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El sueno de Jorge (Graded Reader), Capítulo 3. La ciudad

Capítulo 3. La ciudad

Me llamo Jorge Campos, tengo 17 años y hoy, por primera vez en mi vida, subo a un tren yo solo. El aeropuerto de Barcelona es grande, pero todo está bien indicado. Sigo los carteles que dicen “Trenes”, compro mi billete en una máquina de color naranja. Todo va bien. Mi padre no está, en este momento vuela hacia México. Yo estoy nervioso, solo ante el mundo, pero recuerdo sus palabras antes de subir al avión:

—Jorge, tienes 17 años, eres un joven, no un niño. Ahora es el momento de olvidar tus miedos y caminar con paso fuerte.

Y eso hago ahora, camino con paso fuerte hacia el tren.

El viaje no es largo, solo media hora. Veo los suburbios de la ciudad, los campos y las carreteras que hay cerca de Barcelona.

Pienso en nuestra conversación de ayer por la tarde, en casa de Quique, mi entrenador:

—¿Te vas por la mañana, Juan?

—Sí, tengo el vuelo a las 10 de la mañana.

—¿Vas al aeropuerto con tu padre, Jorge? — dice Berta.

—Sí, para despedirle —contesto muy triste.

—¿Nos vemos a las 11 en la Plaza de Cataluña? Desde el aeropuerto hay un tren hasta allí.

—Sí, pero no entiendo muy bien los trenes...

—Jajaja —se ríe mi padre—. No entiendes los trenes porque no tomas trenes. En realidad tomar un tren es muy fácil: ¡compras un billete y subes!

Todos se ríen, yo también, pero en realidad siento miedo. Estar solo, trenes, metro, calles, gente… ¡y una chica! Son muchas cosas nuevas y no sé si estoy preparado.

—Berta, ¿puedes darme tu número de teléfono? —digo yo al despedirnos.

—Claro: 710 59 67 88.

Regresamos a La Masía, mi padre prepara la maleta y nos invita a cenar a mis nuevos amigos y a mí. Explico a Raúl, Javi y Pedro mi cita del día siguiente con Berta.

—¿Qué? ¿Una chica? ¡Qué suerte! —me dice Javi.

Pienso en Berta y siento muchos nervios… Es mi primera cita. Bueno, no sé si es una cita de verdad o solo es una chica amable que ayuda a un chico nuevo en la ciudad.

Yo pienso que es mi primera cita; siento los nervios de las primeras veces e intento parecer guapo: llevo unos pantalones vaqueros nuevos, una camisa de cuadros rojos y negros, cazadora de cuero negra y zapatillas deportivas negras. Mi aspecto es un poco rockero, así soy yo cuando no llevo ropa de deporte.

Bajo del tren y veo sus grandes ojos entre la gente. Ella también lleva vaqueros, una blusa blanca, una chaqueta naranja muy grande y unas botas marrones.

Me saluda con la mano y se acerca.

—Buenos días, Jorge, ¿cómo estás? ¿muy triste?

—Bueno, un poco, es extraño estar aquí sin mi padre —contesto.

—Claro, es normal, pero hoy nos divertimos, ¡seguro! —dice alegremente.

—¿Dónde vamos? —pregunto con una sonrisa.

—¡Por todas partes! —responde entre risas.

Caminamos por una calle muy grande y famosa, el Paseo de Gracia. Hay mucha gente, ¡gente por todas partes! Algunas personas son de Barcelona o conocen bien la ciudad, lo sé porque caminan decididos, saben a dónde van. Pero mucha gente camina despacio, no tiene prisa, y va mirando los edificios y los escaparates de las tiendas.

—Esta calle va hasta el barrio de Gracia —me explica—. Es un barrio muy bonito y típico de la ciudad. Hay muchas tiendas y restaurantes.

Pero nosotros no vamos a Gracia, vamos a visitar las casas del famoso arquitecto Antonio Gaudí en el Paseo de Gracia: La Pedrera y la Casa Batlló.

—No puedes vivir en Barcelona y no conocer a Antoni Gaudí —dice Berta—, su obra es maravillosa y vienen turistas de todo el mundo a verla.

—¿Ah sí? ¿Y él vive en Barcelona? —pregunto yo.

—Ya no, ¡está muerto desde 1926! —me contesta entre risas.

—Bueno, de verdad no sé nada de arte —y mi cara se pone muy roja.

—No pasa nada, ver las obras de arte es una manera perfecta de aprender.

—La Pedrera es una obra muy famosa de Gaudí —me explica Berta —. Su nombre real es Casa Milà, por su propietario, el señor Pedro Milà.

Ante mí hay un edificio diferente a cualquier otro. Su fachada es ondulada, me recuerda a las olas del mar.

—Gaudí diseña este edificio pensando en elementos de la naturaleza, ¿ves el suelo de la entrada? Hay dibujos de animales del mar.

—Es precioso, ¡una casa de cuento de hadas! — digo con la boca abierta—. Los balcones parecen plantas de la selva, ¿verdad?

—¡Sí! Las formas de la naturaleza están por todas partes. Las obras de Gaudí son muy diferentes por ese motivo, es el primer arquitecto que diseña así. Y este estilo se llama modernismo.

—¿Y aquí vive gente? —pregunto.

—Ahora mismo solo hay un apartamento ocupado. El resto del edificio es un gran museo. Cada año vienen a verlo un millón de personas.

—¿Qué? ¡Eso es mucha gente!

Después de visitar La Pedrera, bajamos otra vez por el Paseo de Gracia y nos paramos ante otro edificio impresionante: la casa Batlló.

—Otra vez la naturaleza por todas partes, ¿lo ves? —me dice Berta.

—Sí, hay muchos colores, muchos brillos.

Visitamos uno de los apartamentos, el de la familia Batlló. Los muebles de madera de formas increíbles, las ventanas con cristales de colores, las formas onduladas…

—¿Ves Jorge? —me dice Berta—, no hay dos formas iguales, nada se repite.

—En la naturaleza también es así —digo pensativo.

—Exacto —me mira sorprendida—. No te gusta el arte, pero eres un buen observador.

—Bueno, esto sí me está gustando. Además, mi guía es excelente… y muy guapa —esto último lo digo muy tímido. Berta me mira y me sonríe.

—Mira arriba —me dice Berta al salir otra vez a la calle—, el tejado representa un dragón y esa cruz es la espada de San Jordi, el patrón de Cataluña. “La leyenda de San Jordi cuenta la historia de un caballero, un dragón, una princesa y su pueblo.

El malvado dragón ataca cada día un pequeño pueblo. Sus habitantes tienen mucho miedo y cada día le dan dos ovejas para comer. Pero las ovejas se acaban, se acaban todos los animales del pueblo. Entonces cada día hacen un sorteo entre todas las personas y dan de comer al dragón a la persona elegida. Un día la suerte se decide por la princesa, la hija del rey. Pero llega al pueblo un caballero misterioso para salvar a la princesa y a todo el pueblo del terrible dragón. San Jordi mata al dragón y de su sangre nace en el suelo una planta de rosas, un rosal. San Jordi regala a la princesa una rosa y ella le da a él un poema. Desde entonces, el día de San Jordi, el 23 de abril, todos los enamorados regalan una rosa a sus mujeres y ellas les regalan un libro”.

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