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El Norte, El Norte Episodio 20

El Norte Episodio 20

Pero de pronto, vió en la oscuridad, en la esquina una silueta sentada en el sillón. La silueta se levantó y se le acercó a ella:

Enrique---Rosita.

Rosa---¡Enrique! Soñé que estaba en San Pedro, completamente sola, por el río y gritaba tu nombre, pero vos no estabas. Te habías (you had) ido.

Enrique---Pero, estoy aquí, Rosita. ¿No ves? Vos sos la única familia que tengo. ¿Cómo te voy a dejar?

Rosa---También soñé que estábamos comiendo en un restaurante y nos gritaron y nos dijeron, “Este lugar no es para ustedes”. Y esta vida que tenemos es como mi sueño, Enrique. En Guatemala, no hay un lugar para nosotros. Nos quieren matar. En México, solo hay pobreza y hambre. Allá tampoco hay un lugar para nosotros. Y aquí en el norte, no somos aceptados, pues. Talvez, solamente, después de muertos, habrá un lugarcito para nosotros, Enrique.

A Enrique le salieron unas lagrimitas (tears) de los ojos, pero se puso fuerte y habló:

Enrique---Sí. Rosa. Es verdad. La vida aquí es muy dura. Hay que trabajar muy duro. Pero también hay oportunidades para superarse. Claro, es bastante sacrificio, pero uno sí puede subir si insiste e insiste. Mirá, Rosita. Ya vas a ver que vamos a tener buena suerte. Vamos a seguir trabajando y ahorrando, y algún día, regresaremos a San Pedro, con mucho pisto (dinero) Las cosas se compondrán (will get better) Ya verás, hermanita. Y cuando lleguemos a San Pedro, la gente nos mirará con envidia (envy) La cosa es seguir adelante y no perder la fe. ¿Entendés, Rosita? Eso es. Hay que tener fe.

De pronto, Rosa cerró los ojos y soltó un largo suspiro. Enrique se acercó y le levantó la cabeza y le gritó su nombre, pero Rosa ya no respondía. Su hermano, entonces, se metió la cabeza en el vientre de Rosa y le comenzó a temblar el cuerpo. Se quedó abrazando a su hermanita un buen rato…..

Fin De Escena:

Capítulo XXXXII:

Enrique llegó a Lazy Acres Hotel a las tres de la mañana, entró a la cabaña y se echó (layed down) en la cama sin quitarse la ropa y sin bañarse. Se quedó dormido apenas (as soon as) tocó la almohada.

A las cinco y media, se levantó, fue al lavatorio, se lavó la cara, fue al comodín y sacó el sombrero. Era el sombrero de su papá. Se quedó un ratito, talvez un minuto mirando y tocando, contemplando el sombero y a un final (and then, finally) se la puso y salió caminando de la cabaña al parqueo donde estaban los otros brazos fuertes, muertos de hambre esperando la llegada de los búfalos. Cuando llegó el primer camión, Enrique le empujó a otro hombre para ponerse adelante.

Búfalo----¡A ver! ¡A ver! ¡A ver! Necesito cinco hombres con brazos fuertes!

Enrique---¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo tengo brazos fuertes! ¡Llévame a mí!

Búfalo---¡Súbete, Buey!

Y, entonces, Enrique subió al camión al lado de varios hombres… hombres de México, Guatemala, de pequeñas aldeas de Honduras, del Perú, Bolivia, Colombia y quién sabe de qué otros lugares que habían abandonado.

El camión los dejó a Enrique y a sus otros compadres brazos fuertes en la construcción. El “mojado” bajó a la trinchera con su pala (shovel) y se puso (started) a trabajar y a sudar (sweat) ……

A las siete de la noche, los obreros, los toros, salieron de las trincheras y subieron a los camiones que pronto los llevarían (would take) de regreso a East Los Angeles. Era una noche clara con Kinich-Ahau en todo su esplendor que alumbraba (lit up) todo el paisaje, la tierra y el cosmos. Enrique se quedó mirando (stared) aquel (that) disco plateado (silvery) que de pronto se convirtió en la cara de su padre, Arturo.

Enrique sentía un poco de escalofrío, y sentía algo medio raro en las manos….

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