A la mañana siguiente, sin embargo, la sorpresa fue mucho mayor. Al abrir las ventanas, la familia entera descubrió que ya no estaban en su calle de siempre, sino frente a un bosque que ninguno de ellos reconocía. El padre, Tomás, salió a investigar los alrededores de la casa, pensando en alguna broma pesada de los vecinos, pero no encontró ninguna explicación normal. La madre, Sara, revisó los cimientos de la casa sin encontrar tampoco ninguna señal de que la hubieran movido con maquinaria.