¿Qué tan verdes son las energías "verdes"?
Queda clarísimo que para evitar, o por lo menos mitigar, los efectos del cambio climático e
impedir el fin del mundo como lo conocemos, debemos cambiar la manera en la que producimos y
consumimos energía. Quemar combustibles fósiles es una de las principales fuentes de gases de efecto
invernadero, así que se han propuesto tecnologías llamadas “verdes” que aprovechan la luz del sol,
la fuerza del viento y del agua para producir electricidad. Pero estas fuentes
¿de verdad no contaminan? A ver, a ver… ¿Qué tan verdes son las energías “verdes”?
Lo primero que tenemos que hacer es distinguir entre “verde” y “renovable”. Energías renovables
son aquellas cuya fuente, como el viento, la luz solar o el movimiento del agua, no se va
agotar (por lo menos mientras dure el sol, que es la fuente de toda energía en la tierra), en
contraste con las no renovables, como el petróleo y el carbón, que capturaron energía solar cuando
eran seres vivos hace millones de años y ahora yacen bajo tierra en depósitos que inevitablemente
se agotarán algún día. Para aprovechar esas energías, los seres humanos debemos hacer uso de
tecnologías. Si esa tecnología es relativamente limpia y amigable con el medio ambiente, se le
pone el adjetivo de “verde”. Pero “verde” es un término relativo: toda la tecnología tiene algún
impacto, mayor o menor, en los ecosistemas. La cuestión es ver si las nuevas tienen un
mayor o menor impacto que las anteriores. En el documental Planeta de los Humanos,
de 2019, se señala que producir energía a partir de fuentes renovables, como el viento o el sol, es
incluso más contaminante que quemar combustóleo, porque los procesos de construir y reemplazar los
aparatos generadores es más dañino para el medio ambiente. Habrá que empezar por aclarar que muchas
de las escenas y datos mostrados en ese documental datan de los años 90, así que varios aspectos han
cambiado. Veamos las objeciones de una por una… ¿Las celdas solares dañan el medio ambiente?
Las celdas solares tradicionales usan silicio de alta pureza para convertir la luz del sol en
electricidad. El silicio se obtiene explotando minas de cuarzo y se funde a temperaturas
muy altas, lo que gasta mucha energía que normalmente se obtiene… de combustibles fósiles.
Para acabarla, este proceso genera un residuo: tetracloruro de silicio, que si reacciona con el
agua puede producir ácido clorhídrico. ¡Pésimo! Pero en la actualidad existen nuevas celdas
solares: como las de “película delgada” que usan telururo de cadmio que, aunque
es un mineral muy raro, se puede obtener del reciclaje, o de seleniuro de cobre,
indio y galio, y actualmente se experimenta con nuevos materiales llamados “perovskitas” que son
más baratos y eficientes. Estos contienen plomo, por lo que es imprescindible su
reciclaje para evitar que contaminen. Se dice que las celdas solares son
muy ineficientes: como convierten sólo el 8% de la luz en energía eléctrica,
se requieren hectáreas y hectáreas de ellas para alimentar a un pueblo pequeño. La verdad es que,
ahora, la eficiencia de las celdas ha aumentado hasta un 20%, y en el caso de las de perovskitas,
¡hasta un 30%! Además, no hace falta destinar terrenos especiales para cosechar la energía:
¡las celdas pueden estar en los techos y ventanas de las mismas casas y empresas!
¿Los generadores de energía se tienen que reemplazar con frecuencia?
Era cierto: en los años 90 las turbinas eólicas y las celdas solares eran útiles por menos de
una década, pero en la pero las que se producen actualmente duran entre 25 y 30 años. Lo más
probable es que sean cada vez más durables. ¿Las turbinas eólicas matan pájaros?
Desgraciadamente esto es cierto. También es cierto que los pájaros enfrentan otros riesgos
más grandes. Por ejemplo: se estima que, en Estados Unidos, cada año los gatos matan a
más de dos mil millones de pájaros al año, y que los cables eléctricos a unos 5 millones,
pero las turbinas eólicas todavía se despachan a otros 500 mil pájaros anualmente, contribuyendo,
aunque de manera menor, al descenso de las cantidades de aves. Se han propuesto algunas
soluciones, como colocar las turbinas en los lugares menos transitados por los plumíferos.
Pero las turbinas eólicas tienen otro problema… ¿Las turbinas eólicas alteran el clima?
Aunque esto suena a teoría de conspiración, desgraciadamente es cierto:
la instalación a gran escala de parques que aprovechan la energía del viento,
puede aumentar la temperatura del aire y modifica los patrones en los que circula, llegan a reducir
su velocidad y puede llegar a causar más problemas climáticos de los que soluciona y, efectivamente,
robar el viento a las comunidades cercanas. ¿Y si un día no hay viento o está nublado,
nos quedamos sin luz? Un problema de las energías renovables
es la intermitencia: no se puede asegurar un suministro contínuo. Y, la verdad, la energía
eléctrica no es tan fácil almacenar: las baterías más eficientes son las de litio, un mineral cuya
extracción es ecológicamente cuestionable y que tiene consecuencias sociales no siempre positivas.
Todo indica que la manera más racional de enfrentar el problema de la intermitencia es
recurriendo a un sistema mixto donde, cuando falte el suministro de una fuente se pueda recurrir a
otra, incluyendo las baterías y dependiendo cada vez menos de los combustibles fósiles.
¿Qué tan verde es la energía hidroeléctrica? Las grandes presas hidroeléctricas quizá sean
las menos verdes de las tecnologías verdes. Para empezar, construirlas es caro e implica inundar
grandes áreas, matando a las plantas y animales que ahí habitan, o por lo menos desplazándolos.
También afectan a las comunidades: no es raro que se sumerjan pueblos completos,
despojando a sus habitantes de sus hogares y de sus raíces y forzándolos a migrar. Y además tienen
un efecto que no se esperaba: los seres vivos en descomposición en los márgenes producen metano,
un gas de efecto invernadero que, como ya sabes, contribuye al cambio climático.
En conclusión: ante todos estos problemas ¿Deberíamos abandonar las energías renovables
y volver los confiables hidrocarburos? ¿Las tecnologías verdes son tan malas como los
combustibles fósiles? ¡por supuesto que no! Como dijo el científico medioambiental Dana Nucitelli:
“Sería como decir que, como las fresas contienen azúcar, son tan poco saludables como un pay de
queso”. Entonces ¿en dónde está la solución? La primera respuesta es que las tecnologías
seguirán mejorando, volviéndose más eficientes y menos contaminantes. Pero el aspecto tecnológico
no es todo: también es importante el tema de la escala, el tamaño de los proyectos.
Por ejemplo: los problemas que ocasiona construir una mega presa hidroeléctrica se mitigarían si,
en vez de eso, se construyen represas pequeñas distribuidas en diferentes corrientes de agua.
Esto también reduce las grandes distancias que deben recorrer los cableados para llegar
desde las fuentes hasta los consumidores y las afectaciones ecológicas que implica su
instalación, incluyendo pajaritos muertos. Lo de las turbinas asesinas de pájaros
también se puede reducir si, en vez de hacer grandes parques que sean como barreras contra
los pájaros y contra la libre circulación del viento, los molinos se distribuyen en puntos
menos problemáticos y más cercanos al punto de consumo. Lo mismo aplica para la energía solar.
El otro punto importante es que los proyectos deben hacerse adaptados a cada nicho ecológico,
respetando las peculiaridades de cada ecosistema y de sus habitantes. Es necesario que el desarrollo
esté basado en una manera diferente de vincularnos y entender con la naturaleza: no como alguien
que pretende dominarla y explotarla, sino a partir del respeto de las complejas relaciones
que tenemos los seres vivos y la tierra. Pero puede ser que las empresas "verdes" que
ofrecen tecnologías para aprovechar las energías renovables no estén muy interesadas en ofrecer
las soluciones más "verdes": sus incentivos son obtener los mayores beneficios con los
menores costos, y esto puede incluir concentrar la producción y cobrar por construir mega proyectos
espectaculares que acaban perjudicando a las comunidades y al medio ambiente.
Lo que se necesita es que la transición a energías renovables esté a cargo de organizaciones que
se guíen, no por la ambición, sino por la ética y la inteligencia, y que participen,
ya sea en el diseño, instalación y puesta en marcha de los proyectos, o en su vigilancia
y evaluación, para que las energías verdes sean lo más verdes posibles. ¡Curiosamente!
El tema de este video lo propusieron Ana y Alberto, quienes apoyan a nuestro canal.
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