La profesora Ana empezó a sospechar que algo raro estaba pasando. Un día, mientras Mateo contestaba una pregunta muy difícil sobre los planetas, ella notó que sus respuestas parecían sacadas directamente de un libro, palabra por palabra. Le preguntó de dónde sacaba tanta información. Mateo contestó que simplemente le gustaba mucho estudiar.
La profesora no quedó del todo convencida, pero decidió esperar antes de decir nada más.