Esa noche, Mateo abrió el libro extraño en su habitación. Las páginas olían a algo dulce, parecido al caramelo. Sin pensarlo mucho, arrancó un trocito pequeño de una esquina. Por curiosidad, se lo metió en la boca.
Sintió algo raro en la cabeza, como si mil palabras entraran de golpe en su mente. Cuando cerró los ojos, vio imágenes de animales que nunca había estudiado antes. Se quedó muy sorprendido, sin entender todavía qué acababa de pasar.