Una tarde, Alba encontró en el fondo de la caja vieja un tarro mucho más grande que los demás, cubierto de un polvo dorado especial. Sintió mucha curiosidad por saber de quién sería una risa tan grande y especial. Esa misma noche decidió que la próxima risa que atraparía sería la de su abuela. Ella era la persona que más la hacía reír de verdad en todo el mundo.