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A Mi aire, Historias del Metro de Madrid

Hola amigos, bienvenidos a « A mi aire ». Hoy, 1 de marzo, os voy a hablar del metro de Madrid porque este año cumple 100 años. Cuando le comenté a mi madre que hoy hablaba del metro, me dijo que ese tema le gustaba mucho y sin preguntarla nada me contó qué era el metro para ella. ¡Escuchad! « Mi metro es prisas [1] y llegar a tiempo. Es ese cruce de miradas que no vuelves a encontrar... Es esa mezcla de culturas que convive en el vagón, desde el estudiante al ejecutivo [2], las amigas que van al cine y los jóvenes que van de marcha [3]. En el vagón conviven desde los padres con niños, a las personas humildes [4] que salen de trabajar y se ve cansadas… En fin, el metro es ese vagón en el que convive de estación a estación, por unos minutos, toda la fauna urbana [5] de una gran ciudad.»

***

A mí siempre me ha gustado viajar en metro. Es una de las primeras cosas que hago, cuando llego a una ciudad, bajar al corazón de la ciudad y sumergirme [6] en los túneles del suburbano [7]. Cada metro tiene su particularidad, los hay verdes y antiguos o blancos y modernos, las paredes de las vías tienen grafitis o pintadas, tienen anuncios y siempre el cartel con el nombre de la estación. Todas las paredes del metro tienen personalidad, me parece a mí; igual que las escaleras, esas escaleras largas y eternas que te llevan al secreto más secreto de la ciudad, a sus arterias. Me encanta. Creo que viajar en el metro es un deber como turista; como ciudadano es una necesidad. Este año el suburbano madrileño cumple 100 años. 100 años… Imaginaros cuántas cosas han pasado allí abajo en sus túneles y vagones, imaginaros la de historias que se pueden contar. Hoy os voy a contar alguna. Cuando yo viajaba de casa a la universidad, quedaba en la vía de la línea 6 con mis amigos y allí empezaba el día, entre risas y abrazos, el viaje de 45 minutos hasta la facultad era una de las cosas más divertidas de la mañana. Allí en el metro me enamoré de Héctor, de ese chico con pelo largo que me esperaba siempre puntual para regalarme palabras al oído. Si el metro iba lleno, nos apoyábamos [8] en la pared del último vagón, donde él me besaba hasta Moncloa. No nos importaba nada, éramos jóvenes y estábamos en el metro, pensábamos que no nos conocía nadie. Y es que, a esas horas de la mañana, nadie te miraba. Los que tenían suerte e iban sentados, dormían con la cabeza para atrás, o estaban con los ojos clavados [9] en el periódico o en alguna novela de intriga [10]. En Madrid, nadie te miraba por la mañana temprano, o eso pensábamos.

***

La primera línea de metro que se inauguró fue la uno, claro, la uno. Esta línea unía 8 estaciones, las más centrales de la ciudad: Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal… El metro recorría 4 kilómetros. Hoy en día tenemos 301 estaciones y ¿sabéis cuántos kilómetros recorre? 294 kilómetros. 294 kilómetros, amigos, ¡una barbaridad! [11] Y si seguimos con números, nos siguen sorprendiendo las cantidades. Mirad, esa primera línea de metro, la uno, sigue siendo hoy la más transitada [12]. En la Puerta del Sol está el kilómetro cero, y debajo la estación más transitada: Sol. 180.000 personas pasan diariamente por allí para ir a su trabajo, conocer el centro de Madrid o visitar a algún pariente [13]… En fin, pasa mucha gente. Nosotros quedábamos en Sol y luego nos íbamos de marcha, y lo que más me gustaba era pasear de madrugada [14] por la Plaza Mayor y bailar allí con mis amigos, en esa preciosa plaza vacía, antes de coger el primer metro de vuelta a casa. Sí. El metro unía a los trabajadores y a los que habían estado de fiesta toda la noche, aún [15] hoy es así. En Madrid se vive 24 horas y el metro nos pertenecía tanto a los nocturnos como a los madrugadores. En el metro se viaja, se sueña, se lee, se convive, uno se enamora y se duerme apoyado en la pared.

***

Si quieres ver cómo eran los vagones del metro hace 100 años, hay una exposición en la estación de Chamartín. A mí esos vagones me recuerdan a películas como “Asesinato en el Orient Express”, basada en la novela de Ágatha Christie. ¿Os acordáis? En noviembre de los 2017 salió una nueva película, pero a mí me gusta la antigua mucho más, la del 1974 con Lauren Bacall e Ingrid Bergman. Me gusta imaginarme al detective Hércules Poirot paseando por los vagones y hablando con todos los pasajeros para descubrir al asesino del millonario estadounidense. Pero bueno, esto pasa en el tren, no en el metro. Vamos a ver, ¿qué os puedo contar relacionado con el metro madrileño? Ah sí, ¡ya sé! Os voy a hablar de Jota Santatecla, el poeta del metro de Madrid. Santatecla es un joven de 26 años que todos los días cuelga [16] un poema en una estación distinta del metro. Y, atención: “Quien decida seguirle tiene que estar preparado a sentir con la piel desnuda”. Este poeta llegó a Madrid hace 4 años. Llegó para estudiar Comunicación Audiovisual y diplomarse en Dirección de Cine. El primer contacto con el metro le marcó. El joven vio a un hombre que pedía palabras, los viajeros se las regalaban y el hombre componía con esos regalos una canción. Bonita idea, ¿verdad? Pues Santamaría decidió que él también podía regalar palabras en el metro, que podía regalar versos a todos los que utilizaban el suburbano. Así, empezó a escribir versos y ponerlos en diferentes estaciones. Por las redes sociales daba pistas [17] para encontrarlos. Y… tuvo éxito. La gente le sigue por Instagram. Ahora el chico ha ido un poco más allá y ha convertido la búsqueda de sus versos en un juego. Cuando encuentras el poema, le tienes que dar la vuelta y ahí tienes o un premio o un reto [18]. El premio es su libro de poemas, su libro de poemas del metro de Madrid: “Niño Mudo”. ¿El reto? Pues, por ejemplo, sonreír al primero que pase o cocinar tu plato favorito o gritar ahí mismo: “soy feliz”. Me encanta. La próxima vez que vaya a Madrid voy a buscar versos de Santatecla. Según he leído, todos sus poemas te hacen sentir, te llevan de manera directa a la infancia, al primer amor o a la desilusión [19]. Su objetivo es que vivamos la poesía y quien le siga tiene que estar preparado a sentir con la piel desnuda.

***

Bueno, ya llegamos al final de este podcast. Os espero el 15 de marzo aquí, en podclub.ch o vía app. Entonces tendré en el estudio a Pilar, una bailarina. Pilar es una mujer que hace ballet desde hace mucho tiempo y tiene una historia muy interesante. Ya veréis, ¡os espero! Mientras tanto, podéis mirar fotos en Instagram y utilizar el entrenador de vocabulario de la aplicación. Y ahora, cuidaros y hasta pronto, amigos.



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Hola amigos, bienvenidos a « A mi aire ». Hoy, 1 de marzo, os voy a hablar del metro de Madrid porque este año cumple 100 años. Cuando le comenté a mi madre que hoy hablaba del metro, me dijo que ese tema le gustaba mucho y sin preguntarla nada me contó qué era el metro para ella. ¡Escuchad! « Mi metro es prisas [1] y llegar a tiempo. Es ese cruce de miradas que no vuelves a encontrar... Es esa mezcla de culturas que convive en el vagón, desde el estudiante al ejecutivo [2], las amigas que van al cine y los jóvenes que van de marcha [3]. En el vagón conviven desde los padres con niños, a las personas humildes [4] que salen de trabajar y se ve cansadas… En fin, el metro es ese vagón en el que convive de estación a estación, por unos minutos, toda la fauna urbana [5] de una gran ciudad.»

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A mí siempre me ha gustado viajar en metro. Es una de las primeras cosas que hago, cuando llego a una ciudad, bajar al corazón de la ciudad y sumergirme [6] en los túneles del suburbano [7]. Cada metro tiene su particularidad, los hay verdes y antiguos o blancos y modernos, las paredes de las vías tienen grafitis o pintadas, tienen anuncios y siempre el cartel con el nombre de la estación. Todas las paredes del metro tienen personalidad, me parece a mí; igual que las escaleras, esas escaleras largas y eternas que te llevan al secreto más secreto de la ciudad, a sus arterias. Me encanta. Creo que viajar en el metro es un deber como turista; como ciudadano es una necesidad. Este año el suburbano madrileño cumple 100 años. 100 años… Imaginaros cuántas cosas han pasado allí abajo en sus túneles y vagones, imaginaros la de historias que se pueden contar. Hoy os voy a contar alguna. Cuando yo viajaba de casa a la universidad, quedaba en la vía de la línea 6 con mis amigos y allí empezaba el día, entre risas y abrazos, el viaje de 45 minutos hasta la facultad era una de las cosas más divertidas de la mañana. Allí en el metro me enamoré de Héctor, de ese chico con pelo largo que me esperaba siempre puntual para regalarme palabras al oído. Si el metro iba lleno, nos apoyábamos [8] en la pared del último vagón, donde él me besaba hasta Moncloa. No nos importaba nada, éramos jóvenes y estábamos en el metro, pensábamos que no nos conocía nadie. Y es que, a esas horas de la mañana, nadie te miraba. Los que tenían suerte e iban sentados, dormían con la cabeza para atrás, o estaban con los ojos clavados [9] en el periódico o en alguna novela de intriga [10]. En Madrid, nadie te miraba por la mañana temprano, o eso pensábamos.

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La primera línea de metro que se inauguró fue la uno, claro, la uno. Esta línea unía 8 estaciones, las más centrales de la ciudad: Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal… El metro recorría 4 kilómetros. Hoy en día tenemos 301 estaciones y ¿sabéis cuántos kilómetros recorre? 294 kilómetros. 294 kilómetros, amigos, ¡una barbaridad! [11] Y si seguimos con números, nos siguen sorprendiendo las cantidades. Mirad, esa primera línea de metro, la uno, sigue siendo hoy la más transitada [12]. En la Puerta del Sol está el kilómetro cero, y debajo la estación más transitada: Sol. 180.000 personas pasan diariamente por allí para ir a su trabajo, conocer el centro de Madrid o visitar a algún pariente [13]… En fin, pasa mucha gente. Nosotros quedábamos en Sol y luego nos íbamos de marcha, y lo que más me gustaba era pasear de madrugada [14] por la Plaza Mayor y bailar allí con mis amigos, en esa preciosa plaza vacía, antes de coger el primer metro de vuelta a casa. Sí. El metro unía a los trabajadores y a los que habían estado de fiesta toda la noche, aún [15] hoy es así. En Madrid se vive 24 horas y el metro nos pertenecía tanto a los nocturnos como a los madrugadores. En el metro se viaja, se sueña, se lee, se convive, uno se enamora y se duerme apoyado en la pared.

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Si quieres ver cómo eran los vagones del metro hace 100 años, hay una exposición en la estación de Chamartín. A mí esos vagones me recuerdan a películas como “Asesinato en el Orient Express”, basada en la novela de Ágatha Christie. ¿Os acordáis? En noviembre de los 2017 salió una nueva película, pero a mí me gusta la antigua mucho más, la del 1974 con Lauren Bacall e Ingrid Bergman. Me gusta imaginarme al detective Hércules Poirot paseando por los vagones y hablando con todos los pasajeros para descubrir al asesino del millonario estadounidense. Pero bueno, esto pasa en el tren, no en el metro. Vamos a ver, ¿qué os puedo contar relacionado con el metro madrileño? Ah sí, ¡ya sé! Os voy a hablar de Jota Santatecla, el poeta del metro de Madrid. Santatecla es un joven de 26 años que todos los días cuelga [16] un poema en una estación distinta del metro. Y, atención: “Quien decida seguirle tiene que estar preparado a sentir con la piel desnuda”. Este poeta llegó a Madrid hace 4 años. Llegó para estudiar Comunicación Audiovisual y diplomarse en Dirección de Cine. El primer contacto con el metro le marcó. El joven vio a un hombre que pedía palabras, los viajeros se las regalaban y el hombre componía con esos regalos una canción. Bonita idea, ¿verdad? Pues Santamaría decidió que él también podía regalar palabras en el metro, que podía regalar versos a todos los que utilizaban el suburbano. Así, empezó a escribir versos y ponerlos en diferentes estaciones. Por las redes sociales daba pistas [17] para encontrarlos. Y… tuvo éxito. La gente le sigue por Instagram. Ahora el chico ha ido un poco más allá y ha convertido la búsqueda de sus versos en un juego. Cuando encuentras el poema, le tienes que dar la vuelta y ahí tienes o un premio o un reto [18]. El premio es su libro de poemas, su libro de poemas del metro de Madrid: “Niño Mudo”. ¿El reto? Pues, por ejemplo, sonreír al primero que pase o cocinar tu plato favorito o gritar ahí mismo: “soy feliz”. Me encanta. La próxima vez que vaya a Madrid voy a buscar versos de Santatecla. Según he leído, todos sus poemas te hacen sentir, te llevan de manera directa a la infancia, al primer amor o a la desilusión [19]. Su objetivo es que vivamos la poesía y quien le siga tiene que estar preparado a sentir con la piel desnuda.

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Bueno, ya llegamos al final de este podcast. Os espero el 15 de marzo aquí, en podclub.ch o vía app. Entonces tendré en el estudio a Pilar, una bailarina. Pilar es una mujer que hace ballet desde hace mucho tiempo y tiene una historia muy interesante. Ya veréis, ¡os espero! Mientras tanto, podéis mirar fotos en Instagram y utilizar el entrenador de vocabulario de la aplicación. Y ahora, cuidaros y hasta pronto, amigos.


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