Unos días después, Rafael vio a Mateo entrar solo en la biblioteca durante la hora del recreo. Normalmente, no había nadie. Se acercó sin hacer ruido y lo encontró con un libro abierto y un trocito de página en la mano. Mateo estaba a punto de comérselo.
Rafael se quedó completamente sorprendido y le preguntó, muy serio, qué estaba haciendo con los libros de la biblioteca.