Esa tarde, Alba volvió a casa completamente desesperada. No sabía cómo devolver la alegría a su abuela ni cómo arreglar las cosas con Bruno y con los demás compañeros. Después de pensarlo mucho, decidió tragarse el orgullo y buscar a Bruno al día siguiente para pedirle ayuda de verdad. Aunque tuviera que contarle todavía más cosas incómodas sobre su extraña colección de taros.