Al explorar las ruinas de Robledal, Nico encontró entre las piedras caídas de lo que antes había sido una iglesia pequeña, una vieja campana de metal oxidado, exactamente igual a la que el abuelo había descrito con tanto cariño en su diario. Vera, por su parte, descubrió los restos de una casa con un nombre familiar tallado en la puerta de entrada. El apellido de la familia, mucho más antiguo de lo que ninguno de ellos había imaginado nunca. Sara, emocionada, se dio cuenta de que estaban literalmente parados sobre la historia olvidada de su propia familia.