Sin embargo, mientras Clara intentaba reparar el pasado, el presente se le complicaba cada vez más. El plazo final del banco llegó sin que hubiera conseguido reunir el dinero necesario para regularizar la deuda por completo. Una tarde de enero recibió la notificación oficial. Si no presentaba una solución concreta en menos de un mes, el embargo de las tierras y de la bodega sería definitivo.
Clara se sentó sola en la oficina vieja donde todo había empezado, mirando la c-- misma carta de despido que había cambiado su vida durante el último año. Y por primera vez en mucho tiempo, no supo si tendría fuerzas suficientes para salvar ella sola el legado completo de su familia.