Como montaña, Tao tenía un tamaño enorme y una fuerza que ni el sol ni la lluvia podían vencer. Se sentía, por fin, el más poderoso de todos. Sin embargo, un día sintió un golpe pequeño, pero constante, en su base. Miró hacia abajo y vio a un picapedrero golpeando la piedra con su martillo, sacando trozos de la montaña poco a poco.
Tao pensó: "Yo tengo un tamaño enorme, pero ese picapedrero tiene el poder de romperme poco a poco con su martillo".