Al día siguiente, en clase de ciencia, la profesora preguntó sobre los animales del océano. Mateo levantó la mano rápidamente y contestó bien, algo que nunca hacía. La profesora se sorprendió mucho porque él nunca contestaba tan rápido. Mateo se quedó pensando durante todo el recreo.
Esa información no la había estudiado en ningún libro normal. La había aprendido comiendo una página de un libro. Volvió a casa corriendo con muchas ganas de comprobar si aquello podía volver a pasar.