Con el paso de los días, Bruno se volvió todavía más callado, mucho más callado. Ya no contaba historias en el recreo. Algunos compañeros empezaron a preguntarle si le pasaba algo. Él contestaba que no sabía por qué, pero que últimamente no le apetecía hacer bromas ni reírse de nada.
Alba lo veía triste desde lejos, pero seguía pensando solo en su próxima risa por coleccionar.