Poco a poco, Alba se convirtió en la niña más divertida del colegio. Contaba historias, hacía bromas y ponía voces graciosas que hacían reír a toda la clase. Los profesores estaban sorprendidos con el cambio. Muchos compañeros que antes ni la miraban ahora querían sentarse a su lado en el comedor o jugar con ella durante el recreo.
Alba disfrutaba mucho de esa nueva atención, algo que nunca antes había sentido.