Las clases empezaron esa misma semana, dos veces por semana, en el museo o en un parque cercano.
- Mira, así se sujeta el lápiz para las líneas suaves.
- ¿Así? Se me tuerce siempre.
- No pasa nada, al principio a todos les pasa.
Con el tiempo, empezaron a reírse más y a hablar de temas más personales. Cada encuentro terminaba con la misma sensación: querían quedarse un poco más.