Poco a poco, Rosa contó su historia sin usar muchas palabras, solo con gestos y notas escritas. La voz apenas le salía después de tanto tiempo en silencio. Un hombre peligroso, relacionado con un negocio antiguo de su marido, la había amenazado para quitarle la casa y el dinero. Rosa fingió su propia muerte con ayuda de un médico amigo para protegerse y también para proteger a Sofía, la única familia que le quedaba.
Desde entonces, vivía escondida en la cueva, esperando el momento correcto para volver. No sabía todavía si podía confiar en alguien del pueblo.