image

A Mi aire, Apagón eléctrico y canoas en el lago

Hola amigos, bienvenidos a este nuevo podcast de “A mi aire”. Hoy, 12 de abril, os voy a hablar de mi última aventura en la nieve. Digo última, porque ya estamos en primavera y las próximas aventuras serán sobre otro tipo de excursiones. Pero antes de todo os voy a hablar del apagón eléctrico [1] que tuvimos el otro día aquí en Zúrich y mis paranoias [2].

***

Estábamos trabajando, cuando de repente se fueron las luces y los ordenadores dejaron de funcionar. - ¿Pero qué pasa ? - Nos miramos los unos a los otros. - ¿Me pasa solo a mí o vosotros tampoco podéis trabajar ? – pregunté a mi compañera. - No, no, yo tampoco puedo -.- Ni yo –, comentó Peter. Al minuto llegó Robert hablando en voz alta: ¿sabéis qué pasa? ¿se ha ido la electricidad en todo el edificio? - .- No sé, chico, aquí no puede trabajar nadie -, le contesté. Entonces, cogí mi móvil y empezé a buscar información en la red. No, no era un problema particular. Había un apagón eléctrico en todo el centro de Zúrich. Elke comentó: caos total en las calles, los tranvías no funcionan -. Uy, pensé yo, eso significa que la gente que está dentro del tranvía no puede salir. ¡Qué angustia [3]! ¿Te imaginas quedarte encerrado [4] dentro del tranvía y no poder salir? Entonces recordé una peliculita española muy antigua de media hora. La vi cuando era pequeña y, uy, ¡cuántas pesadillas [5] tuve! Se llamaba “la cabina” y era muy agobiante [6], puf, ¡ponía nerviosísimo! Resulta que el actor José Luis López Vázquez entra a una cabina de teléfonos para llamar. Antiguamente no había móviles, para llamar había cabinas con monedas. Bueno, pues cuando José Luis intenta salir, no puede. La puerta no se abre. Lo intenta de nuevo, pero nada. José Luis está dentro y no puede salir, la cabina es muy pequeña, muy estrecha, ¡enana [7]! El hombre golpea la puerta, pero nada, entonces llama a la gente que pasea por la calle; pero él está dentro y nadie le oye. Intenta abrir de nuevo; nada, nada, nada. El hombre se pone nervioso. Golpea la puerta con más fuerza, da una patada [8], intenta romper la puerta con el pie, el brazo, el codo. Pero nada. Él cada vez está más nervioso. La gente pasea, se ríe, habla y se para incluso al lado de la cabina, pero… nadie lo ve, la cabina parece invisible. Nosotros sentimos la desesperación de José Luis, su angustia, su miedo. El hombre empieza a sudar, se seca con el pañuelo, grita, mueve los brazos. Desde fuera no se oye nada. Pasa el tiempo, él se sienta en el suelo, se pone la cabeza entre las manos, está desesperado. Entonces llega una grúa [9]. Levanta la cabina con una máquina y se la lleva. José Luis López Vázquez da golpes a la puerta; la grúa se aleja. Dejamos de verla. Fin. ¡Puf, qué angustia, ¿eh?! Entonces, volví a mi realidad. Yo estaba en Zúrich y se acababa de ir la electricidad. Pensé en el ascensor. ¡Seguro que no funciona! ¿Y si hay alguien dentro del ascensor? ¿Y si hay alguien atrapado [10] entre el segundo y el tercero? Ayayay. Con esta idea en la cabeza, recogí mis cosas y me fui. Al llegar al ascensor, miré de un lado a otro, entonces grité: “¿Hay alguien dentro del ascensor? ¿Oiga?” Yo trabajo en el quinto piso y bajé piso a piso gritando lo mismo: “¿Hay alguien dentro? ¿Oiga?”. Gente de otras plantas me miraba raro, como si yo estuviera loca. Terminé sentada en la barra de un bar tomándome una cerveza e intenado olvidar mis paranoias.

***

Os tengo que hablar de un momento mágico, es que a David se le metió en la cabeza [11] subir al Klöntalersee a romper el hielo, pero amigos, David quería ir con las canoas y romper el hielo ¡con las canoas! Cuando me lo dijo, pensé que estaba loco, ¡vaya idea! Pero como vivo con él y me lo decía todos los días, pues me convenció [12]. El sábado íbamos con las canoas a romper el hielo del lago. Ese día nos levantamos muy temprano y me vestí realmente de invierno. David se reía de mí: ¡Que no vamos a esquiar, mujer! -. - No, pero nos vamos a meter en el agua… - Yo ya empezaba a arrepentirme [13] de ir con Hans y David…

Hans vive en Glarus y tiene nuestras canoas en su garaje. Así que fuimos para allá, pusimos las canoas encima de los coches y David, Hans y yo subimos al Klöntalersee. Hacía un día precioso y yo tenía un calor dentro del coche… A lo mejor David tenía razón y era una exagerada, me había abrigado [14] demasiado, ¡ya estaba sudando! Era la primera vez que iba con canoas a un lago helado y… me apetecía, pero no me apetecía, ¿me entendéis? Quería subirme a la canoa y jugar; pero, por otro lado, me daba frío. No quería mojarme los pies, ni caerme al agua, ¡qué frío! ¿Os imagináis? Ayayay. Pero… dejé de pensar en todo esto, cuando llegamos al lago. ¡Qué maravilla! ¡Qué bonito, amigos! El lago todavía estaba muy helado y había muy poca agua. - No podemos meter las dos canoas dentro del lago, hay muy poca agua, chicos -, comenté. Pero David y Hans no me hicieron caso [15] y bajaron las dos canoas del coche. Volví a hablar más alto: ¡que hay mucho hielo! ¡Que no podemos meter las dos canoas! - Nada, ni caso. Entonces yo, miré a mis amigos y tomé una decisión. A mi edad solo tengo que hacer lo que realmente quiero hacer. Si no quiero hacer algo, no tengo por qué hacerlo, ¿me entendéis, amigos? En fin, que decidí que no quería mojarme los pies, que prefería caminar por el Klöntalersee. Así que les dije a Hans y David : Mirad, ¿sabéis qué ? ¡Id vosotros dos! Yo me doy una vuelta por aquí y nos vemos dentro de una o dos horas -. David, me miró: No quieres venir, ¿verdad? -. - No, no, David. Ya me conoces. Prefiero irme a caminar. Vete tú con Hans -. David se me acercó [16], me cogió la cara con las dos manos y me dio un beso. Me miró, me sonrió y después empujó la canoa hacia el lago. - ¡Pues vamos, Hans! ¡arriba! [17] - Los ayudé a subir a la canoa, la empuje lo que pude y sonreí abiertamente : ¡Pasadlo bien! Me sentía tan feliz y, sobre todo, porque con David las cosas son fáciles. Ahí estaba él en el lago, tan contento con su amigo. Y yo, disfrutaba de la vista con los pies en el suelo. Estaba todo blanco, no había nadie, era un paraíso. Entonces empecé a sentir la energía del Klöntalersee bajo mis pies. Me recorrió un escalofrío [18] de arriba abajo. Sentí la grandiosidad de las montañas, su magestuosidad, esas montañas tan altas me protegían, me sentía inmortal [19]. Miré a mis amigos jugando en el lago como niños, rompiendo el hielo y riéndose. ¿Cabía [20] más felicidad? Ese día mis amigos rompieron el hielo del lago, después hicimos una fogata [21] en la nieve, hicimos unas salchichas y terminamos los tres durmiendo la siesta encima de las canoas. Ese día me sentí tan feliz; y es que, hay lugares mágicos, donde el tiempo se para, donde los minutos no pasan. Hay lugares donde te sientes inmortal y el Klöntalersee es uno de ellos.

***

Bueno, amigos, llegamos al final de esta emisión. Os espero el 26 de abril, aquí en podclub.ch o vía App, entonces os hablaré de la preparación de mi viaje a Colombia. ¡Tengo que pensar en muchas cosas ! Hasta entonces, mirad fotos en Instagram y practicad con el entrenador de vocabulario. Un abrazo y que os vaya muy bien.



Want to learn a language?


Learn from this text and thousands like it on LingQ.

  • A vast library of audio lessons, all with matching text
  • Revolutionary learning tools
  • A global, interactive learning community.

Language learning online @ LingQ

Hola amigos, bienvenidos a este nuevo podcast de “A mi aire”. Hoy, 12 de abril, os voy a hablar de mi última aventura en la nieve. Digo última, porque ya estamos en primavera y las próximas aventuras serán sobre otro tipo de excursiones. Pero antes de todo os voy a hablar del apagón eléctrico [1] que tuvimos el otro día aquí en Zúrich y mis paranoias [2].

***

Estábamos trabajando, cuando de repente se fueron las luces y los ordenadores dejaron de funcionar. - ¿Pero qué pasa ? - Nos miramos los unos a los otros. - ¿Me pasa solo a mí o vosotros tampoco podéis trabajar ? – pregunté a mi compañera. - No, no, yo tampoco puedo -.- Ni yo –, comentó Peter. Al minuto llegó Robert hablando en voz alta: ¿sabéis qué pasa? ¿se ha ido la electricidad en todo el edificio? - .- No sé, chico, aquí no puede trabajar nadie -, le contesté. Entonces, cogí mi móvil y empezé a buscar información en la red. No, no era un problema particular. Había un apagón eléctrico en todo el centro de Zúrich. Elke comentó: caos total en las calles, los tranvías no funcionan -. Uy, pensé yo, eso significa que la gente que está dentro del tranvía no puede salir. ¡Qué angustia [3]! ¿Te imaginas quedarte encerrado [4] dentro del tranvía y no poder salir? Entonces recordé una peliculita española muy antigua de media hora. La vi cuando era pequeña y, uy, ¡cuántas pesadillas [5] tuve! Se llamaba “la cabina” y era muy agobiante [6], puf, ¡ponía nerviosísimo! Resulta que el actor José Luis López Vázquez entra a una cabina de teléfonos para llamar. Antiguamente no había móviles, para llamar había cabinas con monedas. Bueno, pues cuando José Luis intenta salir, no puede. La puerta no se abre. Lo intenta de nuevo, pero nada. José Luis está dentro y no puede salir, la cabina es muy pequeña, muy estrecha, ¡enana [7]! El hombre golpea la puerta, pero nada, entonces llama a la gente que pasea por la calle; pero él está dentro y nadie le oye. Intenta abrir de nuevo; nada, nada, nada. El hombre se pone nervioso. Golpea la puerta con más fuerza, da una patada [8], intenta romper la puerta con el pie, el brazo, el codo. Pero nada. Él cada vez está más nervioso. La gente pasea, se ríe, habla y se para incluso al lado de la cabina, pero… nadie lo ve, la cabina parece invisible. Nosotros sentimos la desesperación de José Luis, su angustia, su miedo. El hombre empieza a sudar, se seca con el pañuelo, grita, mueve los brazos. Desde fuera no se oye nada. Pasa el tiempo, él se sienta en el suelo, se pone la cabeza entre las manos, está desesperado. Entonces llega una grúa [9]. Levanta la cabina con una máquina y se la lleva. José Luis López Vázquez da golpes a la puerta; la grúa se aleja. Dejamos de verla. Fin. ¡Puf, qué angustia, ¿eh?! Entonces, volví a mi realidad. Yo estaba en Zúrich y se acababa de ir la electricidad. Pensé en el ascensor. ¡Seguro que no funciona! ¿Y si hay alguien dentro del ascensor? ¿Y si hay alguien atrapado [10] entre el segundo y el tercero? Ayayay. Con esta idea en la cabeza, recogí mis cosas y me fui. Al llegar al ascensor, miré de un lado a otro, entonces grité: “¿Hay alguien dentro del ascensor? ¿Oiga?” Yo trabajo en el quinto piso y bajé piso a piso gritando lo mismo: “¿Hay alguien dentro? ¿Oiga?”. Gente de otras plantas me miraba raro, como si yo estuviera loca. Terminé sentada en la barra de un bar tomándome una cerveza e intenado olvidar mis paranoias.

***

Os tengo que hablar de un momento mágico, es que a David se le metió en la cabeza [11] subir al Klöntalersee a romper el hielo, pero amigos, David quería ir con las canoas y romper el hielo ¡con las canoas! Cuando me lo dijo, pensé que estaba loco, ¡vaya idea! Pero como vivo con él y me lo decía todos los días, pues me convenció [12]. El sábado íbamos con las canoas a romper el hielo del lago. Ese día nos levantamos muy temprano y me vestí realmente de invierno. David se reía de mí: ¡Que no vamos a esquiar, mujer! -. - No, pero nos vamos a meter en el agua… - Yo ya empezaba a arrepentirme [13] de ir con Hans y David…

Hans vive en Glarus y tiene nuestras canoas en su garaje. Así que fuimos para allá, pusimos las canoas encima de los coches y David, Hans y yo subimos al Klöntalersee. Hacía un día precioso y yo tenía un calor dentro del coche… A lo mejor David tenía razón y era una exagerada, me había abrigado [14] demasiado, ¡ya estaba sudando! Era la primera vez que iba con canoas a un lago helado y… me apetecía, pero no me apetecía, ¿me entendéis? Quería subirme a la canoa y jugar; pero, por otro lado, me daba frío. No quería mojarme los pies, ni caerme al agua, ¡qué frío! ¿Os imagináis? Ayayay. Pero… dejé de pensar en todo esto, cuando llegamos al lago. ¡Qué maravilla! ¡Qué bonito, amigos! El lago todavía estaba muy helado y había muy poca agua. - No podemos meter las dos canoas dentro del lago, hay muy poca agua, chicos -, comenté. Pero David y Hans no me hicieron caso [15] y bajaron las dos canoas del coche. Volví a hablar más alto: ¡que hay mucho hielo! ¡Que no podemos meter las dos canoas! - Nada, ni caso. Entonces yo, miré a mis amigos y tomé una decisión. A mi edad solo tengo que hacer lo que realmente quiero hacer. Si no quiero hacer algo, no tengo por qué hacerlo, ¿me entendéis, amigos? En fin, que decidí que no quería mojarme los pies, que prefería caminar por el Klöntalersee. Así que les dije a Hans y David : Mirad, ¿sabéis qué ? ¡Id vosotros dos! Yo me doy una vuelta por aquí y nos vemos dentro de una o dos horas -. David, me miró: No quieres venir, ¿verdad? -. - No, no, David. Ya me conoces. Prefiero irme a caminar. Vete tú con Hans -. David se me acercó [16], me cogió la cara con las dos manos y me dio un beso. Me miró, me sonrió y después empujó la canoa hacia el lago. - ¡Pues vamos, Hans! ¡arriba! [17] - Los ayudé a subir a la canoa, la empuje lo que pude y sonreí abiertamente : ¡Pasadlo bien! Me sentía tan feliz y, sobre todo, porque con David las cosas son fáciles. Ahí estaba él en el lago, tan contento con su amigo. Y yo, disfrutaba de la vista con los pies en el suelo. Estaba todo blanco, no había nadie, era un paraíso. Entonces empecé a sentir la energía del Klöntalersee bajo mis pies. Me recorrió un escalofrío [18] de arriba abajo. Sentí la grandiosidad de las montañas, su magestuosidad, esas montañas tan altas me protegían, me sentía inmortal [19]. Miré a mis amigos jugando en el lago como niños, rompiendo el hielo y riéndose. ¿Cabía [20] más felicidad? Ese día mis amigos rompieron el hielo del lago, después hicimos una fogata [21] en la nieve, hicimos unas salchichas y terminamos los tres durmiendo la siesta encima de las canoas. Ese día me sentí tan feliz; y es que, hay lugares mágicos, donde el tiempo se para, donde los minutos no pasan. Hay lugares donde te sientes inmortal y el Klöntalersee es uno de ellos.

***

Bueno, amigos, llegamos al final de esta emisión. Os espero el 26 de abril, aquí en podclub.ch o vía App, entonces os hablaré de la preparación de mi viaje a Colombia. ¡Tengo que pensar en muchas cosas ! Hasta entonces, mirad fotos en Instagram y practicad con el entrenador de vocabulario. Un abrazo y que os vaya muy bien.


×

We use cookies to help make LingQ better. By visiting the site, you agree to our cookie policy.