059 - La reina de corazones (capitulo 3/5)
La reina de corazones
ENFERMERO
El paciente está listo para el trasplante.
¿Comenzamos?
DOCTORA
Sí.
Comencemos.
NARRADORA
Roberta Jones olvidó su pasado e inició la operación.
El paciente John Brown estaba totalmente narcotizado mientras la doctora cortaba, aserraba, desencajaba y abría. Era un trabajo que requería mucha fuerza física, pero para ella era un delicado milagro, un logro de la sabiduría humana.
DOCTORA
Aspire la sangre.
Rápido. Controle la respiración…
DOCTORA
Tenía razón el pastor.
ENFERMERO
¿A qué se refiere, cuál pastor?
DOCTORA
Martin Luther King.
Él decía que todas las personas somos iguales. Aquí se demuestra.
ENFERMERA
¡Y cómo no!...
La sangre de este blanco es roja. Como la de todos los negros que pasan por esta mesa de operaciones.
DOCTORA
Bueno, sigamos…
NARRADORA
La doctora conectó al paciente a una máquina e iba trajinando de acá para allá con dos corazones diferentes.
La operación duraría unas cuantas horas y requería de una total concentración. Cualquier duda ponía en riesgo la vida de John Brown.
DOCTORA
Pinzas…gasas... hilos… ¡Uff!...
Terminamos. Vamos a cerrar.
NARRADORA
Por fin, la doctora y sus asistentes sonrieron.
Sus miradas brillaron humedecidas por la emoción. Sí, Roberta Jones ya había suturado. Había unido el corazón a sus nuevas venas.
DOCTORA
¡Perfecto!..
¡Está latiendo!
NARRADORA
La doctora Roberta Jones se encontraba agotada.
Se quitó los guantes, la bata verde empapada en sangre. Todo parecía haber salido bien, de manera que se premiaría con un cigarrillo.
ENFERMERO
¡Doctora Jones!...
¿Usted fumando?
DOCTORA
Algún vicio hay que tener, colega.
Sobre todo después de un trasplante de corazón.
ENFERMERO
Quién lo diría, gente que muere y sigue viviendo en otras vidas.
Como el muchacho ése que se machacó el cráneo en el accidente de moto.
DOCTORA
Tuvo suerte este John Brown.
El corazón del muchacho rubio de la moto sigue ahora palpitando en su cuerpo. Le salvó la vida.
NARRADORA
La doctora Jones se estremeció y apagó el cigarrillo.
Ella, la negrita despreciada y maltratada se había convertido en una excelente profesional que amaba su trabajo, tenía dos hijos buenos a los que nadie pegaba y una existencia bastante feliz.
DOCTORA
Bien, es hora de regresar a casa.
Antes, le daré una última mirada al paciente.
NARRADORA
Se colocó una bata esterilizada y entró en la sala de cuidados intensivos.
Ahí estaba John Brown, con el pecho lleno de costurones y de tubos y agujas por todas partes, derrotado y adolorido. De pronto, sintió una oleada de compasión.
DOCTORA
Señor Brown… Señor Brown… ¿Me puede oír?
NARRADORA
El hombre abrió sus pequeños ojos azules.
Parpadeó, intentó tragar una saliva que no tenía, y murmuró algo ininteligible.
DOCTORA
¿Cómo dice?
No le escucho…
NARRADORA
La doctora Jones se inclinó sobre el paciente y arrimó su oreja a la boca agrietada.
JOHN
Puta… Negra puta…