Diego se quedó mirando a Clara durante un largo rato, sintiendo una mezcla de rabia, tristeza y una extraña sensación de alivio al escuchar por fin la verdad completa que había buscado durante todo el año.
DIEGO: Entonces, mi padre nunca fue culpable de nada. Perdió todo por proteger la reputación de tu familia.
CLARA: Pues parece que sí, y lo siento muchísimo, Diego. Yo no sabía nada de esto hasta hace unos días.
DIEGO: Lo sé, Clara, pero ahora mismo no sé si puedo separar lo que siento por ti de lo que tu apellido le hizo al mío.
Diego se dio la vuelta y se alejó hacia la oscuridad del viñedo, dejando a Clara sola con la cosecha recién terminada a su alrededor y el futuro de su relación, de repente, mucho más incierto que nunca.