Esa misma tarde, Ramón le contó lo ocurrido a su amiga Carmen, la florista del pueblo. Aunque ella no le creyó del todo. Carmen decidió ir a comprobarlo por sí misma y se miró en el espejo. Sin embargo, en lugar de ver su propia cara o la de la persona mayor, Carmen vio con sorpresa la cara del propio Ramón, sonriendo desde dentro del espejo