060 - La reina de corazones (capitulo 4/5)
La reina de corazones
NARRADORA
La doctora Roberta Jones había operado con éxito a John Brown.
El corazón de un chico rubio, fallecido en un accidente de moto, palpitaba ahora en el cuerpo de su paciente.
DOCTORA
Señor Brown… señor Brown… ¿Me puede oír?
DOCTORA
¿Cómo dice?
No le escucho…
JOHN
Puta… Negra puta…
NARRADORA
Roberta Jones se enderezó, reprimiendo el disgusto.
Estaba acostumbrada a las barbaridades que dicen los pacientes todavía bajo los efectos de la anestesia. No le haría caso. Pero él siguió hablando.
JOHN
Los tenemos que matar a todos… como mi amigo y yo matamos a Luther King… él y yo… A Luther King…
NARRADORA
La doctora quedó inmóvil.
Era ridículo tomar en serio esos delirios pero… pero a John Brown le habían inyectado pentotal, la "droga de la verdad". DOCTORA
¿Por qué habla de la muerte de Luther King?
JOHN
Mi amigo y yo vamos a matarlo... Esos negros son revoltosos, comunistas.
Quieren Estados Unidos para ellos.
NARRADORA
Martin Luther King.
La doctora Jones, con apenas quince años, estuvo presente aquel 4 de abril de 1968, cuando el líder de la resistencia pacífica contra el racismo encabezaba la marcha sobre Washington.
NARRADORA
Eran cientos de miles de personas, muchísimos negros y negras, pero también blancos.
Y por primera vez, fueron temidos y respetados.
DOCTORA
Yo estaba en Memphis ese día.
Y oí el disparo.
NARRADORA
La doctora Jones se dejó caer en la silla, anonadada.
No sabía qué pensar. No sabía qué hacer. Sólo sabía sentir. Y lo que sentía era odio, un odio visceral, un odio ciego de animal herido.
DOCTORA
El pastor me enseñó qué es la dignidad.
¿Y esta escoria blanca habrá participado en su asesinato?... ¿Será verdad? (A BROWN)… Señor Brown… ¿qué está diciendo usted? ¿Qué pasó con Luther King?
NARRADORA
Pero John Brown no respondía.
Ahora no estaba en la cama del hospital, sino en aquella azotea del hotel de Memphis, hace treinta años. Al otro lado de la calle, en la ventana de una pensión, está apostado su amigo James Earl.
JOHN
El hombre negro está demorando en aparecer.
Llevo horas esperando… ¿Y si no llega?
JOHN
Ahí está… Ya lo tengo en la mirilla… Primero disparará James.
Si él falla, tiro yo… Maldito negro, de ésta no te escapas… Vas a morir…
JOHN
¡Buena puntería, James!
DOCTORA
Señor Brown… ¿ustedes mataron a Luther King?
JOHN
James Earl.
Él disparó por mí y por todos los blancos de mi país.
DOCTORA
¿Y ahora qué?
¿Ahora qué hago?... Este hombre es un asesino, un monstruo, y yo le salvé la vida... ¡Dios mío!
NARRADORA
La doctora Roberta Jones se sujetó a la cama del enfermo.
Estaba furiosa, pero también tenía miedo. Miedo al John Brown de cuerpo roto, como si este deshecho de persona pudiera hacer daño de nuevo.
NARRADORA
Entonces se le ocurrió.
Una idea loca, escurridiza. Ella, la doctora Jones, era ahora dueña de la vida de John Brown. Ella se la había dado, ella podía quitársela.
DOCTORA
Un paro cardiaco…Es tan fácil… un paro cardiaco…