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A Mi aire, El vuelo a Nuquí y las primeras impresiones del Chocó

Hola amigos, sigo en Colombia. Hoy, 21 de junio, os voy a hablar de una región impresionante, del Chocó. Os contaré cosas sobre esta zona de Colombia donde solo hay mar y selva y de cómo llegué hasta aquí. Os voy a hablar de cómo fue mi vuelo a Nuquí con una niña que tenía un miedo inmenso a volar. ¡Ya veréis qué vuelo tan especial! Y al final del podcast os enteraréis de por qué tengo que retrasar el viaje de vuelta, sí, y me tengo que quedar más tiempo aquí, en el Chocó. Esta vez no es por placer, sino por necesidad. ¡Escuchad, escuchad!

***

El domingo pasado nos levantamos muy temprano para irnos al aeropuerto. Al llegar lo primero que hicimos fue facturar [1] la mochila. No podía pesar más de 11 kilos. Después de pesar las mochilas, nos tuvimos que subir nosotros en el peso [2], ¡nosotros, sí! ¡Qué risa! No daba crédito [3]. ¿Por qué nos tenían que pesar a nosotros? ¿Cómo sería el avión? ¿sería realmente tan pequeño? David me dijo que solo había plazas para 11 personas, pero que si los pasajeros pesaban mucho, volaban menos personas. Yo pensé en mi tío, él pesaba al menos 100 kilos. Para pesarse tenía que colocar dos pesos juntos y poner un pie en cada uno. Así él sabía lo que realmente pesaba. Mi tío hubiera volado prácticamente solo a Nuquí, pensando en él sonreí y me bajé del peso. “En media hora tienen que ir aquí a la derecha, espérenme enfrente de la tienda de recuerdos. Allí les recogemos”, nos dijo la señorita del mostrador. David y yo nos fuimos a desayunar. Había un puesto de donuts sin donuts y una cafetería que sí tenía café. En el medio de la sala había un par de mesas, donde un hombre vendía lotería. Al llegar la hora nos dirigimos al punto de encuentro [4]. Los pasajeros eran todos de color, nosotros éramos los únicos blancos. Turistas, ni uno. En la tienda de recuerdos de Medellín, vendían armas, pistolas de verdad. En fin, realmente otro mundo.

Allí no había diferentes puertas de embarque ni control de nada. “¿Van a Nuquí? ¿Sí? Pues vengan por aquí.” En la sala de espera una niña se puso a hablar conmigo y a contarme un montón de cosas. Vivía en Nuquí y había ido a Medellín al médico. Se llamaba Aisha y tenía unos 11 años. A mí me fascinaban sus ojitos negros, tan vivos y expresivos, me encantaba su piel tan morena y su pelo trenzado desde la raíz. Era una niña muy charlatana [5] y curiosa, me preguntó un montón de cosas. Sus padres me miraban y sonreían, eran buena gente. Aisha entró conmigo en el avión y se sentó a mi lado. A ella no le gustaba volar. Yo, en cambio, estaba fascinada. ¡El avión era tan pequeño! Desde mi asiento yo veía perfectamente a los pilotos, no había una puerta que los separara de nosotros. Aisha, empezó a ponerse nerviosa y a mover las manitas. “Pero Aisha, no es la primera vez que vuelas de Medellín a Nuquí, ya sabes que nunca pasa nada.” Ella me miró muy seria. “Siempre voy al médico en Medellín.” - “¿No tenéis médico en Nuquí?” - “No sé, yo siempre voy al médico a Medellín.” No le pregunté más.

El avión empezó a moverse por la pista, Aisha empezó a llorar suavemente, eran nervios puros. La mamá le dijo que leyera: “Lee algo, niña, que ya casi estamos en el aire.” Aisha cogió la hoja de delante, donde le explicaban qué hacer en caso de emergencia. ¡Menuda lectura! pensé yo, está leyendo qué hacer en caso de accidente. La niña leía concentrada y las lágrimas le resbalaban involuntariamente por las mejillas, sin aspavientos [6], sin ruido. Eran lágrimas suaves de miedo puro. Le di la mano fuerte, la tenía fría. Ella me sujetó también muy fuerte, sin mirarme. El avión despegó y, en esos 20 minutos de vuelo, Aisha no me soltó la mano. Fue un vuelo espectacular. Mi corazón saltaba de alegría [7] y palpitaba de excitación. Por la ventana veía selva y más selva, nos adentrábamos en la Colombia más profunda, en el corazón de una tierra inexplorada, en una naturaleza pura, lejos de la civilización, lejos de todo. Mientras Aisha se tranquilizaba, yo cobraba serenidad [8]. Conseguimos calmarnos a la vez, ella de su miedo, yo de mi excitación. Aterrizamos las dos con una sonrisa.

***

En el aeropuerto de Nuquí nos tenía que venir a buscar una barca para llevarnos hasta el alojamiento [9]. Como la marea [10] estaba baja, teníamos que esperar. La barca podía llegar solo cuando la marea estaba alta. Así que, David y yo nos fuimos a dar una vuelta por allí. Acabábamos de llegar al Chocó, una región de Colombia que hace frontera con Panamá y tiene costa en el Pacífico y en el mar Caribe. La población es toda de color [11]. Nuquí es un pueblo muy pobre, las casas son muy rudimentarias [12]. Al lado del aeropuerto había un montón de militares con sus armas cargadas [13]. Despacito me iba acostumbrando a esta imagen. En varios sitios se escuchaba música extremadamente alta, veíamos a gente bailando a las 11 de la mañana con cervezas en la mano. Pero paseando también veías a pescadores y a niños jugando a la pelota, y veías pájaros, muchísimos pájaros, ¿qué eran? ¿gaviotas? ¿y buitres [14]? No sé, sé muy poco de pájaros, pero el espectáculo era impresionante porque volaban felices de un sitio a otro, todos juntos. La gente de Nuquí es súper amable. Todo el mundo te saluda con una sonrisa y te deja tranquilo. El señor de un quiosco nos dio la bienvenida a Nuquí, y solo pudo decir cosas bonitas de su región. ¡Qué simpático! Esta primera impresión de la gente se me reafirmó [15] más tarde, cuando, después de un trayecto [16] de 45 minutos por el mar, llegamos a nuestro destino. Nos bajamos de la barca con los zapatos en la mano y, todavía en la playa, vino la gente del hospedaje, la gente que trabajaba allí, la cocinera, el guía, la limpiadora… vinieron todos a recibirnos, todos con los brazos abiertos y nos dieron abrazos y besos. ¡Qué gente tan cariñosa, tan alegre y tan simpática! Yo me sentí desde el primer momento como en casa.

Han pasado ya cinco días y sigo por aquí. La vida es tranquila, las puestas de sol son espectaculares, el cielo es más estrellado de lo que os podáis imaginar, el agua es clara, las palmeras altas, la arena volcánica… Los cangrejos son los reyes de la playa, las aves las reinas del cielo. Un paraíso, pero … David se ha puesto enfermo y tenemos que retrasar el viaje. Yo, no puedo hacer nada por él. Los médicos están en Medellín. Ya me lo dijo Aisha, ya me lo han dicho aquí. Así que, de momento, vamos a quedarnos tres o cuatro días más. David se pondrá bien, espero. Flora le hace sus tés y le cuida con paciencia. Yo, mientras tanto, sigo descubriendo la zona. A veces sola, a veces con un chico de aquí, con nuestro guía particular. Bueno, es que… aquí estamos solos. ¿Sabéis amigos? Estamos completamente solos, pero lo que es muy curioso, es que sí que hay internet. Así que, me podréis escuchar dentro de dos semanas. No sé si grabaré el podcast en Colombia o ya en Suiza, pero lo que es seguro es que me escucharéis, ¡o eso espero!

***

Bueno amigos, llegamos ya al final de este podcast. El 5 de julio os contaré todo, cómo nos va, cómo se puso enfermo David y lo que estoy conociendo por aquí. Mientras tanto, acordaros de mirar las fotos en Instagram y de practicar las nuevas palabras con el entrenador de vocabulario. Hasta entonces, cuidaros y que os vaya muy bien.

Glossaire: A mi aire [1] facturar: check-in; registrar y entregar el equipaje para que llegue a su destino

[2] (el) peso: la balanza, aparato que sirve para pesar

[3] no dar crédito: no creerse algo por parecer imposible; resultar extraño y muy especial

[4] (el) punto de encuentro: lugar neutral donde se cita la gente o se reune para luego hacer algo

[5] charlatán/a: persona que habla mucho

[6] sin aspavientos: tranquilamente, sin demostrar nerviosismo o excitación

[7] el corazón salta de alegría: cuando una persona está muy contenta

[8] cobrar serenidad: calmarse, tranquilizarse

[9] (el) alojamiento: lugar para dormir

[10] la marea: son los movimientos periódicos del agua del mar; la marea puede estar alta o baja

[11] ser de color: negro, moreno, muy oscuro

[12] rudimentario: muy básico, sencillo, elemental

[13] armas cargadas: fusiles preparados para disparar, con munición

[14] (el) buitre: ave rapaz que mide unos dos metros

[15] reafirmar: confirmar, afirmar de nuevo

[16] (el) trayecto: espacio que se recorre de un punto a otro; el viaje



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Hola amigos, sigo en Colombia. Hoy, 21 de junio, os voy a hablar de una región impresionante, del Chocó. Os contaré cosas sobre esta zona de Colombia donde solo hay mar y selva y de cómo llegué hasta aquí. Os voy a hablar de cómo fue mi vuelo a Nuquí con una niña que tenía un miedo inmenso a volar. ¡Ya veréis qué vuelo tan especial! Y al final del podcast os enteraréis de por qué tengo que retrasar el viaje de vuelta, sí, y me tengo que quedar más tiempo aquí, en el Chocó. Esta vez no es por placer, sino por necesidad. ¡Escuchad, escuchad!

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El domingo pasado nos levantamos muy temprano para irnos al aeropuerto. Al llegar lo primero que hicimos fue facturar [1] la mochila. No podía pesar más de 11 kilos. Después de pesar las mochilas, nos tuvimos que subir nosotros en el peso [2], ¡nosotros, sí! ¡Qué risa! No daba crédito [3]. ¿Por qué nos tenían que pesar a nosotros? ¿Cómo sería el avión? ¿sería realmente tan pequeño? David me dijo que solo había plazas para 11 personas, pero que si los pasajeros pesaban mucho, volaban menos personas. Yo pensé en mi tío, él pesaba al menos 100 kilos. Para pesarse tenía que colocar dos pesos juntos y poner un pie en cada uno. Así él sabía lo que realmente pesaba. Mi tío hubiera volado prácticamente solo a Nuquí, pensando en él sonreí y me bajé del peso. “En media hora tienen que ir aquí a la derecha, espérenme enfrente de la tienda de recuerdos. Allí les recogemos”, nos dijo la señorita del mostrador. David y yo nos fuimos a desayunar. Había un puesto de donuts sin donuts y una cafetería que sí tenía café. En el medio de la sala había un par de mesas, donde un hombre vendía lotería. Al llegar la hora nos dirigimos al punto de encuentro [4]. Los pasajeros eran todos de color, nosotros éramos los únicos blancos. Turistas, ni uno. En la tienda de recuerdos de Medellín, vendían armas, pistolas de verdad. En fin, realmente otro mundo.

Allí no había diferentes puertas de embarque ni control de nada. “¿Van a Nuquí? ¿Sí? Pues vengan por aquí.” En la sala de espera una niña se puso a hablar conmigo y a contarme un montón de cosas. Vivía en Nuquí y había ido a Medellín al médico. Se llamaba Aisha y tenía unos 11 años. A mí me fascinaban sus ojitos negros, tan vivos y expresivos, me encantaba su piel tan morena y su pelo trenzado desde la raíz. Era una niña muy charlatana [5] y curiosa, me preguntó un montón de cosas. Sus padres me miraban y sonreían, eran buena gente. Aisha entró conmigo en el avión y se sentó a mi lado. A ella no le gustaba volar. Yo, en cambio, estaba fascinada. ¡El avión era tan pequeño! Desde mi asiento yo veía perfectamente a los pilotos, no había una puerta que los separara de nosotros. Aisha, empezó a ponerse nerviosa y a mover las manitas. “Pero Aisha, no es la primera vez que vuelas de Medellín a Nuquí, ya sabes que nunca pasa nada.” Ella me miró muy seria. “Siempre voy al médico en Medellín.” - “¿No tenéis médico en Nuquí?” - “No sé, yo siempre voy al médico a Medellín.” No le pregunté más.

El avión empezó a moverse por la pista, Aisha empezó a llorar suavemente, eran nervios puros. La mamá le dijo que leyera: “Lee algo, niña, que ya casi estamos en el aire.” Aisha cogió la hoja de delante, donde le explicaban qué hacer en caso de emergencia. ¡Menuda lectura! pensé yo, está leyendo qué hacer en caso de accidente. La niña leía concentrada y las lágrimas le resbalaban involuntariamente por las mejillas, sin aspavientos [6], sin ruido. Eran lágrimas suaves de miedo puro. Le di la mano fuerte, la tenía fría. Ella me sujetó también muy fuerte, sin mirarme. El avión despegó y, en esos 20 minutos de vuelo, Aisha no me soltó la mano. Fue un vuelo espectacular. Mi corazón saltaba de alegría [7] y palpitaba de excitación. Por la ventana veía selva y más selva, nos adentrábamos en la Colombia más profunda, en el corazón de una tierra inexplorada, en una naturaleza pura, lejos de la civilización, lejos de todo. Mientras Aisha se tranquilizaba, yo cobraba serenidad [8]. Conseguimos calmarnos a la vez, ella de su miedo, yo de mi excitación. Aterrizamos las dos con una sonrisa.

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En el aeropuerto de Nuquí nos tenía que venir a buscar una barca para llevarnos hasta el alojamiento [9]. Como la marea [10] estaba baja, teníamos que esperar. La barca podía llegar solo cuando la marea estaba alta. Así que, David y yo nos fuimos a dar una vuelta por allí. Acabábamos de llegar al Chocó, una región de Colombia que hace frontera con Panamá y tiene costa en el Pacífico y en el mar Caribe. La población es toda de color [11]. Nuquí es un pueblo muy pobre, las casas son muy rudimentarias [12]. Al lado del aeropuerto había un montón de militares con sus armas cargadas [13]. Despacito me iba acostumbrando a esta imagen. En varios sitios se escuchaba música extremadamente alta, veíamos a gente bailando a las 11 de la mañana con cervezas en la mano. Pero paseando también veías a pescadores y a niños jugando a la pelota, y veías pájaros, muchísimos pájaros, ¿qué eran? ¿gaviotas? ¿y buitres [14]? No sé, sé muy poco de pájaros, pero el espectáculo era impresionante porque volaban felices de un sitio a otro, todos juntos. La gente de Nuquí es súper amable. Todo el mundo te saluda con una sonrisa y te deja tranquilo. El señor de un quiosco nos dio la bienvenida a Nuquí, y solo pudo decir cosas bonitas de su región. ¡Qué simpático! Esta primera impresión de la gente se me reafirmó [15] más tarde, cuando, después de un trayecto [16] de 45 minutos por el mar, llegamos a nuestro destino. Nos bajamos de la barca con los zapatos en la mano y, todavía en la playa, vino la gente del hospedaje, la gente que trabajaba allí, la cocinera, el guía, la limpiadora… vinieron todos a recibirnos, todos con los brazos abiertos y nos dieron abrazos y besos. ¡Qué gente tan cariñosa, tan alegre y tan simpática! Yo me sentí desde el primer momento como en casa.

Han pasado ya cinco días y sigo por aquí. La vida es tranquila, las puestas de sol son espectaculares, el cielo es más estrellado de lo que os podáis imaginar, el agua es clara, las palmeras altas, la arena volcánica… Los cangrejos son los reyes de la playa, las aves las reinas del cielo. Un paraíso, pero … David se ha puesto enfermo y tenemos que retrasar el viaje. Yo, no puedo hacer nada por él. Los médicos están en Medellín. Ya me lo dijo Aisha, ya me lo han dicho aquí. Así que, de momento, vamos a quedarnos tres o cuatro días más. David se pondrá bien, espero. Flora le hace sus tés y le cuida con paciencia. Yo, mientras tanto, sigo descubriendo la zona. A veces sola, a veces con un chico de aquí, con nuestro guía particular. Bueno, es que… aquí estamos solos. ¿Sabéis amigos? Estamos completamente solos, pero lo que es muy curioso, es que sí que hay internet. Así que, me podréis escuchar dentro de dos semanas. No sé si grabaré el podcast en Colombia o ya en Suiza, pero lo que es seguro es que me escucharéis, ¡o eso espero!

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Bueno amigos, llegamos ya al final de este podcast. El 5 de julio os contaré todo, cómo nos va, cómo se puso enfermo David y lo que estoy conociendo por aquí. Mientras tanto, acordaros de mirar las fotos en Instagram y de practicar las nuevas palabras con el entrenador de vocabulario. Hasta entonces, cuidaros y que os vaya muy bien.

Glossaire: A mi aire [1] facturar: check-in; registrar y entregar el equipaje para que llegue a su destino

[2] (el) peso: la balanza, aparato que sirve para pesar

[3] no dar crédito: no creerse algo por parecer imposible; resultar extraño y muy especial

[4] (el) punto de encuentro: lugar neutral donde se cita la gente o se reune para luego hacer algo

[5] charlatán/a: persona que habla mucho

[6] sin aspavientos: tranquilamente, sin demostrar nerviosismo o excitación

[7] el corazón salta de alegría: cuando una persona está muy contenta

[8] cobrar serenidad: calmarse, tranquilizarse

[9] (el) alojamiento: lugar para dormir

[10] la marea: son los movimientos periódicos del agua del mar; la marea puede estar alta o baja

[11] ser de color: negro, moreno, muy oscuro

[12] rudimentario: muy básico, sencillo, elemental

[13] armas cargadas: fusiles preparados para disparar, con munición

[14] (el) buitre: ave rapaz que mide unos dos metros

[15] reafirmar: confirmar, afirmar de nuevo

[16] (el) trayecto: espacio que se recorre de un punto a otro; el viaje


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