Una tarde, Hugo decidió quitarse el amuleto durante unos minutos, solo para comprobar qué sentía sin él. Enseguida notó un nudo en el estómago y unas ganas enormes de esconderse, como en los viejos tiempos antes del regalo de su abuelo. Asustado por esa sensación, se lo volvió a poner rápidamente, sin querer admitir del todo que quizás dependía demasiado de aquel colgante