Después vuelven a la librería, pero trabajar ya es imposible. Los dos lo saben. Antonio se queda allí, sentado cerca del mostrador. Observa a Lucía, habla con Lucía, sonríe a Lucía.
Por la tarde entra alguna persona, pero muy poca gente. Y cada vez que alguien entra, Antonio parece molesto. Lucía se ríe. ¿Qué pasa?
Antonio cruza los brazos. Que nos interrumpen. Antonio, estoy trabajando. Lo sé.
Y los clientes son importantes. Antonio suspira. Ahora mismo tú eres más importante. Lucía vuelve a sonrojarse.
Ya está acostumbrándose, pero no del todo.