153 - ¿Hablar del aborto?
LOCUTOR
A continuación, nuestro habitual espacio “El consultorio sexual de la doctora Miralles”.
DOCTORA
Amigas, amigos, nuevamente con ustedes y nuevamente para hablar de temas que no hablamos en casa ni en la escuela, los temas del sexo. Y hoy, siguiendo una excelente sugerencia de una amiga en el anterior consultorio, vamos a comenzar a hablar del aborto. Digo comenzar a hablar, porque este asunto tiene mucha tela que cortar. El aborto. Un problema grave, gravísimo, de salud pública. Escuchen este dato: 600 mil mujeres mueren cada año en el mundo por practicarse abortos clandestinos, en pésimas condiciones higiénicas. El aborto. Un tema que no es nada sencillo, que tiene muchos matices…
DOCTORA
¿Sí, aló?
HOMBRE
¡Ningún matiz, doctora!... Usted me perdona, pero el aborto es un crimen. Y punto.
Un crimen, un asesinato. Y no hay más que discutir.
DOCTORA
Un momento, un momento, señor. No lo diga tan rápido. Usted, como hombre que es, tal vez nunca se vio frente a un dilema tan grave...
HOMBRE
Y usted, como incrédula que es, tal vez nunca leyó la ley de Dios. Aquí no hay que dar demasiadas vueltas, doctora. Matar a una criatura indefensa es un crimen. Y punto.
DOCTORA
Claro, el problema está en saber cuándo comienza a ser criatura una criatura…
HOMBRE
¿Cómo que cuándo comienza?
DOCTORA
Le pregunto a usted que cuándo comienza a ser “humano” un ser humano.
HOMBRE
Desde el primer momento de la concepción.
DOCTORA
Es decir…
HOMBRE
Desde que un espermatozoide masculino entra en un óvulo femenino, ahí comienza a haber un ser humano, una persona.
DOCTORA
¿Usted cree?
HOMBRE
Y desde ese primer instante, Dios infunde un alma inmortal... ¿Escuchó bien? ¡Un alma inmortal! Desde el primer momento de la concepción.
DOCTORA
¿Usted está seguro de eso, mi amigo?
HOMBRE
Segurísimo. La santa madre iglesia lo enseña.
DOCTORA
Y eso quiere decir…
HOMBRE
Eso quiere decir que abortar un ovulo fecundado, desde el primer momento, es un a-se-si-na-to.
DOCTORA
Creo que usted está equivocado, mi amigo, y la santa madre también. Porque si fuese así, Dios, ese Dios que usted menciona, sería un a-se-si-no.
HOMBRE
Pero, ¿qué disparate está diciendo usted, doctora?
DOCTORA
A ver, mi amigo. Tranquilícese y respóndame: ¿quién creo la Naturaleza? ¿Fue Dios, verdad?
HOMBRE
Por supuesto.
DOCTORA
Pues entonces, como le digo, Dios y la naturaleza son asesinos, abortistas. Porque usted debe saber, y si no sabe se lo digo yo, que dos de cada tres óvulos fecundados no se implantan cuando llegan al útero, no prenden, y son expulsados con la sangre menstrual de la mujer…
HOMBRE
¿Y qué me quiere decir con eso?
DOCTORA
Que esos óvulos fecundados, según usted, ya tienen un alma inmortal… y Dios permite que sean abortados… Explíqueme eso, porque Dios sería entonces cómplice de asesinato, y todas las aguas residuales del mundo estarían llenas de almas inmortales…
HOMBRE
Mire, doctora, Dios sabrá lo que hace y por qué lo hace… Dios es infinito, incomprensible...
DOCTORA
Sí, sí, pero no se me vaya por las ramas… si Dios permite eso, Dios es abortista… Explíqueme eso…
HOMBRE
Usted, doctora... ¡usted es la abortista!… ¡Asesina!
DOCTORA
¿Se dan cuenta? Eso es lo que suelen hacer los fanáticos, los fundamentalistas, cuando no tienen argumentos, insultan y terminan el diálogo.
DOCTORA
Veamos quién llama ahora... ¿Sí?
CHICA
No le haga caso a ese dinosaurio, doctora. Como los hombres no se embarazan, dicen tonterías. Ellos no saben. Nosotras sí queremos saber y hablar de este tema.
DOCTORA
Y vamos a hablar, claro que sí. Vamos a hablar del aborto, pero tranquilamente, sin fanatismo, investigando, averiguando bien… En este tema, y en todos los temas, cada quien tiene su opinión y hay que respetarla. Yo voy a darles mi opinión también. Pero siempre con respeto. Con respeto y cumpliendo mi horario porque ya el técnico me está haciendo señas. ¡Hasta la próxima, amigas y amigos!