Apartamento en la Costa Brava, p. 16
Apartamento 112. 06.00 h.
Pepa y Loli están muy, muy cansadas. Demasiados combinados, demasiado baile y demasiados orientales. El laxante que tomó Álvaro está haciendo efecto y el pobre hombre en estos momentos prefiere encontrar un váter antes que su querida bolsa. Al llegar al apartamento, Pepa y Loli se echan en el sofá-cama donde duerme Raúl. Álvaro entra en el baño. Mercè está dentro, lavándose las manos. Álvaro, sin tiempo para preguntarse quién es esa señora, la echa fuera de un empujón y cierra la puerta.
− ¡Pepe! − grita Mercè −. ¡No me empujes! ¡Hay que ver qué prisas! Te pasas la vida en el baño. Claro, comes tanto... Yo, en cambio, pobre de mí... − Mercè vuelve a su cama, donde Pepe sigue durmiendo.
Todos duermen menos Álvaro, que se ha pasado más de media hora en el váter. Cuando sale, en el salón-comedor las dos chicas y Raúl duermen en el sofá. Álvaro abre otra vez la maleta de Raúl y saca todo lo que hay dentro. Lo que él busca no está allí. Luego va al dormitorio. La anciana, que estaba antes en el baño, ahora está durmiendo junto a otro anciano. ¿Quiénes son? ¿Qué hacen en el apartamento? ¿De dónde han salido? No lo sabe, pero tampoco le importa. Abre la maleta de Loli y saca toda la ropa. Después abre el armario y hace lo mismo.
Pepe se despierta porque tiene pis. Ve a Álvaro de pie junto a su cama, sacando su ropa del armario y tirándola al suelo. «¡Un ladrón!», piensa. Se levanta despacio, sin hacer ruido, coge el bastón y le da a Álvaro un bastonazo con todas sus fuerzas en mitad de la espalda. Álvaro grita y cae de rodillas al suelo. Pepe le da otro golpe en la cabeza. Álvaro cae al suelo.
− ¡Hijo de puta! − grita Pepe −. ¡A mí no me roba nadie! − Pepe tiene el bastón en alto y la intención de darle otro garrotazo a Álvaro −. ¡Mercè, llama a la policía!
Mercè se despierta.
− ¡Pepe! ¿Qué pasa?
− ¡Un ladrón! ¡Un ladrón! ¡Llama a la policía!
− ¿Pepe? ¿Qué pasa, Pepe? − Mercè se levanta de la cama, muy asustada. Sin gafas no ve nada y no entiende qué está pasando −. ¿Dónde estás Pepe?
Loli, Pepa y Raúl se despiertan al oír los gritos y van hacia el dormitorio.
− ¡Hostia! ¿Quiénes son estos? ¿De dónde han salido estos yayos? − pregunta Pepa.
− ¡Mi ropa! − dice Loli al ver su maleta abierta y la ropa por el suelo.
− ¡Coño, la fantasma yonqui! − dice Raúl.
Pepe piensa que los jóvenes son también ladrones y empieza a dar bastonazos.
− ¡Fuera! ¡Fuera de aquí, sinvergüenzas! − Pepa, Loli y Raúl salen del dormitorio −. ¡Mercè, llama a la policía!
Mercè coge el teléfono, pero se le cae al suelo.
− ¡Ay, Dios mío! ¡Pepe! ¿Dónde estás?
Mercè sale del dormitorio, detrás de su marido, que sigue dando bastonazos al aire.
− Abuelo, deje el bastón − dice Raúl.
− ¿Cabrón? ¡Cabrón lo será tu padre! − contesta Pepe. − ¡Ay, que me voy a desmayar! − dice Mercè.
− ¡No estoy ahora para desayunar! ¡Llama a la policía! − dice Pepe.
Loli, Pepa y Raúl están en un rincón del salón-comedor, frente a Pepe y su bastón. Mientras tanto, Álvaro se levanta y sale corriendo del apartamento. Al llegar a la calle, sigue corriendo. Le duele la espalda, pero tiene que correr. El viejo del apartamento va a llamar a la policía y él no quiere encontrarse con la policía. Tampoco quiere encontrarse con los orientales. Ni ellos ni él mismo tienen lo que quieren: ¿quién tiene su bolsa verde? No puede saberlo. El negocio parecía fácil y ha salido mal. Muy mal. Él tiene que irse lejos, muy lejos. De la policía y de los japoneses. Corre. Álvaro corre.