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Radio Ambulante, Deuda (1) – Text to read

Radio Ambulante, Deuda (1)

Intermediate 2 Spanish lesson to practice reading

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Deuda (1)

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Y antes de comenzar quiero advertirles: en este episodio de Radio Ambulante hay muchos números. Muchas cifras. Términos y conceptos complicados que realmente aquí, dentro del equipo editorial, nos costó un poco de trabajo descifrar.

Y precisamente por eso, porque hoy vamos a hablar de detalles de la economía que pueden parecer un tanto esotéricos, lejanos, abstractos, precisamente por eso quiero comenzar aquí, con una escena sencilla: frente al portón de una escuela pública del pueblo de Manatí, en la costa norte de Puerto Rico.Con Hiromi, una niña de 7 años.

Luis Trelles: ¿Aquí era donde tú estudiabas?

Hiromi: Ajá.

Daniel: Con Hiromi, una niña de 7 años.

Luis: ¿En qué grado tú estudiabas aquí?

Hiromi: Kinder.

Luis: ¿Y la extrañas?

Hiromi: Sí.

Daniel: Nuestro productor Luis Trelles acompañó a Hiromi a la escuela primaria donde solía estudiar. Hoy en día la escuela está completamente abandonada. Paredes descascaradas, los arbustos casi tan altos como Hiromi misma. Es difícil imaginar que hasta hace poco este lugar estuvo lleno de niños.

Tania Ginés: A veces la vecina que está al frente la limpia.

Daniel: Esta es Tania Ginés, la mamá de Hiromi.

Tania: Entre los vecinos pues la limpian, le cortan la grama y le dan un poquito de mantenimiento, porque se ve, se ve bien fea… Las puertas abiertas. Todo. Los baños… abiertos.

Daniel: La escuela José Meléndez Ayala se encuentra en Boquillas, un barrio rural del pueblo. En mayo del 2014, el Departamento de Educación del gobierno de Puerto Rico la mandó a cerrar. Y para muchos vecinos el cierre fue un golpe durísimo. Porque, de muchas maneras, la escuela era el centro de esta comunidad:

Tania: Ahí tú llegabas, todo el mundo se conocía, todos los niños eran de la comunidad. Esta escuela lleva 91 años donde está. Yo estudié allí, mis hermanos estudiamos ahí. Yo crecí viendo a mis padres, ¿verdad?, dando su labor voluntaria, sábado, domingo, limpiando escuela, arreglando.

Daniel: En Boquillas la gran mayoría de los estudiantes viven bajo el nivel de pobreza. La propia Tania está desempleada y tiene dos hijos mayores que también estudiaron en esa misma escuela. Y eso no es lo peor del caso. Porque cuando uno vive en en un lugar como Boquillas, escenas como esta pueden ser demasiado frecuentes:

Tania: Hace poco aquí mismo, a las tres de la tarde, cerraron toda la calle. Estuvimos hasta las ocho de la noche sin poder entrar a nuestra casa. Se formó un tiroteo, heridos y todo y entonces cerraron toda la carretera, todo este trayecto.

Luis: ¿Pero tú crees que vinculado a tráfico de drogas?

Tania: Sí. Entiendo que sí. Sí.

Daniel: Por eso la escuela era un lugar tan importante. Era el sitio donde los chicos podían sentirse seguros y donde quizás podrían encontrar una alternativa para el futuro. Pero estos espacios, escuelas como ésta alrededor de Puerto Rico, están desapareciendo. El gobierno ha cerrado más de 100 escuelas en los últimos dos años.

Y para entender por qué, primero hay que escuchar esto:

Gobernador: La deuda pública, considerando el nivel de actividad económica actual, es impagable.

Daniel: Nuestro productor Luis Trelles lleva unos meses trabajando en esta historia desde Puerto Rico. Luis, este audio… ¿quién es ese señor?

Luis: Pues ese es el gobernador de Puerto Rico y el audio viene de un anuncio que hizo en junio del 2015 para anunciar que la isla tenía una deuda de 70 mil millones de dólares. Y si lo piensas, eso es muchísimo dinero para una isla muy pequeña en el medio del Caribe con una población de 3.5 millones de habitantes. Pero eso no fue lo único que dijo. Porque la otra parte del anuncio era que era imposible pagar esa deuda en su totalidad.

Gobernador: La meta será posponer por un número de años los pagos de la deuda.

Daniel: Wow. Entonces, ¿cómo así que no pueden pagar? O sea, ¿a quién le deben tanta plata?

Luis: Pues a miles de instituciones que le prestaron al gobierno. Bancos y fondos de inversión de Estados Unidos. Pero también a individuos, a inversionistas individuales, a puertorriqueños que le prestaron dinero al gobierno.

Daniel: ¿Y te acuerdas dónde estabas cuando escuchaste ese mensaje?

Luis: Pues sí, yo estaba fuera de la isla. Estaba en un viaje de trabajo en Guatemala. Pero recuerdo perfectamente ver el anuncio del gobernador por internet y… no lo podía creer, Daniel. Mi primera reacción fue: “¿Cómo llegamos a endeudarnos de esta manera?”

Daniel: Entonces hoy Luis va a intentar responder esa pregunta, y otras. ¿Cómo se llega a este punto? Y aún más importante: ¿qué pasa después, cuando Puerto Rico no puede pagar? Es una historia que termina con despidos, pensiones en peligro y en colegios –como el de Hiromi– cerrados.

Y lo que pasa es que no siempre fue así.

Luis: Parece que fue hace siglos, pero entre los años cincuenta y los años ochenta, Puerto Rico tenía un modelo de desarrollo económico que muchos países –tanto en Latinoamérica como el Caribe– seguían.

Noticiero #1: Observan una fábrica de hormonas de Hato Rey, que es la aportación que hace Puerto Rico a la ciencia médica.

Noticiero #2: Las cámaras del noticiero captan tres de las nuevas fábricas que ya están expandiendo sus operaciones.

Noticiero #3: La inauguración de una nueva institución, concretamente la número 100, que se pone en funcionamiento constituye evento de trascendental importancia.

Luis: Bueno, esos son mensajes de los noticieros del gobierno de los años sesenta y cincuenta. Era una manera de anunciarle a la población la industrialización acelerada que se estaba llevando a cabo en la isla. Y los clips salen como de una especie de cápsula de tiempo, de una época que vamos a llamar aquí “La era de la 936”. Y obviamente nadie que no sea de Puerto Rico va a entender qué significa eso.

Pero antes de explicarlo quiero presentar a Teresa García. Ella trabajó en una de esas fábricas que acabamos de escuchar en los noticieros. Era química farmacéutica. Imagínatela en bata blanca, Daniel, rodeada de probetas, con espumas y explosiones.

Teresa García: No, no es tanto como explosiones ni espumas. Yo comencé, sí, haciendo análisis, pero terminé supervisando laboratorios.

Luis: Eran los años setenta. Teresa era una madre joven, tenía dos hijos y una casa en los suburbios. La familia contaba con dos ingresos: el de ella y el de su marido. Eran la típica familia de la clase media puertorriqueña. Y Teresa, en el trabajo…

Teresa: Hacíamos Lomotil, que era para la diarrea. Hacíamos espironolactona, que esa era para la alta presión.

Luis: Y también hacían muchas otras drogas. En esa época, unas 75 farmacéuticas internacionales abrieron fábricas en la isla. Eso ayudó a que Puerto Rico llegara a tener miles de nuevos empleos.

Teresa: Y era que teníamos muchos incentivos para las compañías. Estaba la 936… Y para ellos era un paraíso.

Luis: Teresa se refiere a un paraíso fiscal. Y ese paraíso estaba ligado a ese número que ya escuchamos: la 936. Es un número de un documento legal. Un código de los impuestos federales de Estados Unidos. Y lo que hay que entender es que ese código lo que hacía era que le abría el paso a que compañías de Estados Unidos se instalaran en Puerto Rico.

Daniel: Luis, espera. Creo que tenemos que aclarar algo antes de seguir. Tiene que ver con el estatus político de Puerto Rico, que es un poco complicado, ¿no?

Luis: No sé ni por dónde empezar. Es una relación… difícil.

Teresa: Pues nosotros somos un territorio americano.

Daniel: Un territorio, no un estado.

Luis: Exacto. Una colonia, básicamente.

Teresa: Se nos aprobó una constitución en el 1952…

Luis: Para tomar decisiones con respecto a cómo vamos a manejar nuestro gobierno…

Teresa: Pero somos ciudadanos americanos, usamos la misma moneda. Podemos entrar sin ningún problema a los Estados Unidos.

Luis: Los puertorriqueños que vivimos en Puerto Rico no podemos votar por el presidente de Estados Unidos. Pero además no tenemos ni senadores ni congresistas que nos representen. Y esto es importante porque, al final del día, es el Congreso de Estados Unidos el que tiene la última palabra en los asuntos de la isla.

Daniel: Y me imagino que eso no es tan beneficioso.

Luis: Pues no creas, a veces sí. Por ejemplo, ese número del que hablábamos: 936. Ese decreto durante años le trajo cosas buenas a la isla. Como te dije, era un estímulo. Animaba a muchas compañías a que se mudaran a Puerto Rico. Así se salvaban de tener que pagar millones de dólares en impuestos a Washington. Y desde los años cincuenta, distintos decretos como el de la 936 se habían convertido en el motor del desarrollo económico en la isla. Por eso fue que llegaron todas esas compañías. Esas farmaceúticas que ya conocimos con Teresa.

Pero el gobierno de Puerto Rico también tenía que poner de su parte.

Daniel: Esa frase no la entiendo. “Poner de su parte”. ¿A qué se refiere?

Luis: Pues es importante que sepas que Puerto Rico, antes de los años cincuenta, estaba muy subdesarrollado. Y para que la 936 funcionara, todas las compañías que venían necesitaban una cosa: infraestructura. Calles. Carreteras. Educación. Grandes proyectos que por lo general se financian con bonos.

Daniel: Y para los que no saben lo que es un bono, ¿cómo lo defines?

Luis: Un bono es básicamente un papel. Pero no es cualquier tipo de papel. Es un papel que certifica un préstamo, en este caso un préstamo que se le hace al gobierno de Puerto Rico. O sea, una promesa de pago. Y con ese papel, el gobierno le garantiza al que compra los bonos que le va a pagar con intereses en una fecha determinada.

Daniel: ¿Quién los compra?

Luis: Todo el mundo: desde grandes fondos de inversión hasta ciudadanos comunes y corrientes.

Daniel: Ok. Entonces en Puerto Rico –como en casi todos los países del mundo– el gobierno vende bonos para financiar su propio desarrollo.

Luis: Exacto. Es absolutamente normal. Un gobierno no tiene ese dinero a la mano y por eso hace una emisión de bonos para conseguirlo. Y en Puerto Rico, comenzando en la década del setenta, los bonos trajeron miles de millones de dólares en inversiones a la isla.

Jorge Irizarry: Eso el gobierno dice “yo quiero tomar prestado”.

Luis: Este es Jorge Irizarry. Es un exdirector del Banco Gubernamental de Fomento de Puerto Rico. Es lo más cercano que hay en la isla a un banco central de gobierno. Y entre otras funciones, ese banco hacía los bonos cuando el gobierno necesitaba dinero para proyectos de infraestructura.

Jorge: Cuando se va a tomar prestado, la legislatura tiene que decir: “autorizamos a que el gobierno tome prestado 500 millones para construir lo que sea: carreteras, acueductos…”

Daniel: Ok, Luis, para aclarar, entonces: cuando se aprueban bonos lo que se está haciendo realmente es aprobar deuda.

Luis: Sí, eso. Y los inversionistas compraban los bonos como si fuera pan caliente.

Daniel: ¿Y por qué?

Luis: Pues la razón es sencilla: los bonos de Puerto Rico tienen una característica muy especial, y es que no pagan impuestos. Esa es otra aparente ventaja de ser una colonia. Porque si compras un bono del estado de Nueva York o de California, esos bonos pagan impuestos a nivel local, pero también a nivel federal en Estados Unidos.

Jorge Irizarry me lo explicó así:

Jorge: Si compro un bono del tesoro de Estados Unidos, tributa. Si compro un bono del gobierno de Puerto Rico, no tributa. Era más o menos esa diferencia.

Luis: Entonces en los años noventa y ya entrados los años 2000, estos bonos puertorriqueños casi se vendían solos porque a los inversionistas les encanta todo lo que sea libre de impuestos.

Eso fue lo que me contó Rubén Rodríguez, un asesor financiero que se dedicaba a vender los bonos del gobierno a todo tipo de gente.

Rubén Rodríguez: Muchas veces en un mismo día se vendían billones de dólares. Era una locura.

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