Días después, buscando registros antiguos de cosechas para comparar los datos de aquel año, Clara encontró en un armario olvidado una carpeta con documentos de empleados de hacía más de 20 años. Entre los papeles amarillentos, encontró una carta de despido dirigida a un tal Ricardo Salazar, fechada muy pocos meses antes de que su propio padre falleciera. La carta no explicaba ningún motivo concreto, solo decía que el despido era por decisión definitiva de la propiedad, sin posibilidad de apelación. Clara pensó: «Salazar es el mismo apellido que Diego».
Se quedó mirando la carta durante un largo rato, con una sensación incómoda creciendo dentro de ella, sin saber todavía si aquella coincidencia significaba algo importante o si simplemente era casualidad