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Diario escolar - Natural, 2. El cambio de zona y la espera

 

El cambio de zona y la espera

 

Cuando finalmente terminé y aprobé el CAP, me apunté a las listas de profesorado sustituto e interino a la espera de que me llamaran para dar clases.

Cuando entré en las listas tenía el número 68.000, un número bastante alto, si bien es cierto que incluye a todos los profesores de todas las materias y edades de toda Cataluña. Sin embargo, sigue siendo altísimo teniendo en cuenta que cuanto más bajo, mejor, y sabiendo que si quieres trabajar en un lugar como Barcelona, tienes que bajar, como mínimo, del 10000, puesto que aquí la gente está trabajando con un 7000 u 8000.

Como que en ese momento tenía bastante trabajo de traducción y corrección, seguí dedicándome a lo mío sin darle mayor importancia a la espera.

Algún día me llamarán.

El número de lista se actualiza cada año el 31 de agosto, así que el año siguiente pasé a un 55.000 y al siguiente a un 47.000.

Todo esto sin hacer nada, simplemente porque hay gente que se jubila, que lo deja, que obtiene una plaza fija en una escuela y, por lo tanto, sale de la lista de sustitutos, etc.

Todo trascurría con normalidad hasta que el año pasado, después del verano, hubo una bajada súbita y espectacular de mis trabajos de traducción.

Pasé de un ritmo de locura hasta el mes de julio, a no hacer absolutamente nada en agosto, ni en setiembre.

Lo que al principio agradecí porque suponía un poco de descanso, a finales de setiembre empezó a preocuparme, por lo que aproveché uno de los dos períodos de modificación de datos y preferencias que el Departamento de Enseñanza te permite hacer en las listas, y en el mes de octubre cambié mi zona de trabajo.

Pasé de Barcelona (área metropolitana) a Cataluña Central (con el riesgo que comporta que te toque trabajar a 45 minutos de casa, con mucha suerte, o a 2 horas y media, con muy mala suerte). El motivo del cambio de zona es que mirando las listas de las vacantes, que salen cada lunes, miércoles y viernes, me di cuenta de que si bien en Barcelona los números que salían oscilaban entre el 2.000 y el 10.000, en Cataluña Central había bastantes vacantes con 40.000 y 50.000, con lo que, por simple estadística, tenía muchas más probabilidades de trabajar en Cataluña Central que en Barcelona. Para tener todavía más probabilidades, seleccioné la opción de trabajar en primaria y con reducción de jornada, es decir, cubrir vacantes de profesores que se piden una reducción de jornada por los motivos que sean (normalmente, por maternidad).

Sin embargo, todavía pasaron unos meses, justo cuando el trabajo de traducción volvía a crecer, hasta que finalmente que convocaron.

Así fue como el viernes 19 de febrero, recibí un sms y un email informándome de que me habían asignado una plaza de un tercio de jornada (10 horas semanales) de profesor de inglés en una escuela de primaria cerca de Manresa (a unos 45 minutos de casa, es decir, de lo más cerca posible). Tenía que incorporarme el lunes 22.


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El cambio de zona y la espera

 

Cuando finalmente terminé y aprobé el CAP, me apunté a las listas de profesorado sustituto e interino a la espera de que me llamaran para dar clases.

Cuando entré en las listas tenía el número 68.000, un número bastante alto, si bien es cierto que incluye a todos los profesores de todas las materias y edades de toda Cataluña. Sin embargo, sigue siendo altísimo teniendo en cuenta que cuanto más bajo, mejor, y sabiendo que si quieres trabajar en un lugar como Barcelona, tienes que bajar, como mínimo, del 10000, puesto que aquí la gente está trabajando con un 7000 u 8000.

Como que en ese momento tenía bastante trabajo de traducción y corrección, seguí dedicándome a lo mío sin darle mayor importancia a la espera.

Algún día me llamarán.

El número de lista se actualiza cada año el 31 de agosto, así que el año siguiente pasé a un 55.000 y al siguiente a un 47.000.

Todo esto sin hacer nada, simplemente porque hay gente que se jubila, que lo deja, que obtiene una plaza fija en una escuela y, por lo tanto, sale de la lista de sustitutos, etc.

Todo trascurría con normalidad hasta que el año pasado, después del verano, hubo una bajada súbita y espectacular de mis trabajos de traducción.

Pasé de un ritmo de locura hasta el mes de julio, a no hacer absolutamente nada en agosto, ni en setiembre.

Lo que al principio agradecí porque suponía un poco de descanso, a finales de setiembre empezó a preocuparme, por lo que aproveché uno de los dos períodos de modificación de datos y preferencias que el Departamento de Enseñanza te permite hacer en las listas, y en el mes de octubre cambié mi zona de trabajo.

Pasé de Barcelona (área metropolitana) a Cataluña Central (con el riesgo que comporta que te toque trabajar a 45 minutos de casa, con mucha suerte, o a 2 horas y media, con muy mala suerte). El motivo del cambio de zona es que mirando las listas de las vacantes, que salen cada lunes, miércoles y viernes, me di cuenta de que si bien en Barcelona los números que salían oscilaban entre el 2.000 y el 10.000, en Cataluña Central había bastantes vacantes con 40.000 y 50.000, con lo que, por simple estadística, tenía muchas más probabilidades de trabajar en Cataluña Central que en Barcelona. Para tener todavía más probabilidades, seleccioné la opción de trabajar en primaria y con reducción de jornada, es decir, cubrir vacantes de profesores que se piden una reducción de jornada por los motivos que sean (normalmente, por maternidad).

Sin embargo, todavía pasaron unos meses, justo cuando el trabajo de traducción volvía a crecer, hasta que finalmente que convocaron.

Así fue como el viernes 19 de febrero, recibí un sms y un email informándome de que me habían asignado una plaza de un tercio de jornada (10 horas semanales) de profesor de inglés en una escuela de primaria cerca de Manresa (a unos 45 minutos de casa, es decir, de lo más cerca posible). Tenía que incorporarme el lunes 22.

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