RICARDO: ¿En qué puedo ayudarla?
CLARA: Me llamo Clara Rivas. Soy hija de Andrés Rivas, el dueño de la bodega donde usted trabajó hace muchos años.
Ricardo se quedó en silencio un momento, sorprendido, antes de invitarla a pasar.
Se sentaron en la cocina pequeña de la casa y Clara le contó todo lo que había descubierto durante los últimos meses: la carta de despido, el testimonio de Manuel y la verdad sobre el error que su padre había ocultado durante tantos años.
RICARDO: Han pasado veintidós años, señorita Rivas. Ya hice las paces con aquello hace mucho tiempo.
CLARA: Y a, pero yo no. Necesitaba que usted supiera que yo sé la verdad y que lo siento de corazón.