Al día siguiente, Clara puso a Leo dentro de un bolsillo pequeño de su abrigo, con mucho cuidado. Los dos salieron hacia el jardín de la bruja, que estaba al otro lado del pueblo. Para Leo, cada planta del jardín parecía un árbol enorme. Las hormigas parecían animales grandes y peligrosos.
Clara caminaba despacio, con atención, para no hacerle daño a Leo. De repente, un gato negro apareció entre las plantas y empezó a acercarse. Tenía los ojos fijos en el pequeño bulto del bolsillo de Clara.