Mía jugaba en el jardín de su casa cuando encontró algo extraño: un agujero pequeño en la tierra cerca del árbol grande. Mía se acercó y miró dentro del agujero, pero no vio nada, solo oscuridad. Mía pensó: «Qué agujero tan raro. Voy a taparlo con un poco de tierra».
Cogió un puñado de tierra del jardín y lo metió dentro del agujero. La tierra cayó dentro del agujero y desapareció, como si nunca hubiera estado allí. Mía miró el agujero sorprendida y vio que el agujero seguía exactamente igual que antes, vacío y oscuro, sin ni un poco de tierra dentro. Mía pensó: «Qué agujero tan raro.
La tierra ha desaparecido dentro sin llenarlo nada».