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A Mi aire, Bogotá y la vida por sus calles

Hola amigos, os doy la bienvenida a este nuevo podcast de A mi aire… ¡desde Colombia! Sí, desde Colombia, desde este estupendo país que solo tiene dos estaciones, invierno y verano. Ahora estamos en invierno, esto significa que es época de lluvias, pero hasta ahora he tenido suerte y no llueve demasiado, ¡siempre sale el sol! Primero he estado en Bogotá y ahora estoy en el Eje Cafetero; pero hoy, 10 de mayo, os voy a hablar solamente de Bogotá y de la vida por sus calles.

Hola amigos, os doy la bienvenida a este nuevo podcast de A mi aire… ¡desde Colombia! Sí, desde Colombia,desde este estupendo país que solo tiene dos estaciones, invierno y verano. Ahora estamos en invierno, esto significa que es época de lluvias, pero hasta ahora he tenido suerte y no llueve demasiado, ¡siempre sale el sol! Primero he estado en Bogotá y ahora estoy en el Eje Cafetero; pero hoy, 10 de mayo, os voy a hablar solamente de Bogotá y de la vida por sus calles.

***

Mis amigos me preguntan cómo es Bogotá, que qué me parece. Y tengo que pensarlo dos veces antes de contestar. Bogotá me ha sorprendido mucho, me parece una ciudad cuidada y ordenada, donde las cosas funcionan. La veo limpia para ser una ciudad de 8 millones de habitantes y el tráfico no es tan caótico como en Roma. Yo me encuentro estupendamende descubriendo sus calles y rincones[1]. El museo del Oro es una maravilla y el museo Botero una joya.

Me gusta mucho su centro colonial. Paseando por La Candelaria se ven casas bajitas de colores con balcones de madera y en muchas paredes hay unos grafitis estupendos. Algunos grafitis representan los ancestros [2] indígenas, otros pues animales, como colibrís, loros [3], monos o dragones. Hay toda una exposición de arte grafitero al aire libre. ¡Me encanta! Nosotros salimos por la noche por ese barrio y estaba muy animado [4], vimos a mucha gente joven hablando y riendo en la plaza de Quevedo. En Bogotá hay muchos estudiantes y el lugar invitaba a tomar una cervecita ; así que, por allí nos quedamos. Los bares de esa zona son muy bonitos, están muy bien decorados y son muy chulos. Al salir del bar ya no había prácticamente nadie por la calle. Yo le dije a David que podíamos ir a otro bar. Eran solo las diez y media de la noche y no me apetecía irme ya a la cama. Entonces, caminamos un poquito por allí buscando otro bar.Las calles estaban vacías. La gente ya se había ido a sus casas. David se empezó a poner nervioso. Durante el día se ven a los militares con sus fusiles [5] en las esquinas. Eso a mí al principio me daba intranquilidad, porque los fusiles están cargados [6] y si hay problemas, pues disparan. Pero, por otra parte, no me tienen que intranquilizar porque estos hombres están allí para mantener el orden [7]. Por la mañana, ese mismo día, vimos una pelea [8] entre dos jóvenes. De repente, sacaron unos cuchillos, no eran navajas [9], no, ¡eran cuchillos! Y yo me asusté mucho, cogí a David del brazo y nos alejamos un poco. Me daba mucho miedo estar ahí en medio.Esos jóvenes solo tenían odio en sus palabras, en sus gestos, eran muy agresivos. Yo creía que se iban a matar… ¡qué horror! Me asusté mucho, de verdad. En seguida llegó la policía. La ciudad es más segura que hace unos años, sí, pero todavía hay que tener cuidado. Hay zonas inseguras y un poco peligrosas. Por eso, a las diez y media de la noche, yo me quería tomar otra cerveza, otra Club Colombia, pero David me llevó al hotel.A mí se me olvida que un lugar puede ser peligroso. Entre las casitas coloniales, mirando los grafitis por la nochey después de tantas impresiones y sentimientos que me provocaban la ciudad, solo quería bailar entre las calles.Menos mal que David tiene más cabeza [10] que yo y me llevó al hotel.

***

Bogotá también me sorprende por sus altos edificios y la Carrera 7, donde puedes ir de compras. Allí no ha llegado H&M, ni Desigual, no encuentras un Zara o una tienda de Nike, no. Parece que la globalización ha dejado de lado [11] a los colombianos, aquí no ha llegado. El ir de compras es comprar artesanía, cosas de segunda mano o copias buenas de gafas, como las que nos ofrece un hombre con cuatro falsificaciones [12] de Ray Ban en la mano. Ir de compras... no es como en Zúrich o en Madrid. Aquí de compras interactúas [13] con la gente, ir de compras es una excusa para una buena conversación.

Por ejemplo, a mí me gustan los pendientes que hace un chico moreno y me pongo a hablar con él, los bogotanos o rolos, como los llaman, son buena gente y amables. Siempre están dispuestos [14] a charlar.Mientras miro los pendientes, el chico me hace un anillo y me lo pone en el dedo. Un regalo, me dice. Entonces, me siento a su lado en el suelo, a cambio del anillo, le regalo palabras, conversación; aunque al final le compro unos pendientes, ¿eh?

Un poco más allá un hombre dibuja retratos de famosos sobre billetes venezolanos. Me intriga la técnica y empiezo a hablar con él. - ¿Lo dibujas todo de cabeza [15]? No tienes ninguna foto para copiar… -, le comento. - No, no. Mira. Preparo los retratos en casa. Entonces veo una línea fina en los billetes. El retrato ya está esbozado [16] con lápiz, pero ¿en billetes venezolanos? El chico me dice que ya no tienen ningún valor. Este hombre se llama Mateo y lo que me cuenta,lo que me cuenta después me impacta. Lleva solo 3 meses en Bogotá. Me dice que la gente se está yendo de Venezuela como puede. Ahora han cerrado las fronteras y solo dejan entrar a Colombia a mujeres y niños, pero la frontera está encima de un puente y por el río pasa la gente como puede... En ese momento el hombre que hace pulseras y collares a su lado se mete en la conversación. - Con estas artesanías sobrevivimos -, comenta su compañero-. Yo era profesor en Caracas, ahora toca esto. La situación en Venezuela es insoportable -. No digo nada, no sé qué decir. Los hombres tendrán mi edad... ¿qué futuro les espera? Me da una punzada en el estómago [17]. Me duele su situación, pero ellos están agradecidos y contentos. Han dado un paso, han tomado una decisión saliendo de Venezuela y la vida les vuelve a sonreír; aunque sea haciendo artesanía, en vez de enseñando en una escuela...

***

Colombia y Venezuela tienen una relación muy especial. Más de la mitad de los colombianos reciben a los venezolanos con los brazos abiertos, porque hubo un tiempo en que fue al revés, los colombianos tuvieron que huir a Venezuela. De esa acogida [18] no se olvidan los colombianos. Los venezolanos son sus hermanos. Y esta gente venezolana es trabajadora y se busca la vida [19]. No solo Mateo hace artesanía, hay muchos más que la hacen. La gente se busca la vida como puede, siempre mirando hacia adelante. El salir del país ya es para ellos un regalo y piensan que las cosas solo pueden ir a mejor. Ellos ya han vivido sin luz, sin mucha agua,ya han vivido la falta de comida... Ahora, en Colombia, su situación solo puede mejorar.

Bueno amigos, ya llegamos al final de este podcast. El día 24 de mayo me podréis escuchar de nuevo en podclub.ch o vía app. Entonces os hablaré del Eje Cafetero y los trekkings que estoy haciendo por aquí. Por cierto, he subido a los 4.300 metros de altitud, ¿eh? Y la finca la Argentina estaba mejor de lo que pensaba. El próximo día os cuento más. Mientras tanto, podéis ver fotos en Instagram y aprender las nuevas palabras de esta emisión con el entrenador de vocabulario de la aplicación. Hasta entonces, cuidaros y que os vaya muy bien. Glossary: A mi aire



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Hola amigos, os doy la bienvenida a este nuevo podcast de A mi aire… ¡desde Colombia! Sí, desde Colombia, desde este estupendo país que solo tiene dos estaciones, invierno y verano. Ahora estamos en invierno, esto significa que es época de lluvias, pero hasta ahora he tenido suerte y no llueve demasiado, ¡siempre sale el sol! Primero he estado en Bogotá y ahora estoy en el Eje Cafetero; pero hoy, 10 de mayo, os voy a hablar solamente de Bogotá y de la vida por sus calles.

Hola amigos, os doy la bienvenida a este nuevo podcast de A mi aire… ¡desde Colombia! Sí, desde Colombia,desde este estupendo país que solo tiene dos estaciones, invierno y verano. Ahora estamos en invierno, esto significa que es época de lluvias, pero hasta ahora he tenido suerte y no llueve demasiado, ¡siempre sale el sol! Primero he estado en Bogotá y ahora estoy en el Eje Cafetero; pero hoy, 10 de mayo, os voy a hablar solamente de Bogotá y de la vida por sus calles.

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Mis amigos me preguntan cómo es Bogotá, que qué me parece. Y tengo que pensarlo dos veces antes de contestar. Bogotá me ha sorprendido mucho, me parece una ciudad cuidada y ordenada, donde las cosas funcionan. La veo limpia para ser una ciudad de 8 millones de habitantes y el tráfico no es tan caótico como en Roma. Yo me encuentro estupendamende descubriendo sus calles y rincones[1]. El museo del Oro es una maravilla y el museo Botero una joya.

Me gusta mucho su centro colonial. Paseando por La Candelaria se ven casas bajitas de colores con balcones de madera y en muchas paredes hay unos grafitis estupendos. Algunos grafitis representan los ancestros [2] indígenas, otros pues animales, como colibrís, loros [3], monos o dragones. Hay toda una exposición de arte grafitero al aire libre. ¡Me encanta! Nosotros salimos por la noche por ese barrio y estaba muy animado [4], vimos a mucha gente joven hablando y riendo en la plaza de Quevedo. En Bogotá hay muchos estudiantes y el lugar invitaba a tomar una cervecita ; así que, por allí nos quedamos. Los bares de esa zona son muy bonitos, están muy bien decorados y son muy chulos. Al salir del bar ya no había prácticamente nadie por la calle. Yo le dije a David que podíamos ir a otro bar. Eran solo las diez y media de la noche y no me apetecía irme ya a la cama. Entonces, caminamos un poquito por allí buscando otro bar.Las calles estaban vacías. La gente ya se había ido a sus casas. David se empezó a poner nervioso. Durante el día se ven a los militares con sus fusiles [5] en las esquinas. Eso a mí al principio me daba intranquilidad, porque los fusiles están cargados [6] y si hay problemas, pues disparan. Pero, por otra parte, no me tienen que intranquilizar porque estos hombres están allí para mantener el orden [7]. Por la mañana, ese mismo día, vimos una pelea [8] entre dos jóvenes. De repente, sacaron unos cuchillos, no eran navajas [9], no, ¡eran cuchillos! Y yo me asusté mucho, cogí a David del brazo y nos alejamos un poco. Me daba mucho miedo estar ahí en medio.Esos jóvenes solo tenían odio en sus palabras, en sus gestos, eran muy agresivos. Yo creía que se iban a matar… ¡qué horror! Me asusté mucho, de verdad. En seguida llegó la policía. La ciudad es más segura que hace unos años, sí, pero todavía hay que tener cuidado. Hay zonas inseguras y un poco peligrosas. Por eso, a las diez y media de la noche, yo me quería tomar otra cerveza, otra Club Colombia, pero David me llevó al hotel.A mí se me olvida que un lugar puede ser peligroso. Entre las casitas coloniales, mirando los grafitis por la nochey después de tantas impresiones y sentimientos que me provocaban la ciudad, solo quería bailar entre las calles.Menos mal que David tiene más cabeza [10] que yo y me llevó al hotel.

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Bogotá también me sorprende por sus altos edificios y la Carrera 7, donde puedes ir de compras. Allí no ha llegado H&M, ni Desigual, no encuentras un Zara o una tienda de Nike, no. Parece que la globalización ha dejado de lado [11] a los colombianos, aquí no ha llegado. El ir de compras es comprar artesanía, cosas de segunda mano o copias buenas de gafas, como las que nos ofrece un hombre con cuatro falsificaciones [12] de Ray Ban en la mano. Ir de compras... no es como en Zúrich o en Madrid. Aquí de compras interactúas [13] con la gente, ir de compras es una excusa para una buena conversación.

Por ejemplo, a mí me gustan los pendientes que hace un chico moreno y me pongo a hablar con él, los bogotanos o rolos, como los llaman, son buena gente y amables. Siempre están dispuestos [14] a charlar.Mientras miro los pendientes, el chico me hace un anillo y me lo pone en el dedo. Un regalo, me dice. Entonces, me siento a su lado en el suelo, a cambio del anillo, le regalo palabras, conversación; aunque al final le compro unos pendientes, ¿eh?

Un poco más allá un hombre dibuja retratos de famosos sobre billetes venezolanos. Me intriga la técnica y empiezo a hablar con él. - ¿Lo dibujas todo de cabeza [15]? No tienes ninguna foto para copiar… -, le comento. - No, no. Mira. Preparo los retratos en casa. Entonces veo una línea fina en los billetes. El retrato ya está esbozado [16] con lápiz, pero ¿en billetes venezolanos? El chico me dice que ya no tienen ningún valor. Este hombre se llama Mateo y lo que me cuenta,lo que me cuenta después me impacta. Lleva solo 3 meses en Bogotá. Me dice que la gente se está yendo de Venezuela como puede. Ahora han cerrado las fronteras y solo dejan entrar a Colombia a mujeres y niños, pero la frontera está encima de un puente y por el río pasa la gente como puede... En ese momento el hombre que hace pulseras y collares a su lado se mete en la conversación. - Con estas artesanías sobrevivimos -, comenta su compañero-. Yo era profesor en Caracas, ahora toca esto. La situación en Venezuela es insoportable -. No digo nada, no sé qué decir. Los hombres tendrán mi edad... ¿qué futuro les espera? Me da una punzada en el estómago [17]. Me duele su situación, pero ellos están agradecidos y contentos. Han dado un paso, han tomado una decisión saliendo de Venezuela y la vida les vuelve a sonreír; aunque sea haciendo artesanía, en vez de enseñando en una escuela...

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Colombia y Venezuela tienen una relación muy especial. Más de la mitad de los colombianos reciben a los venezolanos con los brazos abiertos, porque hubo un tiempo en que fue al revés, los colombianos tuvieron que huir a Venezuela. De esa acogida [18] no se olvidan los colombianos. Los venezolanos son sus hermanos. Y esta gente venezolana es trabajadora y se busca la vida [19]. No solo Mateo hace artesanía, hay muchos más que la hacen. La gente se busca la vida como puede, siempre mirando hacia adelante. El salir del país ya es para ellos un regalo y piensan que las cosas solo pueden ir a mejor. Ellos ya han vivido sin luz, sin mucha agua,ya han vivido la falta de comida... Ahora, en Colombia, su situación solo puede mejorar.

Bueno amigos, ya llegamos al final de este podcast. El día 24 de mayo me podréis escuchar de nuevo en podclub.ch o vía app. Entonces os hablaré del Eje Cafetero y los trekkings que estoy haciendo por aquí. Por cierto, he subido a los 4.300 metros de altitud, ¿eh? Y la finca la Argentina estaba mejor de lo que pensaba. El próximo día os cuento más. Mientras tanto, podéis ver fotos en Instagram y aprender las nuevas palabras de esta emisión con el entrenador de vocabulario de la aplicación. Hasta entonces, cuidaros y que os vaya muy bien. Glossary: A mi aire


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