Finalmente, Clara decidió confrontar directamente a su tía. Le mostró que conocía la existencia del retrato. Le preguntó abiertamente por qué había elegido vivir de una manera tan triste y aislada durante tantos años. Elvira, sorprendida y avergonzada al verse descubierta, terminó confesando todo lo ocurrido desde aquel encargo original hasta el patrón que había descubierto entre su felicidad y el envejecimiento acelerado del retrato.
Clara, conmovida por la confesión, le preguntó entonces con firmeza: ¿De qué sirve conservar la juventud para siempre si renuncias a cambio a vivir realmente tu propia vida? Aquella pregunta se quedó resonando en la mente de Elvira durante muchas noches posteriores. La obligó a replantearse por completo las decisiones que había tomado.