En el colegio, Mateo empezó a sorprender a todos con respuestas rápidas y perfectas. La profesora Ana no entendía qué había cambiado en él. Le preguntó si había empezado a estudiar más. Mateo contestó que sí, aunque no era del todo verdad.
Sus compañeros lo miraban con admiración. Algunos incluso le pedían ayuda con los deberes. Por primera vez en su vida, Mateo sentía que era el más listo de la clase. Esa sensación le gustaba mucho.