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Radio Ambulante, Los 43 + 11 (1)

Los 43 + 11 (1)

Daniel Alarcón: Hola, soy Daniel Alarcón, productor ejecutivo de Radio Ambulante.

Antes de comenzar quiero agradecerles por bajar este podcast. Con esta historia arrancamos nuestra temporada 2015, y tenemos grandes planes. El año pasado nos escucharon más de un millón de veces, con oyentes en más de 100 países. Ganamos el Premio García Márquez por Innovación periodística, y logramos producir historias de países como Venezuela, Cuba, y República Dominicana, donde antes no habíamos llegado. Todo eso está bien, pero este año tenemos metas aún más grandes. Más historias, más voces, más investigación. Queremos conocer aún mejor a nuestra región, y vamos a estar pidiéndoles ayuda a ustedes, nuestros oyentes. Mándennos sus ideas para crónicas, para personajes. Cuéntenos lo que les interesa, y lo que esperan de este podcast. Estamos en Twitter y Facebook, y nos pueden escribir a contacto@radioambulante.org. Y si les gusta lo que hacemos, recomienden nuestro podcast a sus amigos. Esa es la mejor manera de ayudarnos.

Esta temporada contamos con el apoyo generoso de dos fundaciones, y quiero agradecerles por nombre. La fundación de Sara and Evan Williams y Fundación Panta Rhea. Estamos muy agradecidos.

Quiero mencionar también a nuestro patrocinador, MailChimp. Más de siete millones de personas y negocios en todo el mundo usan MailChimp para enviar sus correos electrónicos y anuncios. Radio Ambulante, por cierto, es uno de ellos. Para conocer más, visiten mailchimp.com.

Okey. Aquí va nuestro episodio.

—–

Laurence Maxwell: Yo he caído detenido en marchas antes acá en Chile, y la policía pues te llevan a comisaría, pasai ahí unas tres horas y después te sueltan.

Daniel Alarcón: Este es Laurence Maxwell. Y este arresto no fue en Chile, sino en México. Y esta vez, no fue tan simple. Para comenzar, no lo soltaron.

[Música]

Laurance Maxwell: Todo eso fue un proceso de shock, ¿no?, como de mucha intensidad emocional que de la cual me ha costado recuperarme hasta ahora.

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Hoy, Los 43 + 11. La historia de Laurence Maxwell y la justicia mexicana.

Ahora, para contextualizar esto, para entender bien quién es Laurence, hay que saber que en los años 80 fue dirigente estudiantil en Chile, un tipo muy carismático, muy aguerrido, muy respetado. Su activismo surgió en un momento en que la dictadura de Pinochet se comenzaba a tambalear. Se escuchaban voces cada vez más fuertes contra el gobierno y una de esa voces era la de Laurence.

Pero esta historia, como ya dijimos, no está ambientada en Chile.

Nuestro productor es Dennis Maxwell, el hermano menor de Laurence. Aquí, Dennis.

Dennis Maxwell: Yo siempre admiré a mi hermano. Me acuerdo bien de un día, cuando yo tenía 13 años, que lo vi en un periódico local. Era después de la toma de un liceo. Quizá era la portada, ya no me acuerdo. Aunque llevaba un pañuelo sobre la cara, lo reconocí. Aparecía en la puerta del colegio. Se veía el portón abierto y, detrás de él, a varios estudiantes. La foto fue tomada por encima de las espaldas de los policías. Se veían los ojos de Laurence, parado ahí, firme, detendiendo la entrada de los policías.

[Música]

Cuando se acabó la dictadura, en el 89, mi hermano ya no se metía tanto en política. Se dedicó a estudiar. Primero economía, pero no acabó la carrera. Luego filosofía, que tampoco terminó. Cuando finalmente se graduó de sociología, yo estaba viviendo en Estados Unidos. En San Francisco, California.

Y cuando pasó todo lo que les voy a contar, Laurence también se había ido de Chile. A México, a hacer lo que más le gustaba: estudiar, ser creativo, hacer música. Se fue al DF, a la famosa UNAM, primero a hacer una maestría y luego un doctorado en Letras.

Yo estaba en mi trabajo un viernes de noviembre del año pasado, en el 2014, cuando recibí un correo de un amigo en Chile:

Hola Dennis, espero que estés bien. Te escribo porque me llegan noticias desde México de que tu hermano fue detenido el día de ayer en el contexto de las movilización en el Zócalo del D.F., aún no hay claridad si es algo grave o no…

Dennis Maxwell: Las movilizaciones a las que se refería el email eran una marcha en solidaridad con los 43 estudiantes de Ayotzinapa, atacados y desaparecidos por la policía. Por el estado.

Noticiero: Nada se sabe de los 43 normalistas desaparecidos…Una noche violenta e inenarrable que terminó con seis muertos…eso fue un hecho en que se registró tras ser agredidos, baleados, y perseguidos por policías que ademas asesinaron a seis jóvenes, mientras otros 25 resultaron lesionados…

Manifestación: ¡Sabemos que ellos estan vivos!

Dennis Maxwell: Ese acto de violencia salvaje y arbitraria había desatado ola tras ola de manifestaciones en contra del gobierno. La noche de su arresto, Laurence había llegado al centro de la ciudad de México, a unas cuadras del Zócalo, para participar en la marcha. Se encontró con cientos de miles de manifestantes. Estaba amarrando su bicicleta a un poste, cuando de pronto se acercaron un grupo de policías.

[Música]

Laurence Maxwell: Entonces, ya, dije, “bueno, lo que uno puede hacer aquí es tratar de salir caminando lo más tranquilo posible…supongo que no va a pasar nada”, ¿no? Trato de caminar, camino unos 3, 4, 5, 10 pasos quizás, y siento que un policía, como el que estaba a cargo al parecer de la operación, dice “agarrenlo a él también”.

Dennis Maxwell: Con golpes y amenazas se lo llevaron. Le taparon la cara con la gorra de su chamarra, y lo arrastraron por todo el Zócalo.

Laurence Maxwell: Me decían “aquí te chingaste cabrón, ahora sí nos toca a nosotros, ahora vas a ver,” o “vas a terminar en la cárcel”, o, no sé, como “terrorista” me decían, “delincuente”.

Dennis Maxwell: Los policías que primero lo agarraron eran locales, del DF, y al otro lado del Zócalo, se lo entregaron a la policía federal. Ahí, los federales, juntaron a Laurence con 10 detenidos más, 7 hombres y 3 mujeres que él jamás había visto.

Laurence Maxwell: Yo hasta ese momento, digamos, no veía la seriedad del asunto hasta que nos llevan a la SEIDO.

Dennis Maxwell: La SEIDO. La Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada. Aquí es donde el estado mexicano había detenido a algunos de los narcos más pesados de su historia. El alcalde de Iguala y su esposa, los presuntos responsables por las matanzas de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, habían estado en estos mismos calabozos solo unas semanas antes.

La SEIDO era una alerta de lo que le esperaba a mi hermano y a los otros detenidos. Todo indicaba que no iba a ser una detención normal. En cuestión de unas horas, las autoridades ya estaban comentando en los medios sobre los supuestos criminales peligrosos que habían capturado en una marcha.

Noticiero Televisa: Secretario, esto… va ser una larga noche, supongo, ¿no?

Miguel Ángel Osorio Chong: Bueno existen detenidos, y llama la atención que dentro de ellos y de los que actuaron con mayor determinación de estos hechos violentos es un extranjero.

Dennis Maxwell: Este es Miguel Ángel Osorio Chong, el actual secretario de gobernación en México, en una entrevista que salió en Televisa. Y el extranjero al que se refiere, es mi hermano.

[Música]

Dennis Maxwell: Esa noche y al día siguiente, mi hermano y los otros 10 detenidos fueron interrogados una y otra vez. A Laurence le tocó con mayor intensidad, en parte porque no era mexicano. Según el policía que lo interrogó, mi hermano, como extranjero que era, no tenía derecho a involucrarse en la política mexicana. “Tú viniste a sembrar caos, a hacer desorden, eres terrorista”, le decían. «¿Por qué mierda te fuiste a meter a esa marcha?»

Laurence Maxwell: Le dije, «Mira, yo sentí que era una responsabilidad ética, una responsabilidad moral asistir a esa marcha a pesar de que yo sé que soy extranjero porque el problema de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no es un problema local, ¿ya? es un problema de la humanidad toda y si uno tiene un poco de sensibilidad pues tendríamos que haber estado todos en esa marcha», ¿no? Entonces me dijo: “Mi esposa, por ejemplo, no fue a esa marcha”. Yo le dije: “Bueno, pues mal por ella. Eso no habla bien de su esposa…” Y ahí me empezó a gritar: “¡Eres un estúpido, eres un imbécil, llévenselo de aquí…!”

Dennis Maxwell: Ese fue el primer interrogatorio. Pocas horas después, le entregaron a Laurence y a los otros detenidos un papel donde estaban enumerados sus cargos:

Laurence Maxwell: Terrorismo, asociación ilícita para la consecución de actos terroristas, intento de homicidio, motín, y asociación delictuosa.

Dennis Maxwell: Eran cinco cargos graves, los cuales podrían significar décadas de cárcel.

Laurence Maxwell: Entonces ahí empiezo a sospechar de que esta cosa puede ponerse cada vez más negra, ¿no? Se puede poner cada vez más complicada.

Dennis Maxwell: Yo, en San Francisco, ya estaba bastante preocupado.

Después del arresto de Laurence, me pasé horas llamando a amigos, a abogados, a periodistas, tratando de entender qué es lo que estaba pasando. Fueron momentos surreales, y serían los primeros de varios.

Mientras tanto, en la SEIDO, a mi hermano y a los de demás detenidos los hacían pasar por una serie de exámenes: de sangre, de orina, de escritura. Les grabaron la voz, y hasta les hicieron exámenes de trazas, de esos que hace la policía para ver si tienes rastros en tus manos de manipulación de explosivos.

Laurence Maxwell: Tenían como una directriz, no sé de quién, del gobierno, me imagino, ¿no?, de tomar pocos detenidos, ¿no? , y a esos detenidos imputarles cargos fuertes. Entonces a nosotros, los 11 que nos toman en distintos lugares del Zócalo, en distintos momentos, nos acusan de ser un grupo, ¿no?, un grupo coordinado.

[Música]

Dennis Maxwell: Y es que la historia que estaban armando las autoridades era realmente absurda. A los once los acusaban de estar inspirados por el Unabomber, el terrorista estadounidense de los años 90. Según el expediente, los detenidos gritaban “Muerte a Peña Nieto”, “Muera el PRI”, y otras frases parecidas. Que se decían “compa,” como si usar esta palabra tan común fuera prueba de algo.

En la SEIDO, los policías lo obligaron a dar una declaración, en la que no se le permitió tener un abogado personal, pero sí la presencia del cónsul chileno, el Sr. José Jaliliye. La participación del cónsul resultaría fundamental. A diferencia de los otros detenidos, Laurence no estaba solo.

Firmó un papel, reconociendo que se le informó de los cargos en su contra, y al poco tiempo les anunciaron que los cargos de terrorismo y asociación para el terrorismo se habían descartado. En el calabozo, Laurence y los otros 10 celebraron. A lo mejor iban a salir pronto.

Horas después, llegaron unos agentes vestidos de civil.

Laurence Maxwell: Nosotros pensamos que era para que nos dieran la libertad, ¿no? Y nos empiezan de nuevo a esposar, nos ponen frente a una pared, y vemos que hay un grupo que no habíamos visto antes de civiles, de civiles armados, así con armas largas, que les dicen “ya, ustedes se hacen cargo de ellos ahora”.

Dennis Maxwell: Estos agentes estaban muy borrachos, y muy agresivos. No los iban a soltar.

Laurence Maxwell: En ese momento, volvió a derrumbarse toda la esperanza, toda la… que nos habíamos hecho de salir -y nos meten en una camioneta, en una van grande que no tiene ningún logo, ninguna marca, nada oficial.

Dennis Maxwell: Y los sacaron de la SEIDO, sin avisarle a nadie, ni a los abogados, ni al cónsul chileno, ni a los detenidos mismos.

Delante de la SEIDO había un plantón de gente pidiendo la libertad de Laurence y de los otros. Por eso los agentes los obligaron a salir con sus cabezas agachadas, entre las piernas, para que nadie los viera.

[Música]

Dennis Maxwell: Los detenidos iban en los asientos de atrás. Ya no eran 11, sino 8, los hombres. A las 3 mujeres las habían separado del grupo.

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