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A Mi aire, El bicentenario del Museo del Prado

Hola amigos, bienvenidos a « A mi aire » hoy 1 de febrero. Y en estos días de frío, uno de los mejores planes es ir a ver exposiciones, ¿no? Mirad, hoy os llevo al Museo del Prado, es que este año es su bicentenario [1]. 200 años cumple el Museo de Madrid, ¡sí, señor!, 200. Un montón, ¿verdad? Y por eso, os dije la última vez que el 2019 es un año especial para Madrid. El Museo ofrece distintas actividades especiales y exposiciones para celebrar el aniversario, pero yo os voy a contar historias pequeñas relacionadas con el museo, os voy a hablar de los tesoros que guarda [2].

***

El Museo del Prado lo conocí con mis padres. Todos los domingos íbamos a algún museo y mi preferido era, sin duda [3], el Prado. Mis padres me enseñaron a mirar y admirar [4], por ejemplo, a Francisco de Goya y me enseñaron también a viajar por la historia mirando sus cuadros. A mí me fascinaba la época feliz del siglo XVIIIreflejada en las luces y brillos de las pinturas. Los cuadros de los Reyes me hacían mucha gracia [5]. Me parecían muy feos y pensaba: - pues de verdad, de verdad esos reyes serían más feos todavía, porque en estos cuadros se debían encontrar muy guapos -. Yo me reía sola para mis adentros [6]. Con Goya realmente haces un viaje por la historia, siempre me han fascinado los “ Los fusilamientos [7] “ que fueron el 3 de mayo del 1808 en Madrid. El cuadro nos recuerda el levantamiento [8] de los madrileños contra las tropas francesas. Este capítulo de la historia de España es muy interesante, os invito a googlearlo de verdad. La guerra de la Independencia de los españoles dura 6 años y Goya la documenta, por decirlo de alguna manera, estupendamente. En fin, no pararía de hablar de este pintor. Bueno, pues este año es el bicentenario del Museo del Prado. Hace 200 años que existe y yo llevo casi medio siglo visitándolo. Se me pone la carne de gallina [9] sólo de pensarlo, ¡cuánto tiempo! Para mí, el Museo del Prado está unido a miles de pequeñas historias, pero hay dos concretas que os quiero contar. Mirad, hace dos años un alumno mío llegó a la clase de español y me dijo: Alicia, tengo un regalo para ti -. ¿Y sabéis que me regaló? ¡No lo adivinaríais nunca! Me regaló una llave del Museo del Prado, la llave de un casillero [10] donde se guardan los abrigos y se dejan los bolsos. Yo, con mi fantasía, pensé: a lo mejor Roberto me ha dejado un regalo de verdad en ese casillero, a lo mejor hay algo que tengo que recoger -. Desde entonces, cada vez que voy a Madrid, me paseo por delante del casillero. Sigue cerrado, pero… ¡no me atrevo [11] a abrirlo! ¿Seré tonta?

***

Como os he dicho, para mí, el Prado es una visita obligada [12] en Madrid y a mí me gusta ir sola. Así puedo contemplar las obras todo el tiempo que quiero, pararme en las que me fascinan tranquila. No me gusta hablar en los museos, sino mirar, me gusta sólo mirar. Bueno, pues había visto ya mis cuadros de Goya y bajé a la planta de abajo; allí buscaba como una tonta el “Jardín de las delicias”, el cuadro del Bosco, pero no lo encontraba. Entonces pregunté a un hombre que vigilaba la sala. Empecé a hablar con él y ... ¡yo no sé cómo lo hago!, pero este hombre me empezó a contar su vida. Me dijo que le encantaba su trabajo de guarda de seguridad en el museo, que era un lujo estar en esas salas todos los días. Él no se cansaba de mirar los cuadros.

Entonces me miró a mí muy serio: ¿pero de verdad quieres ir a ver el Jardín de las delicias o prefieres que te enseñe un tesoro? - . - ¿Un tesoro? - pregunté abriendo los ojos, - ¡pues claro que prefiero ver un tesoro! – .- Ven, ven conmigo -. José me paseó por las salas llenas de gente sin hacer caso a nadie [13], andaba seguro y directo. – Ahora, cierra los ojos, Alicia -. Bueno, me parecía un poco ridículo [14] cerrar los ojos en una sala llena de gente, ¡qué vergüenza! – ¡Qué sí, mujer, cierra los ojos! - me dijo otra vez. Le hice caso. Cerré los ojos y José me cogió de la mano. Anduvimoscinco pasos, o quizás seis, o siete, no sé, a mí me parecieron muchos. Oía a la gente hablar a mi lado, pero no hablaban de mí,yo era invisible [15] para ellos, y como tenía los ojos cerrados,pensaba que no me veía nadie, como cuando era pequeña.Cuando era pequeña, yo cerraba los ojos, me los tapaba con las manos y decía: ¿a qué ahora no me ves? -. Pues eso, me imaginé que nadie me veía porque tenía los ojos cerrados. – Ya - oí a mi lado – Alicia, ya, ya puedes mirar -. Cuando abrí los ojos … uf, no me lo podía creer, amigos. ¿Estaba en el Museo del Louvre?,¿había viajado sin darme cuenta [16]? ¡No me lo podía creer!Realmente estaba viendo un tesoro… - ¿La ves, Alicia? - .- ¿Pero es…? - José se empezó a reír. - Claro que sí, Alicia, esta es nuestra Gioconda, nuestra Mona Lisa -. Era… ¿cómo explicaros, queridos oyentes? Era fantástica. El fondo del cuadro era negro, y en primer plano una mujer de mirada tranquila y sonrisa indecisa [17] que me miraba de lado. La Gioconda te mira siempre, estés donde estés, da igual, ella siempre te mira. Nuestra Mona Lisa tenía cejas [18], una mirada clara que la diferenciaba de la Gioconda de Leonardo da Vinci… José se fue y me dejó sola. No sé cuánto tiempo estuve mirándola. Me fui cuando cerró el museo y sintiendo la mirada de la Gioconda a mi espalda.

***

Pues sí. Ese fue mi primer encuentro con la copia del genio italiano. Años más tarde, hicieron una radiografía al cuadro y analizaron los pigmentos; entonces se dieron cuenta de que alguien había pintado el fondo del cuadro de negro, pero que debajo había un paisaje muy parecido al de la pintura original. Almudena Sánchez restauró el cuadro hace dos años y la Gioconda ha ganado mucho, el cuadro se ve más bonito. Ahora también se sabe que lo pintó un discípulo [19] de Leonardo da Vinci a la vez que él pintaba el original. Los dos cuadros tienen las mismas correcciones. La diferencia más grande entre las dos Giocondas, es que la nuestra tiene cejas. Sí, la nuestra nos mira con cejas. Curioso, ¿verdad?

***

Bueno, ya llegamos al final de este podcast. Os espero el 15 de febrero aquí, en podclub.ch o vía app. Entonces tendré en el estudio a Isabel, o mejor dicho a Amaya, ese es su nombre artístico. Amaya es cantaora y bailaora,una mujer que baila y canta flamenco como los ángeles [20]. Ella nos hablará, entre otras cosas, sobre la historia del flamenco. ¡Os esperamos! Mientras tanto, podéis mirar fotos en Instagram y utilizar el entrenador de vocabulario de la aplicación. Y ahora, a disfrutar de la nieve y de las exposiciones que tenemos en nuestros preciosos museos. ¡Adiós, amigos!

Glossaire: A mi aire [1] (el) bicentenario: año que se cumplen dos siglos o 200 años

[2] guardar: tener, conservar en un sitio seguro

[3] sin duda: sin pensarlo dos veces, sin dudar

[4] admirar: mirar algo con admiración, ver algo con estima y agrado porque llama la atención por sus cualidades extraordinarias

[5] hacer gracia: resultar gracioso, chistoso, divertido

[6] para mis adentros: para mí misma, en mi interior

[7] (el) fusilamiento: matar a alguien con un fusil, con un arma de fuego

[8] (el) levantamiento: cuando hay un alboroto popular, una sublevación, un motín; hay un levantamiento para protestar contra una injusticia, por enfado e indignación

[9] ponerse la carne de gallina: ponerse los pelos de punta; cuando algo emociona y/o sorprende

[10] (el) casillero: como un cajón donde se guardan los bolsos o los abrigos; hay casilleros en todos los museos y allí se dejan cosas para ver la exposición tranquilamente; es como una consigna

[11] no atreverse: no tener el valor de hacer algo

[12] obligada: necesaria, fundamental, que hay que hacer

[13] sin hacer caso a nadie: sin prestar atención a nadie; sin tener en cuenta a las personas, sin mirar ni hablar con otra gente

[14] ridículo: absurdo, raro, extraño

[15] invisible: trasparente; algo invisible no se ve

[16] sin darse cuenta: sin tener conciencia de algo, sin saberlo

[17] indeciso/a: sin seguridad

[18] (las) cejas: parte de la cara cubierta de pelo que está encima de los ojos

[19] (el) discípulo: estudiante; persona que aprende una doctrina, ciencia o arte con un maestro

[20] como los ángeles: estupendamente, fenomenal, genial



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Hola amigos, bienvenidos a « A mi aire » hoy 1 de febrero. Y en estos días de frío, uno de los mejores planes es ir a ver exposiciones, ¿no? Mirad, hoy os llevo al Museo del Prado, es que este año es su bicentenario [1]. 200 años cumple el Museo de Madrid, ¡sí, señor!, 200. Un montón, ¿verdad? Y por eso, os dije la última vez que el 2019 es un año especial para Madrid. El Museo ofrece distintas actividades especiales y exposiciones para celebrar el aniversario, pero yo os voy a contar historias pequeñas relacionadas con el museo, os voy a hablar de los tesoros que guarda [2].

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El Museo del Prado lo conocí con mis padres. Todos los domingos íbamos a algún museo y mi preferido era, sin duda [3], el Prado. Mis padres me enseñaron a mirar y admirar [4], por ejemplo, a Francisco de Goya y me enseñaron también a viajar por la historia mirando sus cuadros. A mí me fascinaba la época feliz del siglo XVIIIreflejada en las luces y brillos de las pinturas. Los cuadros de los Reyes me hacían mucha gracia [5]. Me parecían muy feos y pensaba: - pues de verdad, de verdad esos reyes serían más feos todavía, porque en estos cuadros se debían encontrar muy guapos -. Yo me reía sola para mis adentros [6]. Con Goya realmente haces un viaje por la historia, siempre me han fascinado los “ Los fusilamientos [7] “ que fueron el 3 de mayo del 1808 en Madrid. El cuadro nos recuerda el levantamiento [8] de los madrileños contra las tropas francesas. Este capítulo de la historia de España es muy interesante, os invito a googlearlo de verdad. La guerra de la Independencia de los españoles dura 6 años y Goya la documenta, por decirlo de alguna manera, estupendamente. En fin, no pararía de hablar de este pintor. Bueno, pues este año es el bicentenario del Museo del Prado. Hace 200 años que existe y yo llevo casi medio siglo visitándolo. Se me pone la carne de gallina [9] sólo de pensarlo, ¡cuánto tiempo! Para mí, el Museo del Prado está unido a miles de pequeñas historias, pero hay dos concretas que os quiero contar. Mirad, hace dos años un alumno mío llegó a la clase de español y me dijo: Alicia, tengo un regalo para ti -. ¿Y sabéis que me regaló? ¡No lo adivinaríais nunca! Me regaló una llave del Museo del Prado, la llave de un casillero [10] donde se guardan los abrigos y se dejan los bolsos. Yo, con mi fantasía, pensé: a lo mejor Roberto me ha dejado un regalo de verdad en ese casillero, a lo mejor hay algo que tengo que recoger -. Desde entonces, cada vez que voy a Madrid, me paseo por delante del casillero. Sigue cerrado, pero… ¡no me atrevo [11] a abrirlo! ¿Seré tonta?

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Como os he dicho, para mí, el Prado es una visita obligada [12] en Madrid y a mí me gusta ir sola. Así puedo contemplar las obras todo el tiempo que quiero, pararme en las que me fascinan tranquila. No me gusta hablar en los museos, sino mirar, me gusta sólo mirar. Bueno, pues había visto ya mis cuadros de Goya y bajé a la planta de abajo; allí buscaba como una tonta el “Jardín de las delicias”, el cuadro del Bosco, pero no lo encontraba. Entonces pregunté a un hombre que vigilaba la sala. Empecé a hablar con él y ... ¡yo no sé cómo lo hago!, pero este hombre me empezó a contar su vida. Me dijo que le encantaba su trabajo de guarda de seguridad en el museo, que era un lujo estar en esas salas todos los días. Él no se cansaba de mirar los cuadros.

Entonces me miró a mí muy serio: ¿pero de verdad quieres ir a ver el Jardín de las delicias o prefieres que te enseñe un tesoro? - . - ¿Un tesoro? - pregunté abriendo los ojos, - ¡pues claro que prefiero ver un tesoro! – .- Ven, ven conmigo -. José me paseó por las salas llenas de gente sin hacer caso a nadie [13], andaba seguro y directo. – Ahora, cierra los ojos, Alicia -. Bueno, me parecía un poco ridículo [14] cerrar los ojos en una sala llena de gente, ¡qué vergüenza! – ¡Qué sí, mujer, cierra los ojos! - me dijo otra vez. Le hice caso. Cerré los ojos y José me cogió de la mano. Anduvimoscinco pasos, o quizás seis, o siete, no sé, a mí me parecieron muchos. Oía a la gente hablar a mi lado, pero no hablaban de mí,yo era invisible [15] para ellos, y como tenía los ojos cerrados,pensaba que no me veía nadie, como cuando era pequeña.Cuando era pequeña, yo cerraba los ojos, me los tapaba con las manos y decía: ¿a qué ahora no me ves? -. Pues eso, me imaginé que nadie me veía porque tenía los ojos cerrados. – Ya - oí a mi lado – Alicia, ya, ya puedes mirar -. Cuando abrí los ojos … uf, no me lo podía creer, amigos. ¿Estaba en el Museo del Louvre?,¿había viajado sin darme cuenta [16]? ¡No me lo podía creer!Realmente estaba viendo un tesoro… - ¿La ves, Alicia? - .- ¿Pero es…? - José se empezó a reír. - Claro que sí, Alicia, esta es nuestra Gioconda, nuestra Mona Lisa -. Era… ¿cómo explicaros, queridos oyentes? Era fantástica. El fondo del cuadro era negro, y en primer plano una mujer de mirada tranquila y sonrisa indecisa [17] que me miraba de lado. La Gioconda te mira siempre, estés donde estés, da igual, ella siempre te mira. Nuestra Mona Lisa tenía cejas [18], una mirada clara que la diferenciaba de la Gioconda de Leonardo da Vinci… José se fue y me dejó sola. No sé cuánto tiempo estuve mirándola. Me fui cuando cerró el museo y sintiendo la mirada de la Gioconda a mi espalda.

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Pues sí. Ese fue mi primer encuentro con la copia del genio italiano. Años más tarde, hicieron una radiografía al cuadro y analizaron los pigmentos; entonces se dieron cuenta de que alguien había pintado el fondo del cuadro de negro, pero que debajo había un paisaje muy parecido al de la pintura original. Almudena Sánchez restauró el cuadro hace dos años y la Gioconda ha ganado mucho, el cuadro se ve más bonito. Ahora también se sabe que lo pintó un discípulo [19] de Leonardo da Vinci a la vez que él pintaba el original. Los dos cuadros tienen las mismas correcciones. La diferencia más grande entre las dos Giocondas, es que la nuestra tiene cejas. Sí, la nuestra nos mira con cejas. Curioso, ¿verdad?

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Bueno, ya llegamos al final de este podcast. Os espero el 15 de febrero aquí, en podclub.ch o vía app. Entonces tendré en el estudio a Isabel, o mejor dicho a Amaya, ese es su nombre artístico. Amaya es cantaora y bailaora,una mujer que baila y canta flamenco como los ángeles [20]. Ella nos hablará, entre otras cosas, sobre la historia del flamenco. ¡Os esperamos! Mientras tanto, podéis mirar fotos en Instagram y utilizar el entrenador de vocabulario de la aplicación. Y ahora, a disfrutar de la nieve y de las exposiciones que tenemos en nuestros preciosos museos. ¡Adiós, amigos!

Glossaire: A mi aire [1] (el) bicentenario: año que se cumplen dos siglos o 200 años

[2] guardar: tener, conservar en un sitio seguro

[3] sin duda: sin pensarlo dos veces, sin dudar

[4] admirar: mirar algo con admiración, ver algo con estima y agrado porque llama la atención por sus cualidades extraordinarias

[5] hacer gracia: resultar gracioso, chistoso, divertido

[6] para mis adentros: para mí misma, en mi interior

[7] (el) fusilamiento: matar a alguien con un fusil, con un arma de fuego

[8] (el) levantamiento: cuando hay un alboroto popular, una sublevación, un motín; hay un levantamiento para protestar contra una injusticia, por enfado e indignación

[9] ponerse la carne de gallina: ponerse los pelos de punta; cuando algo emociona y/o sorprende

[10] (el) casillero: como un cajón donde se guardan los bolsos o los abrigos; hay casilleros en todos los museos y allí se dejan cosas para ver la exposición tranquilamente; es como una consigna

[11] no atreverse: no tener el valor de hacer algo

[12] obligada: necesaria, fundamental, que hay que hacer

[13] sin hacer caso a nadie: sin prestar atención a nadie; sin tener en cuenta a las personas, sin mirar ni hablar con otra gente

[14] ridículo: absurdo, raro, extraño

[15] invisible: trasparente; algo invisible no se ve

[16] sin darse cuenta: sin tener conciencia de algo, sin saberlo

[17] indeciso/a: sin seguridad

[18] (las) cejas: parte de la cara cubierta de pelo que está encima de los ojos

[19] (el) discípulo: estudiante; persona que aprende una doctrina, ciencia o arte con un maestro

[20] como los ángeles: estupendamente, fenomenal, genial


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