Esa tarde, en casa, Mateo por fin decidió contarle a su madre parte de la verdad. Le explicó que había encontrado un libro extraño en la biblioteca. Al comer sus páginas, aprendía las cosas al instante. Su madre lo escuchó con los ojos muy abiertos, sin saber si creerlo del todo.
Sin embargo, al ver la cara de preocupación de su hijo, entendió que algo real estaba pasando, aunque sonara imposible.