La inmigración: una forma de construir la identidad argentina
[Guatemalteco]
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la República Argentina comenzó a organizarse institucionalmente y a poner en marcha políticas de gobierno tendientes a integrar su vasto territorio.
Los primeros presidentes institucionales argentinos entendían que para poder gobernar eficientemente un territorio tan grande, éste debía estar poblado en su totalidad. En ese momento, y a propósito de la distribución poblacional, las ciudades más importantes se concentraban en la zona costera y algunos pocos lugares del interior, dejando despoblada, y a merced de la frontera con el indio, la mayor parte de la extensa pampa. Estos gobiernos no desarrollaron una política de inclusión para los indígenas, ya que los consideraban hostiles, y en su lugar decidieron habitar las pampas con población europea que, esperaban, viniera capacitada técnicamente para trabajar la tierra. Ya en 1853, en la Constitución Nacional, se incluía un artículo que fomentaba la llegada de extranjeros a la Argentina.
El artículo 25 decía: "El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes". Pero fueron los presidentes Mitre, Sarmiento y Avellaneda (1862 a 1880) quienes pusieron manos a la obra y promovieron en firme la inmigración. La situación en Europa contribuyó a la llegada de inmigrantes: como consecuencia de la tecnificación del agro y la Segunda Revolución Industrial había exceso de mano de obra y las reiteradas guerras habían empobrecido a la población.
La República comenzó a atraer inmigrantes a los que se les ofrecían facilidades para su incorporación, pasajes subvencionados y se les daba por hecho un territorio con amplias posibilidades de progreso. Su llegada no se hizo esperar y fue continua durante la década del 70; para 1880, se acentuó de manera descomunal debido a la situación en Europa. Pese a que los inmigrantes llegaron como lo deseaba el gobierno, su distribución, sin embargo, tuvo una tendencia definida y contraria a la planeada, la corriente inmigratoria se fijó preferentemente en la zona del litoral y en las grandes ciudades dónde era más fácil encontrar trabajo. Solo pequeños grupos se trasladaron, como era esperado, al centro y al oeste del país. Si bien es cierto este fomento de la inmigración no solucionó los problemas de población de la Pampa, también es innegable que produjo un cambio total de la estructura social, étnica y económica de la nación que determinó lo que hoy es su identidad.