Entré en casa y cerré la puerta muy fuerte. Fui al baño y me miré en el espejo. Mi cara era mi cara, mis ojos eran mis ojos, pero había algo raro. Mi pelo estaba mojado; mis zapatos también estaban mojados.
Yo no había salido a la calle. No había llovido dentro de casa. Miré el suelo. Había gotas de agua desde la puerta hasta el baño: gotas pequeñas, gotas oscuras.
Seguí las gotas. Salían de mi armario. Abrí el armario. Dentro estaban mis zapatos viejos, los zapatos que tiré el año pasado.
Y estaban mojados. Y dentro de un zapato había una nota. Decía: «Yo también vivo aquí».