Con el paso de los meses, Iván notó que el peso mágico del anillo sobre su dedo empezaba a disminuir gradualmente. Era como si el objeto reconociera que las tres promesas se estaban cumpliendo no ya por obligación forzosa, sino por un compromiso genuino y sostenido en el tiempo. Su hermana, ya completamente recuperada de su crisis de salud, observaba con asombro y orgullo cómo su hermano había logrado transformar completamente su vida en torno a aquellas responsabilidades. Se había convertido en una persona mucho más generosa y comprometida de lo que había sido incluso antes de encontrar el misterioso anillo en el taller de su difunto maestro.