El dueño de la sala era un hombre mayor que vivía en el mismo edificio. Le dio a Carmen una llave y le dijo que podía ir cuando quisiera. Sin embargo, era mejor avisar con un día de antelación. También le dijo que guardara bien la llave, porque era la única copia que había.
Carmen es una persona responsable, pero reconoce que tiene un problema con las llaves: las pierde con frecuencia. Las deja en sitios que luego no recuerda. Por eso decidió dejar una copia en algún lugar seguro fuera de casa.