar del asunto con usted”. Y me dictó lo que le había pasado, sin mediar palabra entre las dos yo fui escribiendo lo que ella me iba diciendo. Lo firmó y ahí acabó el asunto.
VARGAS: Ana Lucrecia no pudo ni reaccionar.
ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Hay cosas que… que son tan grandes que sencillamente te rodean, no te penetran, porque te morís.
VARGAS: Su respuesta fue el silencio.
En 1985 Emma se ganó la beca y se fue a estudiar informática a Costa Rica. Ana Lucrecia la siguió poco después y logró que sus papás también se mudaran. La idea era que todos estuvieran en un país más parecido a Guatemala, su hogar. La última en llegar fue María Eugenia, en 1990. La familia por fin estaba reunida, pero los lazos se habían roto. Esta es Ana Lucrecia.
ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Éramos una familia destrozada y cada una sintiendo un dolor agobiante. Sufrir es lo totalmente opuesto a tener posibilidades de sentir y expresar amor. Eso no te hace desear estar cerca, ni festejar, ni abrazar, ni expresar cariño.
VARGAS: Para María Eugenia…
MARÍA EUGENIA MOLINA THEISSEN: Durante muchos años nunca hablamos de… de los dolores de cada una.
EMMA MOLINA THEISSEN: Se siente terrible. Era muy obvia la… la ausencia de Marco Antonio. Fue el momento en que menos podíamos vernos. O sea, nos lastimaba demasiado vernos. Eh, nos veíamos un rato en Navidad, Año Nuevo, pero, en general, por lo menos yo rehuía mucho de estar con ellos. Me sentía muy triste, me sentía muy culpable. No me podía ni imaginar lo que pasaban mis papás, especialmente: una Navidad, otra Navidad, otra Navidad.
VARGAS: El papá de Emma murió todavía con la esperanza de encontrar a su hijo. Pero, poco a poco, las demás fueron aceptando que Marco Antonio no iba a regresar.
Pero aceptar el duelo sin buscar justicia era algo que Ana Lucrecia no estaba dispuesta hacer. Sentía que se lo debía a su hermano. En 1998, después de 17 años de la desaparición de Marco Antonio, el caso no había llegado a ninguna parte en Guatemala. Entonces Ana Lucrecia recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La familia demandó al Estado guatemalteco por la desaparición forzada de Marco Antonio hecha por los militares, así como por la falta de investigación y sanción de los responsables. Su mamá y María Eugenia apoyaron a Ana Lucrecia, pero para Emma…
EMMA MOLINA THEISSEN: La idea de la justicia para mí era algo imposible. No podía buscar justicia, porque no me la merecía. Porque yo era la culpable de que Marco Antonio fuera desaparecido y seguramente asesinado.
VARGAS: El problema era que el testimonio de Emma resultaba clave para probar que Marco Antonio fue secuestrado como represalia. Sin ese testimonio, el caso perdía mucha fuerza. Y Emma no se sentía lista para hablar.
EMMA MOLINA THEISSEN: Yo suponía que me iban a hacer contar con todo detalle todo lo que había pasado y yo me moría de la vergüenza. Me moría del… del… del dolor, del terror. Yo... yo pensaba que yo no iba a sobrevivir.
VARGAS: Emma solo había hablado con detalle de lo que pasó en la base militar dos veces: cuando Ana Lucrecia le ayudó con la beca y una vez con su psicóloga. Ahora le pedían que hablara frente a un montón de desconocidos.
Pero ya para ese momento había una sentencia en contra del Estado hondureño por desaparición forzada, o sea, había antecedentes que mostraban que era posible lograr ganar el juicio y tal vez mover el caso de Marco Antonio dentro del sistema judicial guatemalteco.
Por otro lado, era su familia la que se lo pedía, y a pesar de la distancia entre todos, sentía que era su deber. Así que en el 2004, cuando finalmente se realizó el juicio, Emma pidió testificar a puerta cerrada, sin su familia ni nadie conocido. Solo ella y los jueces.
EMMA MOLINA THEISSEN: Yo lo hacía contra mi voluntad, en solidaridad. Lo hacía por Marco Antonio. No lo hacía por mí. Me enojaba que me preguntaran las cosas que me habían pasado a mí. Me enojaba mucho. Y sobre todo no creía que se fuera… que fuera fructificar en nada. Era muy doloroso. Era muy perturbador.
VARGAS: Al final, para la sorpresa de Emma, la Corte falló a favor de la familia. Responsabilizó al Estado por la desaparición de Marco Antonio y ordenó una serie de reparaciones. Las más importantes fueron que el Estado debía localizar y hacer entrega de los restos de Marco Antonio a la familia. Y que debían identificar y sancionar a los autores de su desaparición forzada. El juicio no fue poca cosa, porque…
EMMA MOLINA THEISSEN: El caso Marco Antonio se vuelve un caso muy emblemático y muy importante por la cantidad de pruebas que se logran reunir alrededor de él.
VARGAS: Pruebas como testimonios de otras víctimas de desaparición forzada, informes de expertos acerca de la situación en Guatemala. Pero había una prueba clave: Emma.
EMMA MOLINA THEISSEN: O sea, al… al… al haber el antecedente que hay conmigo y al haber un testimonio mío que dice: “Sí, pasó esto: yo escapo y a las horas —es que no fue ni siquiera un día— a las horas que yo escapo, lo secuestran a él”. Eso es una inculpación muy clara y contundente contra el Estado.
VARGAS: El caso y la sentencia no solo era un gran avance en la búsqueda de Marco Antonio, sino que ayudó a poner en discusión el hecho de que el ejército tenía una práctica sistemática de desaparición forzada. Y es que casos como el de Marco Antonio hay miles.
La Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala estima que entre 1981 y 1983 se registraron unos 42 mil casos de asesinatos y desapariciones forzadas hechos por los militares. Y ese número es solo de los casos registrados. Muchas familias tuvieron miedo a hablar. La Comisión dice que la cifra verdadera puede llegar a más de 200 mil víctimas.
Ya con la sentencia de la Corte Interamericana, la familia se armó de valor para pedir cuentas a la justicia guatemalteca. Querían que fuera un caso fuerte en contra de los militares. Y entre 2004 y el 2015 se dedicaron a la recolección de pruebas.
EMMA MOLINA THEISSEN: Presentamos 170 medios de prueba. Fue una... una recolección de muchísimo tiempo. Fue ir a buscar a la gente a su casa, convencerla de que atestiguara, pedirle un perito que hable de tal o cual cosa.
VARGAS: Ana Lucrecia fue la más involucrada en todo el proceso.
ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Yo iba a Guatemala como digo a hacer turismo judicial. No iba a pasear. No. Iba al Ministerio Público, a la Procuraduría de Derechos Humanos, a hablar con posibles peritos, a contratar peritajes.
VARGAS: En el 2015 la familia presentó el caso ante la Fiscalía y el Ministerio Público se involucró en la recolección de pruebas. Y finalmente, el 6 de enero del 2016 —después de diez años de investigaciones— la Policía Nacional detuvo a cuatro personas…
ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: El general Manuel Callejas, que era el director de Inteligencia del Estado Mayor General del Ejército. El coronel Luis Gordillo Martínez, que era el comandante del cuartel militar de Quetzaltenango donde estuvo Emma detenida.
VARGAS: Al subcomandante de ese cuartel, Edilberto Letona Linares, y al coronel Hugo Ramiro Saldaña, el oficial de inteligencia de la base de Quetzaltenango. Este último fue el que interrogó y torturó a Emma, y fue uno de los hombres que secuestró a Marco Antonio. Emma y su mamá lo identificaron después de que lo capturaron.
Luego detuvieron a Manuel Benedicto Lucas García. Recordémoslo.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
LUCAS GARCÍA: Usted sabe que aquí la clase… la extrema derecha es muy fuerte.
VARGAS: El que era hermano del presidente de la época y el Jefe del Estado Mayor del Ejército cuando secuestraron a Marco Antonio. A él se le acusó de ser el responsable intelectual de la práctica de desaparición forzada hecha por los militares.
Ahora se venía otro juicio, este en el sistema judicial guatemalteco, para inculpar a los militares capturados.
Emma estaba en su trabajo cuando recibió un mensaje de su actual esposo. Decía que habían capturado a los hombres que la habían secuestrado y a los responsables de la desaparición de Marco Antonio. Cuando leyó el mensaje, Emma…
EMMA MOLINA THEISSEN: Me llené de terror. Pensé que me iban a llamar. Pensé que tenía que verlos. Pensé que me iban a matar, que tenían todavía ese poder.
VARGAS: El juicio que se venía iba a ser más duro que el que vivieron en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Más duro porque estaban los rostros de esos cuatro militares. Ya no eran hombres anónimos, abstractos. Eran personas de carne y hueso. Emma sentía un terror que no tuvo en el juicio ante la Corte Interamericana.
EMMA MOLINA THEISSEN: El terror es una exageración del miedo, pero es una exageración que se basa en que la gente que le ha hecho daño tiene poderes extraordinarios. Y el terror es pensar que alguien tiene tanto poder que con una mirada o con un gesto te pueden destruir y que el daño no ha parado. Que todavía puede haber daño y que puede haber un daño todavía mayor.
VARGAS: Pero el testimonio de Emma, de nuevo, era vital. La oportunidad de que hubiera justicia para Marco Antonio dependía, en gran parte, de que ella hablara. Entonces, Emma, que se había resguardado en el silencio, decidió enfrentar su mayor miedo.
Emma pasó dos meses preparándose: escribió todo y lo ensayó infinidad de veces. Sabía exactamente qué decir, y cómo quería decirlo. Y el 10 de mayo del 2018 llegó al tribunal.
EMMA MOLINA THEISSEN: Yo no dormí, obviamente, la noche anterior. Estaba súper estresada. Tenía mucho miedo. Pensé que pensé que… pensé que iba a entrar en pánico en el tribunal. Y estamos hablando de una sala que era tal vez del tamaño de esta sala. O sea, unos 18 metros cuadrados, unos 25 metros cuadrados. Estaba muy cerca todo.
VARGAS: Los acusados estaban ahí, 37 años después de aquellos diez días que cambiaron la vida de los Molina Theissen.
EMMA MOLINA THEISSEN: Y empecé a verlos y me fui sintiendo fuerte y les buscaba la mirada y no me la daban. Y yo empecé a darme cuenta en que ya no me podían hacer daño. Y ese fue el momento más liberador de toda mi vida. no sólo eran personas iguales a mí —no eran los superpoderosos que yo tenía Porqueen la cabeza— sino que además estaba en una carceleta. Estaban ahí en una jaula con esposas. Eran ellos en ese momento los que estaban en una situación de sumisión. Y yo no. Yo tenía el poder de levantar mi voz y señalarlos y decir: “Fueron ellos”. Y eso fue absolutamente liberador. VARGAS: Emma dio su declaración el 21 de mayo. EMMA MOLINA THEISSEN: Mi declaración, más que palabras, fue un rugido. Fue como sacar todo y dejarlo ahí en esa sala y salir limpia. Libre. Por fin me pude liberar de la culpa. Me pude liberar de la vergüenza. La justicia es sanadora, por eso es importante, porque sana a la gente, porque la repara, porque le dignifica su verdad. VARGAS: Hablar en esa sala fue conciliarse con la verdad. La verdad de que ella y Marco Antonio fueron víctimas de una guerra injusta, injustificada, violenta, genocida. Que la culpa que cargaba le pertenecía a los acusados, no a ella. Después de más de 13 horas de deliberación —un tiempo extrañamente largo, que empezaba a preocupar a la familia Molina Theissen— la sentencia contra los cuatro militares se dictó cerca de las cuatro de la mañana del 23 de mayo del 2018. (SOUNDBITE DE ARCHIVO) JUEZ: Con la suficiente prueba evidenciada y analizada el Tribunal advierte que los acusados responsables en este caso siempre estuvieron conscientes de lo que hacían. Intencionalmente inobservaron garantías básicas... VARGAS: Cuatro de los cinco acusados fueron encontrados culpables. Entre los delitos estaban secuestro, tortura y violación agravada de Emma, y la desaparición forzada de Marco Antonio. Tres fueron condenados a 58 años de cárcel y uno a 33. El quinto acusado quedó libre porque no se pudo determinar que tenía responsabilidad en los hechos. Traté de contactar a estos militares sentenciados. Logré conseguir el contacto de los abogados de tres de ellos, pero a pesar de las llamadas y los mensajes, solo pudimos hablar con Francisco Luis Gordillo, el comandante del cuartel militar donde Emma estuvo detenida. Gordillo, de ya más de 80 años y condenado a 33 años de cárcel, accedió a darme una pequeña entrevista. Me dijo que la sentencia… FRANCISCO LUIS GORDILLO: Es una cosa aberrante, ilegal, injusta, politizada, ideologizada. GORDILLO: También me dijo que Emma miente respecto a lo de la violación y la tortura. Que no hay secuelas físicas del abuso y que, por tanto, no se puede probar. GORDILLO: Y la violación también es un delito que tiene que probarse científicamente y aquí no hay ninguna cosa científica. GORDILLO: Que solo el testimonio de Emma no es suficiente. GORDILLO: Al finalizar la sentencia dice que bastaba la declaración de la querellante para condenar. María Santísima, ¿cómo va a ser eso? Que baste lo que una persona diga para condenar a otra sin mayores pruebas. GORDILLO: Él se declara inocente: GORDILLO: A mí de lo que me acusan es de violación agravada, porque según la versión de la persona dice que la violaron diez soldados. GORDILLO: Emma cree que fueron diez, pero no está muy segura. GORDILLO: Entonces, como yo era el comandante de la zona, yo soy el responsable. María Santísima, cómo voy a permitir yo una cosa de esa naturaleza. Y... es lo más falso, lo más irreal. GORDILLO: Me afirmó que la sentencia ha causado mucho mal a su familia. Que la salud de su esposa ha empeorado y que su hija tiene episodios severos de estrés. GORDILLO: Esto es una violación completa a nuestra vida, nuestra edad, a nuestros derechos. Entonces, ellos... los derechos humanos pareciera que solo los usan para ese tipo de casos: para personas acusadoras que están en una corriente política internacional. Y nosotros pareciera que no tenemos ningún derecho. GORDILLO: Le pregunté si respalda todo lo que hizo el ejército durante los años ochentas y durante su servicio militar. Me empezó a hablar de la guerra fría, del conflicto entre la Unión Soviética y Estados Unidos, que la guerra que hubo en Guatemala fue un resultado del conflicto entre esas dos potencias. Y al final dijo… GORDILLO: Unos pusieron las armas y el dinero, y nosotros pusimos los muertos. En ningún momento puedo aprobar yo el desangramiento que tuvo mi país por las... pugna entre dos potencias. GORDILLO: Voy a repetirlo: “Unos pusieron las armas y el dinero”, dijo Gordillo, “y nosotros pusimos los muertos”. Pero, según él, era la única forma de detener el comunismo. La sentencia en contra de los militares fue histórica. En un país en donde la impunidad ha sido la norma, este fallo era una muestra de que la justicia sí era posible. Y no solo eso… EMMA MOLINA THEISSEN: La sentencia plantea que se debe poner a las personas víctimas de crímenes atroces al centro de la justicia. Que su testimonio por sí mismo es una prueba. GORDILLO: O sea, que si una mujer es violada, su palabra es suficiente prueba para que se abra una investigación. O como en el caso de la familia Molina Theissen, si unos padres de una familia denuncian que su hijo está desaparecido es suficiente prueba para empezar a buscarlo. Algo que nunca pasó con Marco Antonio. EMMA MOLINA THEISSEN: Eso es revolucionario en el país. O sea, no es aquel derecho penal donde usted tiene que llegar y probar hasta el último detalle en la materialidad de lo ocurrido. GORDILLO: Fue ahí que las Molina Theissen lo entendieron: esta sentencia ya no era solo para el caso de Marco Antonio, sino para las otras víctimas del terrorismo de Estado. EMMA MOLINA THEISSEN: Le da un poder a las víctimas. De tal modo que ahora una persona, basándose en esa sentencia, puede llegar y decir: “Mi esposo fue desaparecido en tal año así, así y asá”. Y eso constituye una prueba. Y eso puede plantear ya entonces un proceso legal que hasta este momento ha sido muy difícil construir esas... esas evidencias y esas pruebas necesarias para llegar a.. a una... a abrir un juicio. GORDILLO: Es una oportunidad para que miles de otras personas puedan intentar sanar las heridas que dejó esta guerra tan violenta. Ninguno de los sentenciados dijo dónde está Marco Antonio. Pero lo siguen buscando. ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Porque de lo contrario sería como abandonar a nuestro niño, dejarlo tirado, como ellos lo hicieron, en cualquier parte. GORDILLO: Buscarlo es la forma de mostrarle su amor, que sigue igual de fuerte que ese 6 octubre de 1981. El día en que se lo llevaron. ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: No tengo ni la menor idea de dónde puede estar, ni si está siquiera. Esto nos va a llevar la vida, o buena parte de ella, al igual que… que la justicia. ALARCÓN: El Estado de Guatemala todavía no tiene un plan concreto para buscar a Marco Antonio, a pesar de las órdenes que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dio hace ya más de 15 años. En enero del 2019, el Congreso guatemalteco empezó a discutir modificaciones a la Ley de Reconciliación Nacional. Tales cambios darían amnistía a aquellos que cometieron delitos de lesa humanidad durante el conflicto armado. Delitos como genocidio, tortura y desaparición forzada. De aprobarse las reformas, los cuatro condenados en el caso Molina Theissen quedarían libres. Luis Fernando Vargas es editor de Radio Ambulante, vive en San José, Costa Rica. Muchas gracias a Francisca Stuardo, Kimmy de León y Daniel Villatoro. Gracias también al Centro por la Justicia y el Derecho Internacional y a Prensa Comunitaria, en Guatemala. Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri, con música de Giancarlo Vulcano. Andrea López Cruzado hizo el fact-checking. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Lisette Arévalo, Gabriela Brenes, Jorge Caraballo, Victoria Estrada, Rémy Lozano, Miranda Mazariegos, Patrick Moseley, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, Luis Trelles, David Trujillo y Elsa Liliana Ulloa. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Todos los viernes mandamos un boletín electrónico con recomendaciones de nuestro equipo para el fin de semana. Cada correo incluye cinco enlaces de cosas que nos inspiran: series de televisión, libros, otros podcasts, aplicaciones para el celular, multimedias en internet… De todo. Es una manera de compartir lo que nos gusta y de filtrar un poco tanto contenido que hay disponible en internet. Si quieres recibirlo, suscríbete en radioambulante.org/correo. Repito: radioambulante.org/correo. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar. En el siguiente episodio de Radio Ambulante, el periodista Santiago Rivas se enfrenta a una ley que amenazaba la esencia de su trabajo… MARÍA PAULINA BAENA: Me dijo: “¡Ay! Necesito hablar contigo sobre una ley que están ahí pasando, que es una ley súper chancuca y súper chimba”. SANTIAGO RIVAS: Nosotros no somos enemigos por ser críticos. ALARCÓN: Hasta que una grabación secreta lo cambió todo. Su historia, la próxima semana.