En el colegio se organizó una pequeña función para las familias. Cada niño debía contar algo divertido delante de todos. Alba, muy nerviosa, decidió usar la risa de su abuela para causar una gran impresión. Sin embargo, cuando empezó a contar la historia de su abuela, las palabras le salieron torpes y sin gracia.
Aquella risa no era realmente suya y el público se quedó en silencio.