Perdidas (2)
Recuerden que estaban en una ladera y era bastante empinada: más que caminar, se deslizaban hacia abajo.
Claudia estaba unos tres metros más arriba, buscando un lugar seguro donde quedarse. Lo encontró y dejó su cartera y su bolsa de nylon. Intentó ir a donde estaba Mónica, pero ya no se veía casi nada, entonces se sujetó a otro árbol para no deslizarse. Por miedo a caerse se quedaron ahí y muy pronto se hizo completamente oscuro.
LÓPEZ: Y, bueno, esa noche la tuvimos que pasar 11 horas sentadas, cada una, en un tronco.
VARGAS: Mónica tenía su celular, pero el de Claudia no lo encontraron hasta que se activó la alarma, cerca de las 12 de la noche. Aparte de las luces de estos dos aparatos, fueron 11 horas de oscuridad
LÓPEZ: No veía nada y con muchísimo frío. Teníamos una remera, nada más. Y, bueno, la verdad que sí, el frío se sintió, porque como estábamos sentadas las dos y no teníamos mucha oportunidad de… de movernos, el frío, ¿viste?, que se te va metiendo en los huesos.
LÓPEZ: Y, bueno, en toda esa situación, este, tratamos de, cada una, de ver cómo podía sostenerse emocionalmente. Y estuvimos conversando mucho, viendo la forma de que el frío no nos... no nos ganara, no nos venciera. Nos sacudíamos los brazos, las piernas. Hablábamos entre nosotras. Cada hora que pasaba me decía: “Son las… son las 12. Es la una. Son las dos…”.
VARGAS: Son las tres. Son las cuatro. Me imagino esa noche y me cuesta entender cómo sobrevivieron. Dos mujeres ya mayores, balanceadas de manera tan precaria, al borde de un barranco, inmovilizadas, en la oscuridad casi total. ¿En qué pensás en esos momentos? O mejor dicho, ¿qué hacés para no pensar en la urgencia de la situación? Pues, en el caso de las hermanas López…
LÓPEZ: Recordamos cosas de chicas, de vacaciones, del colegio, boludeces de novios, peleas que habíamos tenido nosotras de chicas, cosas de la actualidad que por ahí, por... también por una cuestión de tiempo no nos habíamos contado. Así. El tema que surgiera. Era cualquier cosa.
VARGAS: Es decir, se refugiaron en el pasado. En recuerdos. Una manera de sobrevivir. Pero no pudieron ignorar por completo las circunstancias en las que estaban.
LÓPEZ: Porque sentíamos ruidos de todo tipo que no los podíamos reconocer y que pensábamos que eran animales o que eran, no sé, cualquier cosa que pudiera, este, acercarse a nosotros.
Nos estábamos preguntando, cuándo se sentía un ruido, después de un silencio importante: “Este, ¿estás bien? ¿Estás ahí? ¿Sos vos la del ruido?”. Y siempre teníamos algún motivo para… para hablarnos, ¿no?
VARGAS: Ya en la madrugada, antes de que saliera el sol...
LÓPEZ: Dormimos por segundos, por ahí nos… yo bajaba los párpados y... y… pero tenía siempre la sensación de que me podía deslizar, de que me podía quedar dormida y perder el… el sostén de donde estaba.
VARGAS: Y caer por el barranco. Era un peligro inminente. Pero moverse de ahí no era una opción tampoco. Estaban atrapadas por la oscuridad. A ratos se les dormían partes del cuerpo, pero eran incapaces de moverse mucho. No habían comido nada, solo habían tomado un poco de agua.
Fue una de las noches más duras de sus vidas.
ALARCÓN: Y así llegaron hasta el amanecer.
Una pausa y volvemos.
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ALARCÓN: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa conocimos a Claudia y Mónica López, dos hermanas que andaban de turistas por la provincia de Tucumán, Argentina. Durante su viaje, se fueron a ver una cascada en medio del bosque y se perdieron en el camino de vuelta. Al llegar la noche, Claudia y Mónica quedaron atrapadas entre una ladera muy empinada y un barranco imposible de bajar. Pasaron 11 horas agarradas de unos árboles en total oscuridad.
Entonces llegó la mañana del lunes. Ya llevaban más de 15 horas en el bosque y apenas habían tomado un poquito de agua.
Luis Fernando Vargas nos sigue contando.
VARGAS: Con la luz del día pudieron salir de esa zona empinada que daba con el barranco. Lograron llegar a un lugar más plano, donde había menos vegetación y más sol. Ahí tomaron un poco de agua. Poca, porque recordemos que solo llevaban una botella de medio litro. Y si bien confiaban en que iban a lograr salir en unas pocas horas, en el fondo también empezaban a temer lo peor. Comieron un poco de lo que llevaban: algunas nueces y medio paquete de bizcochitos.
LÓPEZ: Los bizcochitos y las nueces comimos porque sabíamos que algo teníamos que comer. Lo único que queríamos era irnos de ahí. Hambre no teníamos. Incluso hasta nos sobraron bizcochitos, mirá vos. Pero las nueces no, eh, las comimos todas.
VARGAS: Ahí descansaron un rato después de la noche tan dura que habían vivido. Claudia intentaba mantener la calma y transmitirle serenidad a su hermana.
LÓPEZ: Yo por lo menos no quería ponerme a pensar en nada. Simplemente en estar bien. Simplemente en estar atenta y en estar en… acompañando a mi hermana para poder, este, ser las dos… y una ayudándose a la otra.
VARGAS: Pero a veces, claro, tenía pensamientos negativos.
LÓPEZ: Pequeños momentos en donde aparecía el hecho de decir: “No me quiero morir congelada acá”. O... o pensando, “Uy, ¿qué puede pasar si me caigo, si me lastimo, si tengo fiebre?”. Sí, sí, pero eran segundos, segundos. No... no continuábamos con esos pensamientos, porque sabíamos por experiencia que el pensamiento es lo que hace que las emociones surjan y las emociones, este, a veces no nos ayudan. Hay que manejarlas con el pensamiento también.
VARGAS: Mónica, por otro lado.
LÓPEZ: Yo analicé toda mi vida. En las cosas que me equivoqué, en las cosas que acerté. Es ponerte a pensar que uno se pelea por estupideces, que hace diferencia por idioteces, que te dejás de hablar porque, eh, por ahí estás apurado para ir al trabajo en vez... entonces, en vez de contestar un mensaje decís: “Bueno, después escribo”, y ese después no llega nunca. Y vos decís: “Qué al pedo todo, ¿no?” Porque la vida se te va en un segundo y… y uno hace cuestiones por… por pavadas, pero por pavadas, Luis.
Y veces es una pena que uno tenga que pasar una cosa así para realmente hacer un… un juicio de qué es lo que estás haciendo, dónde estás parado y hacia dónde vas.
VARGAS: Con todo eso en la cabeza, se le ocurrió grabar un video para sus hijos. Se los enviaría por WhatsApp.
LÓPEZ: Mi humilde pensamiento fue: “Bueno, si en algún momento hay señal, que les llegue el video para que ellos estén tranquilos”.
VARGAS: Y ese fue el video que escuchamos al inicio.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
LÓPEZ: Les vamos a contar una historia. Son 8 y 20 de la mañana y nosotras estamos metidas en este bosque hermosísimo desde ayer a las dos de la tarde.
LÓPEZ: En realidad Mónica siempre usa el humor como una estrategia para poder salir adelante de las situaciones que son críticas, angustiantes, para no quedar en... con esa… esas emociones, ¿no?
VARGAS: Y aquí el humor servía también para hacerles creer a sus hijos: “Esto no es nada serio”. Aunque lo fuera
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
LÓPEZ: Dormimos en el bosque.
LÓPEZ: En la selva Tucumana.
LÓPEZ: Colgadas de dos árboles.
LÓPEZ: Sí, señor.
LÓPEZ: Es quizás la única fortaleza que tenga. Es como un escudo, ¿viste? El humor.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
LÓPEZ: Todo lo demás bien. Llegamos, nos sacamos la foto, bla bla bla bla. Cuando salimos de ahí no sabemos qué hicimos. Agarramos alguna curva de las piedritas que no correspondía y nos fuimos a la reverenda concha de la lora.
Tranquila no estaba. El video tal como me ves es como soy yo estando bien. Yo soy de joder, de… de putear, de hacer chistes, de... soy de hacer sorpresas, y qué sé yo. Así. Entonces quería que me vieran tal cual soy para que ellos aparte, eh, de escuchar mi voz, que los tranquilice, me vean que estoy bien.
VARGAS: Y bueno, claro, aprovechar para pedir ayuda.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
LÓPEZ: Así que, chicos, Dios quiera que alguien mande este maravilloso mensaje y nos vengan a rescatar. Porque queremos volver. Estamos cagadas de frío.
LÓPEZ: Queremos volver. Agradecidas de que hayamos pasado porque lo pasamos bien.
LÓPEZ: Pero ya está.
LÓPEZ: Pero ya está, no es para repetir. No es para repetir
LÓPEZ: Así que, bueno, los amamos, a todos.
LÓPEZ: Exactamente, los amamos.
VARGAS: Y cuándo le pregunté cómo se sentía cuando grabó el video, Mónica me dijo:
LÓPEZ: No te voy a contar cómo estaba ni antes ni después del video. Eso me lo guardo para mí.
VARGAS: Me sorprendió que me contestó casi todas las preguntas, pero esta no. Lo interpreto así: que fue duro y quizá ese fue uno de los momentos más complicados.
Con el video grabado, esperando que en algún momento hubiera señal y se enviara, decidieron seguir buscando la salida.
LÓPEZ: Nos parecía que la solución, la cuestión estaba para abajo. Pero, bueno, nos volvimos a encontrar con pendientes y… y tuvimos que volver a subir. La subida era muy complicada porque bajábamos de cola, pero subir, había que subir trepando. Y, bueno, nos ayudábamos con lo que podíamos. Encontrábamos lianas, encontrábamos, este, siempre algo para ayudarnos. Y cuando estábamos muy cansadas, descansábamos.
VARGAS: Horas y horas caminando.
LÓPEZ: Yo salí más lastimada de mi hermana... que mi hermana, porque era como que yo tomaba la delantera en las subidas y las bajadas. Así que me tragaba todos los palos, todas las piedras. A mi hermana un poco como que le allanaba el camino, ¿viste?
VARGAS: Mientras buscaban la salida, Mónica dice que ambas empezaron a tener alucinaciones.
LÓPEZ: Ay, no sabes, vimos de todo. Vimos personas. Vimos vacas. Vimos caballos, este, vimos mariposas, de todo. Entonces yo decía… le decía a mi hermana —mirábamos hacia abajo y veíamos vacas, caballos, gente— y le digo: “Clau, ahí está”. Le empezábamos a gritar como locas, ¿no?
VARGAS: Claudia también veía una especie de estructura de madera y un pasillo que llevaba a una escalera. Pero Claudia le decía a Mónica que cerrara y volviera a abrir los ojos.
LÓPEZ: Y yo cerraba los ojos, los abría y no había nada.
VARGAS: Era una desesperación enorme.
LÓPEZ: Y después volví a ver cosas y yo le decía a mi hermana: “Ahora no los voy a cerrar”.